Opinion
Crónicas de mis Recuerdos

¡Extra!, Parral sufre terrible inundación (1944) / quinta parte

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/ Rostros desconcertados al ver todo destruido por la fuerza de la naturaleza (Colección: Julio César Molina López).
/ Un gran héroe, Jesús Valdez “El Cuadrado” en medio de dos jóvenes en una plaza de Parral (Colección: Julio César Molina López).
/ “Viernes ocho de septiembre, el pueblo feliz dormía sin presentir la tragedia que sobre él ya se cernía”: don Eulogio Salazar Jr. (Colección: Julio César Molina López).

Oscar A. Viramontes Olivas

viernes, 04 septiembre 2020 | 05:00

A casi 76 años de la inundación en Hidalgo del Parral, Chihuahua del 8 de septiembre de 1944, donde una situación pavorosa y de magnitudes catastróficas que sumieron a esa población del sur del estado en completa ruina y desolación; era como estar dentro de una escena de guerra. Era un escenario triste y desgarrador, sobre todo cuando se habían perdido muchas vidas humanas de hijos, madres, padres,  hermanos, amigos, sobrinos, abuelos; en cambio, los sobrevivientes los mirábamos de pie en algún rincón llorando a sus familiares. No sé, era estar en medio de un abismo en la nada y si a esto le agregamos la pérdida de todos los bienes materiales, la verdad era lamentable. Por ello en esta quinta parte presentamos más evidencia de lo sucedido en aquel 8 de septiembre de 1944.

La ayuda prestada se empezaba a triplicar y se ampliaba poderosamente sus efectos saludables y benéficos, pues no había quien dejara de reconocer que si no se ayudaba al comerciante, al hombre de negocios, al industrial y al propietario que habían quedado arruinados y ese apoyo sería para que de nueva cuenta levantaran sus negocios con el afán de que no se perdieran los cientos de empleos de muchos parralenses que quedaron en la desgracia. Sí la idea era reconstruir y restablecer lo que se había perdido, no por culpa de ellos, sino por el lamentable infortunio de la naturaleza. Temporalmente muchos quedarían sin el sustento diario por la falta de un lugar en condiciones de laborar, sobre todo el sector de las clases humildes que se verían impactadas por la falta de dinero proveniente de sus empleos, lo que traería como consecuencia una inevitable emigración de fuerzas vitales que acarrearía la ruina de población en población. Por lo mismo, para que los resultados del auxilio tuvieran mayor éxito y para que además fueran de beneficios en el momento, fecundos para el futuro y con el esfuerzo digno por parte de los chihuahuenses y de la nación entera, haría falta una iniciativa y distintos trabajos que se debían de emprender con una visión clara y perfecta de la realidad.

Conociendo los antecedentes de laboriosidad y actividad de los hijos de Parral; su espíritu emprendedor, tesonero y batallador, donde muchos habitantes con voz unánime mencionaban: “No creo que le será difícil al Gobierno federal o los bancos, poner a su disposición del gobierno local, un crédito respetable para que en el acto se procediera a distribuirlo equitativamente entre los hombres de negocios y propietarios arruinados, mediante condiciones que en lo posible aseguren el rembolso de la suma que alcanzará el crédito obtenido de modo que, pueda estar en condiciones de empezar a trabajar de nuevo, restableciendo el comercio, la industria y en la inmediata reedificación de la derruida ciudad, bajo un plan de seguridad y embellecimiento. Creemos que no será difícil para el Gobierno del estado de Chihuahua que con la ayuda de sus solventes hombres de empresa, lleven a término esta idea, celebrando arreglos con los propietarios, comerciantes e industriales y con los hombres de negocios que han quedado en la ruina bajo condiciones que al alcanzar ellos el beneficio, queden obligados a devolver a plazos fáciles con el necesario desahogo que les permitiese rehacer sus fortunas sin el peso abrumador de intereses y gravámenes insoportables, el servicio o préstamo recibido en numerario”.

También algunos apelaban a la “buena fe” de los norteamericanos o aquellos mexicanos residentes en aquel país, para que voltearan a ver a Parral y ayudaran a mitigar el sufrimiento de la tragedia, específicamente el alcalde quien manifestaba: “Los Estados Unidos del Norte, con el gran espíritu de su pueblo habrá de mirar a la tragedia de su vecino, tal como ha sucedido en otros eventos trágicos como el ocurrido con el incendio de proporciones colosales que devastó a Chicago y el terremoto que casi destruyó San Francisco, California. Así pudieron salvarse las riquezas públicas y privadas de esas dos grandes ciudades, a las que pronto se vieron resurgir de sus cenizas y escombros. No soy el capacitado para formar un proyecto detallado y concienzudo al respecto, me concreto a presentar la idea con el deseo de que los beneficios que produzca lo recaudado, alcance la amplia esfera y tengan resultados mayores y más trascendentes”. 

Don Eulogio Salazar Jr., parralense de corazón, dedicaba con todo cariño unas palabras a todos los habitantes como muestra de aliento y solidaridad, el cual decía: “Viernes ocho de septiembre, el pueblo feliz dormía sin presentir la tragedia que sobre él ya se cernía… Acercándose con furia al durmiente mineral, con potencia de gigantes el gran río Parral; a las dos de la mañana, la población arrasó y entre muerte y destrucción a la ciudad despertó… A su embravecido paso, cual juguetes arrastró, a las casas y a los puentes que por desgracia encontró; a muchas, pero a muchas personas, en sus aguas envolvió y a otras muchas, fieramente entre escombros sepultó… No le importaba la suerte de las gentes que dormían y así 14 inocentes criaturas morían y con saña indescriptible; por San Francisco pasó y a los mineros  a 200 atrapó en el túnel; al coraje de sus aguas enfrentó, un gladiador que rescató de entre ellas a más de un náufrago… Más tuvo la mala suerte, que un cable de alta tensión detuviera para siempre su impetuoso corazón… El gran río Parral por decreto de la vida, a su querida región, le abrió una profunda herida al terminar el empuje de su futura tonta y necia; la inundación semejó una trágica Venecia, si, donde buscó localmente a la mujer, el padre, el hijo, el encuentro de un pariente; ese fue el cuadro señores, que el destino deparó al mineral que por siempre con mil risas se alegró… A la historia de Parral, otra página ha agregado el destino que de nuevo caprichoso lo ha inundado; del capricho surgió un héroe (refiriéndose a El Cuadrado) hoy ya orgullo de su Estado y al igual que los otros con dolor será llorado. Así ocurrió la tragedia, la tragedia de Parral, cuyo río enloquecido arrasó su mineral.

Pasaban las horas y los momentos de angustia que se hacían cada vez más notorios en los rostros y corazones de los parralenses que sin duda, se fueron trasmitiendo a cada persona del enorme territorio del estado de Chihuahua. Por experiencia de este suelo bendito, de la región que fue bautizada como “La Capital del Mundo”; región norteña, que lleva en su alma experiencias de luchas continúas contra varios enemigos como el mismísimo clima y por supuesto, las otras fuerzas de la naturaleza que han cobrado sus facturas debido a la irracional aptitud del hombre por ser, un individuo despiadado y que a lo largo de los siglos, ha sido promotor de cruentas guerras que han sembrado muerte y desolación en el suelo de esta tierra bendita y minera llamada Hidalgo del Parral.

Mucha gente estaba desesperada porque la información que salía de la zona de la tragedia era a “cuenta gota” desde el día 9 de septiembre de 1944, momento después en que ocurrió la inundación. Se reflejaba en ellos la mirada con una ansiedad que estaba pintada en el rostro y todas las preguntas que se hacían no eran más que sobre el mismo tema: “¿Qué pasó en Parral?, ¿estarán bien mis hijos?; ¿Qué saben, qué hay?, ¿qué sabes de tu casa, de la mía? ¡Inútilmente nada!; la gente se retorcía las manos llenas de desesperación; recorrían todas las oficinas de telégrafo; solicitaban audiencias con algunos de los jefes de ellas. La verdad todo era incierto… Esta historia continuará

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Fuentes:

Archivo Histórico del Municipio de Chihuahua, Prof. Rubén Beltrán Acosta.

Periodista  Ricardo Sánchez.

Don José “Pepe” Hicks, ex cronista de la ciudad de Parral. 

Don Lázaro Gómez Frías.

Lorenzo Arellano Scheteling.

Don Eulogio Salazar Jr.

Fotos: Colección Julio Cesar Molina López.

violioscar@gmail.com

Maestro-investigador-FCA-UACh