Opinion
Crónicas de mis Recuerdos

Evolución de los teatros en la ciudad de Chihuahua

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/ Convento Jesuita de Nuestra Señora de Loreto (Fototeca-INAH-Chihuahua).
/ Teatro Centenario (Fototeca-INAH-Chihuahua).
/ El teatro un recinto sagrado para los amantes de la cultura y las artes (Foto-La Jornada)

Oscar A. Viramontes Olivas

viernes, 19 febrero 2021 | 05:00

Hablar de forma general de los teatros en la ciudad de Chihuahua sin entrar en profundiades, ya que en otra ocasión así lo haremos de cada uno de los que existieron en esta hermosa capital del Estado más grande de la República mexicana, pues como toda entidad, contar con edificios donde las expresiones culturales y artísticas son necesarias para ofrecer entretenimiento y diversión a distintos sectores de la población que necesitan estar en contacto con estas formas de expresión, por ello, podríamos recordar aquello que el maestro Zacarías Márquez menciona sobre la primera manifestación de este tipo en la Plaza de Armas en 1724, cuando nuestro terruño llevaba el nombre de la Villa de San Felipe el Real. 

Esta primera manifestación teatral tendría su fundamento en una fiesta organizada por un diputado del área de minería de nombre don José de Baraya en honor del rey Luis I, donde el buen don José haría que se representara una comedia en la plaza principal de la villa. Eran las primeras manifestaciones de la cultura que se reforzarían más adelante con la llegada de compañías teatrales que aunque no eran permanente, si eran bienvenidas por los pobladores que requerían formas de entretenimiento que les ayudara a salir de la terrible rutina en la que vivían. Una de esas empresas que llegarían por el “Camino Real” en la primavera de 1766, sería la representada por el talentoso don Pedro José Yáñez, pero para ello, tendría que solicitar los permisos correspondientes al ayuntamiento, pues como todo buen ciudadano debia mantener sus papeles en regla, por lo que acudiría a esta instancia para que de inmediato le extendieran los permisos correspondietes para operar los sabados y domingos. Lo más lamentable de esto, es que más que ganancias resultó que don Pedro obtuvo severas pérdidas debido a su rotundo fracaso.

Despúes de los primeros sucesos en el desarrollo de las actividades teatrales, las presentadas en el antiguo Convento de Nuestra Señora de Loreto, monasterio situado donde hoy están los terrenos de las fuentes danzarinas, la avanida Juárez y calle Libertad entre la 11ª y Vicente Guerrero, el edificio de la Casa Chihuahua y el Palacio de Gobierno. Este convento constriuído por la Compañía de Jesús en 1722 se empezaría a presentar diferentes manifestaciones teatrales y artísticas entre las que se encontraban las pastorelas en la época de Navidad y otras formas más de expresión cultural; de ahí para adelnte, se comenzaría el fomento de más actividades de este tipo como la regristada en las crónicas de finales del siglo XVIII con las empresas teatrales de don Diego Contreras en 1782 y la de don Luis Rico en 1828, donde sus activades nunca fueron realizadas en locales fijos, sino más bien estos buenos hombres tenían que montar carpas improvisadas para así poderle dar función a la población.   

La búsqueda para encontrar un lugar fijo para las actividades teatrales obligaría a las mismas autoridades, apoyar a las compañías para que estuvieran más comodas y así realizar sus presentaciones con más calidad, por lo que el antiguo convento que ya estaba abandonado después de que los jesuitas habían sido expulsados de la Nueva Vizcaya en 1767 por órdenes del rey Carlos III del dominio español, se lograría establecer en la antigua capilla de San Felipe una alternativa para que los artistas pudieran tener un espacio para sus presentaciones como le sucedió a la de don Nicolás Fernánadez el cual, tendría un éxito rotundo a diferfencia de alguno de sus antecesores con la obra “Hermanos a la Prueba”. Así mismo, este interés por establecer teatros fijos promovió para que don Mariano Sáenz, tomara la iniciativa de establecer su propio “teatro” frente a la antigua plaza de la Horca el 5 de mayo de 1862 hoy Plaza Merino al cual, bautizaría con el nombre de “Teatro Zaragoza” por ser ese día cuando se celebra la conmemoración de la “Batalla de Puebla”, estrenándose en este modeto recinto una obra de la compañía de don Román Camacho llamada “Los Franceses en México”, teniendo un importante éxito en la pauperrima ciudad de Chihuahua. 

La ciudad de Chihuahua cuando no tenía más de 10,000 o 12,000 habitantes antes de ser  devastado por tantas penalidades como la guerra contra los apaches, la invasión norteamericana de 1847, la intervención francesa y demás calamidades como las terribles epidemias que provocaron la disminución de la población a menos de la mitad cuando en esos años era capital de las provincias internas. Sin embargo ya superado en parte estas desgracias y la necesidades de contar con más lugares para la expresión de la cultura y el arte, originaron que Chihuahua lograra contar con un teatro más formal que sería ubicado a unos pasos de la Iglesia de Catedral donde hoy se encuentra el edificio de la Francia Marítima, llevando por nombre “Teatro Betancurt” en que sería inagurado en las fiestas del 15 de septiembre de 1877. Sin duda fue un verdadero acontecimiento para los amantes de las escenas teatrales. Don Miguel Betancurt su propeitario, estába muy satisfecho de poder invertir sus ahorros en ese prometedor negocio y darle diversión al publico chihuahuense.  

En la noche de la inauguración del Betancurt, se estrenaría la obra “Grito de Independencia”, una puesta de vanguardia que a muchos de los asistetes los habría dejado con los ojos “cuadrados”; ahí estaban algunas importantes personalidades del medio empresarial y político como lo fue el entonces gobernador de Chihuahua don Ángel Trías que la verdad, quedaría muy satisfecho e impresionado, felicitando calurosamente a don Miguel por el logro de su empresa. Despúes de esta importante obra, seguirían otras que le darían a este teatro el reconocimiento para todos sus artistas, así como a todos aquellos trabajadores como escenografos, tramoyistas, maquillistas, iluminadores, encargados del vestuaria y productores que en ese momento eran pocos y modestos.  

Las condiciones que se presentaban en muchas de las edificaciones a finales y principios del siglo XX y los materiales inflamables que se utilizaban en la decoración y escenografías de los teatros, causaría que una noche del 27 de mayo de 1904, unas bocanadas de humo empezaran a salir por una de las ventanas del Betancurt lo que al poco tiempo, se observarían lenguetas de fuego que acabarían irremediablemente con todo el interior del edificio, no logrando hacer nada los voluntarios que llevaban baldes con agua y el cuerpo de bomberos que en ese tiempo, carecía de equipo para enfrentar siniestros como el que se presentó en este teatro. Al término del incendio el mismo don Miguel sufriría un shock nervioso al ver su amado teatro convertido en cenizas.

Después de unos meses del lamenable hecho don Miguel, buscaría otro lugar para comenzar de nuevo con su ilusión de siempre, tener un teatro formal que brindara a los chihuahuenses espectaculos de calidad, fue entonces que establecería en la calle Ojinaga uno nuevo al cual bautizaría ya no con el nombre de Betancurt, sino como “Teatro Coronado” en 1910 en visperas del inicio del movimiento revolucionario del 20 de noviembre el cual, duraría poco porque la maldición de los incendios también acabaría con este nuevo proyecto y con la ilusión de un hombre enamorado del teatro, dejando esta tierra  en 1911. Sin emabargo la función no terminaría ahí, porque otro personaje aparecería en escena y este de nombre Eduardo Albafull, español que estaba enamorado de esta activdad y que haría del Centenario una alternativa formal de teatro para Chihuahua. El Centenario permanecería funcionando por cerca de  38 años difundiendo la cultura y el arte entre los chihuahuenses. 

Sin embargo la epidemia y la maldición que seguía a los teatros de la ciudad de Chihuahua, causaría de nueva cuenta que la historia se repitiera al incendiarse también este recinto de las artes, ya que el fuego se extendería a cada rincón de sus instalaciones quedando lamentablente puras cenizas. Despues de este terrible acontecimiento, el mismo edificio que había ocupado este último teatro, se convertiría en cine al cual bautizarían como “El Colonial”, siendo inagurado con pompa y platillo en la primavera del 1947 ante la presencia de cientos de personas tanto del pueblo, políticos y de la alta sociedad. Pero de nueva cuenta la maldición prevalecería en ese mismo lugar de la Ojinaga y 3ª, ya que los tentáculos del infortunio cumpliría su promesa al acabar con el Colonial, no con un incendio, sino con la crisis económica y las nuevas tecnologías del video que afectarían irremediable con este cine que también sería teatro, protagonista de muchos actos políticos del Partido Revolucionario Institucional. El Colonial cerraría definitivamente sus puertas en 1992 y ocho años después en el verano del 2000, el ayuntamiento de Chihuahua comparía el edificio para remodelarlo y acondicionarlo para crear el “Teatro de la Ciudad”, que hasta la fecha sigue brindando servicio a todos los amantes del espectáculo teatral.

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Fuentes:

Libro Ciudad de Chihuahua: Apuntes Históricos. Zacarías Márquez, 2010, GCC.  

Archivos Perdidos de las Crónicas Urbanas de Chihuahua.

Para consulta de otras crónicas, en la dirección: 

https://cse.google.com/cse?cx=005609530166656930428%3Acaf9nj5edyu&ie=UTF-8&q=cr%C3%B3nicas+de+mis+recuerdos

violioscar@gmail.com

Maestro-investigador-FCA-UACh