Opinion
Crónicas de mis Recuerdos

¡Extra!, Parral sufre terrible inundación (1944) (Segunda Parte)

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/ El pánico se apoderó de toda la región por la fuerza descomunal del río Parral que arrasó con todo (Foto: Julio Cesar Molina López).
/ Panorama triste se registró el 8 de septiembre e 1944 (Foto: Julio Cesar Molina López).
/ Jesús Valdez “El Cuadrado” (Foto: Luis Alfredo Uranga López).

Oscar A. Viramontes Olivas

viernes, 24 julio 2020 | 05:00

Llegaban informes de las redacciones de diferentes medios de comunicación que en la comunidad de “El Rosario”, Durango, había dejado de existir, pues el río embravecido había saltado de su cauce esa terrible noche donde los “demonios” se habían desatado para reírse de la muerte y desolación a su paso. Las impetuosas aguas también habían inundado una enorme extensión hasta la ciudad de Jiménez y en menos de diez horas, el caudal del río Parral había subido dos metros; la Boquilla con su enorme Lago que se extiende muchos kilómetros, había captado muchos millones de metros cúbicos de agua rojiza, derramando el excedente por el vertedero sur que semejaba un caudaloso río que se desbordaba bramado con rugidos pavorosos, la catástrofe como digo, fue tremenda; había sido verdaderamente un milagro que aún subsistiera Parral después de este mortal golpe. 

Por la noche cerca de las 24:00 horas, el agua había empezado a llegar a todo nivel sobre el río Parral, comenzándose a salir de su cauce, invadiendo algunas calles e inundando varias casas de la 20 de Noviembre, la plaza Principal, el colegio Guadalupe Victoria, Independencia, Agustín Melgar y desde luego la Maclovio Herrera y Jesús García, todas formaban parte de una laguna cuyo nivel fácilmente era de un metro de alto. Sin embargo, en unas pocas horas ya la precipitación había alcanzado toda la región y los municipios colindantes a Parral con cerca de 150 mm de agua que había precipitado en tan solo 180 minutos. Se consideraba un récord histórico ese diluvio que no daba tregua, por lo que la ciudad de Parral empezaba a sufrir pero en serio por las fuertes inundaciones y destrozos,  pues   las corrientes de los arroyos principalmente “El Alamillo” y el río Parral, arrasaban con viviendas, carros y puentes con pérdidas millonarias importantes.

“Fueron unas "culebras" en lo alto de “Las Tinajas” o los presones que se rompieron,  desencadenando una creciente tal, que reventó dichos lugares ubicados a unos kilómetros de la mancha urbana.  Aunado a la intensa y permanente lluvia de dos días, sólo disminuía a breves intervalos para luego descargar copiosamente. Se había dado un aviso de lo que sería la catástrofe con un pequeño desbordamiento que fue el preámbulo de la tragedia. La creciente sorprendió a todos los habitantes de Las Fuentes, del Parque, Churubusco, Molino del Rey, Tecnológico y el viejo panteón de Dolores. El arroyo --hasta entonces desapercibido--, reclamó su cauce, el cual había sido reducido gradualmente por patios traseros de fincas y por edificaciones encima. Fue cuando se evidenció que la naturaleza tiene “memoria” terminaba comentando don Lázaro, un poblador de Parral que recuerda como si fuera ayer los hechos tristes y terribles de lo que le sucedió a su Parral querido.

En una entrevista del periodista  Ricardo Sánchez del Sol de Parral con el ex cronista de la ciudad don José “Pepe” Hicks, comentaba: "Lo más impactante que recuerdo es el sonido del río que corría sobre los puentes y el ruido tétrico del colapso de las construcciones. Creo que este fenómeno vino a marcar un antes y un después en el desarrollo de este nuestro querido Parral. Gente emigró o gente se quedó en la ruina después de esa fatídica noche cuando las aguas alcanzaron su punto álgido cerca de las 11:00 de la noche. En aquel entonces, tenía 11 años de edad y vivía en la calle Juárez. Desde días antes estaba lloviendo tanto que ya se presagiaba algo; evidentemente era una lluvia inusual que durante varios días el cielo parecía caerse hasta que llegaría el viernes. Recuerdo bien que veía cómo un grupo de scouts comandados por Jesús "El Cuadrado" Valdez, estaban midiendo el agua en el puente "General Sobarzo". Estaban viendo cómo incrementaba el nivel cada minuto. Eso me llamó la atención ya que por la noche la lluvia arreciaba, así como la preocupación de la gente. 

El ambiente era tenso. No había tranquilidad y finalmente llegarían las 11:00 de la noche y aquello comenzó a observarse caótico. En pocos minutos la corriente era demasiada; sobrepasaba los puentes, al menos en lo que alcancé a apreciar sobrepasaba “El Sobarzo”; luego me di cuenta que había arrasado algunos otros. Como el puente San Francisco que fue levantado varios metros. Esa madrugada ya del 8 de septiembre sería para mí la noche que marcó para siempre mi niñez y juventud. Por un lado, al mirar el agua sobrepasar las construcciones en las márgenes del río, inclusive sobrepasar los puentes y en eso también estaba mi casa, por lo que prevalecía la intranquilidad y sabíamos que algo pasaría, pero lo que más me marcó y lo que más recuerdo hasta la fecha, fue que de pronto empezamos a escuchar fierros retorcerse, madera quebrarse, muros caer. Todo conjugaba un sonido tétrico; era el sonido de las construcciones al caer con un estruendo que nunca voy a olvidar. Yo comulgo con la idea de que Parral tuvo un antes y un después con la inundación”.

Fue entonces que el 8 de septiembre de 1944, quedaría marcado para siempre para los habitantes de Hidalgo del Parral y todo el estado de Chihuahua, pues el famoso mineral cuyas abundantes vetas de oro y plata que lo habían puesto por siglos como un importante complejo minero a nivel mundial, sufriría el embate de un río que de principio fue estrangulado su cauce por el crecimiento urbano de la ciudad que al tener grandes volúmenes de agua, no pudo aguantar la camisa de fuerza que le habían dejado al río Parral para siempre. 

Cabe mencionar que la inundación del 44, no había sido ni la primera ni última, sino a finales del siglo XIX la población minera había sido objeto del mismo fenómeno. Los habitantes de Parral, atravesarían por una situación sumamente dolorosa y las familias estaban sumidas en tremenda consternación en virtud de los trágicos acontecimientos ocurridos durante la noche del ocho de los corrientes en que el río Parral dejó sin hogar a varios miles de familias y cubierto de luto a varios hogares. La verdad no había palabras para describir esta situación, pues es verdaderamente desolador el aspecto de la población minera tan azotada por las inundaciones, pues desde el año de 1832 ha sido víctima continua de los embates del río que atraviesa por la mitad de la ciudad, siempre con perjuicio más o menos serios, pero no como el ocurrido en 1944.

Antes de este espeluznaste acontecimiento, la ciudad se hallaba alegre y confiada, festejando a los señores rotarios que celebraban en aquel tiempo su convención y sus habitantes estaban muy lejos de darse cuenta del peligro que les amenazaba. Como a las trece horas se había recibido un aviso de un aserradero denominado “Campo Nuevo” situado en la serranía del estado de Durango, casi desde donde nace el río Parral, informando que en la sierra se había desatado una tormenta y que el río estaba creciendo en forma tempestuosa, por lo que los habitantes de Parral, deberían prevenirse contra la invasión de las aguas. Más tarde, en forma más firme, se les había avisado a los habitantes, que el río llevaba gran caudal de agua y que seguía recogiendo los afluentes que como a las nueve de la noche, iba a llegar a Parral. Nadie hizo caso de las advertencias, pues los vecinos en las riberas del río no desalojaron sus viviendas. Por su parte en el Centro Recreativo que estaba en el margen derecha del río, se ofrecía una fiesta a los rotarios y en fin, la población seguía confiada, no obstante las primeras avenidas se estaban anunciando y de qué forma, espectaculares… Esta historia continuará.

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Fuentes:

Archivo Histórico del Municipio de Chihuahua, Prof. Rubén Beltrán Acosta.

Periodista  Ricardo Sánchez del Sol de Parral.

El Heraldo de Chihuahua, 1944.

Don José “Pepe” Hicks, ex cronista de la ciudad de Parral. 

Don Lázaro Gómez Frías.

Fotos de Julio César Molina López y Luis Alfredo Uranga López.

violioscar@gmail.com

Maestro-investigador-FCA-UACh