Opinion
Crónicas de mis Recuerdos

¡Extra!, Parral sufre terrible inundación (1944) (Tercera Parte)

.

/ El temporal dejó muerte y destrucción en la población hermana de Hidalgo del Parral el 8 de septiembre de 1944 (Foto: Julio Cesar Molina López).
/ Escenas de horror era el común denominador en los cuatro puntos cardinales del antiguo mineral (Foto: Julio Cesar Molina López).
/ Vista panorámica de la destrucción (Foto: Julio Cesar Molina López).

Oscar A. Viramontes Olivas

viernes, 31 julio 2020 | 05:00

En esta tercera entrega seguimos con la dramática situación que vivieron nuestros hermanos parralenses y otras comunidades del sur del estado de Chihuahua en septiembre de 1944 y ante la advertencia de la catástrofe, muchos no harían caso de las advertencias de lo que estaba pasando en la parte alta, pues los vecinos en las riberas del río no desalojarían sus viviendas, un ejemplo de ello fue que en un centro recreativo que estaba en el margen derecha del río Parral, se ofrecía una fiesta a los rotarios aunado a que gran parte de la población seguía confiada de que no iba llegar a mayores, no obstante, las primeras avenidas ya se estaban anunciando y no era cualquier corriente de agua. Hasta ese momento, fue cuando los vecinos empezaron a sentir la alarma, en cambio las autoridades junto a la cooperación de algunas personas, estaban obligando a que desalojaran sus casas pues ya a las 21:30 horas, el caudal era un verdadero “tsunami.

Horas antes lo que era una corriente de agua sin mayores riesgos, se convertiría en un caudal embravecido que se estaba tornando en un verdadero mar agitado, torrente enfurecido, brincando el cauce y arrollando todo lo que se encontraba a su paso, avanzando de tal manera, como lanzando un reto a la obra humana contra los desencadenados elementos de la naturaleza. 

Parral estaba mortalmente herida, sumida en la más negra tristeza y desesperanza de sus habitantes, que fueron golpeados por las aguas embravecidas del río que en la madrugada se lanzaba incontenible golpeando todos los flancos del poblado; era tal la fuerza que derribaba cualquier obstáculo, que no importaba su peso o dimensión; era una loca carrera de las aguas turbias y frías que se abatían con las débiles viviendas de adobes de cientos de personas y que caían una a una como frágiles hojas de papel. 

La redacción de uno de los medios de comunicación en el Estado, inmediatamente mandaría al reportero Gilberto E. Tapia para cubrir los terribles acontecimientos en aquella ciudad minera. Se trasladaría inmediatamente al aeropuerto de Chihuahua que se encontraba enfrente de lo que ahora es la Ciudad Deportiva o frente del Campus I de la Universidad Autónoma de Chihuahua, abordando rápido una avioneta que lo llevaría a cubrir el desastre. Eran momentos de ansiedad y desesperación por llegar a su destino; el viaje duraría poco y desde el aire antes de que aterrizara el avión en el aeródromo local. Tapia sorprendido miraba por la ventanilla el desastre, comentando con el piloto: “Sin duda es uno de los más grandes catástrofes que se han abatido sobre esta región, pues yo la conozco como la palma de mis manos; se parece a ciertos desastres ocurridos en algunas ciudades europeas que están siendo devastadas por los bombardeos y metrallas de los nazis y por los aliados, sin duda, es un verdadero desastre y una lamentable tragedia”-terminaba Tapia-.

Cuando la nave aterrizó en la pista, Tapia se dirigió al terreno de “los lamentos”, abriéndose paso entre el agua que le llegaba más arriba de la rodillas: “He recorrido las bloqueadas calles de la ciudad de Parral y en ellas, he visto casas destruidas, puentes destrozados y la tragedia retratada en los rostros de los habitantes que muchos de ellos parecían “zombis”, los que deambulaban de un lugar a otro por los caminos fangosos, producto de las feroces aguas del río. Los pocos hogares que quedaron en pie, tenían en sus puertas y ventanas los moños negros de luto, porque los habitantes del mineral en su desesperación,  habían perdido para siempre algún familiar o lo habían extraviado o encontrado gravemente heridos de entre los escombros de casas en ruinas y hechas montones de lodo”-terminaba su comentario el reportero Tapia- Por otra parte, las escalofriantes noticias seguían fluyendo y los primeros reportes de víctimas se daban a la opinión pública por parte de la autoridad: “Cálculos oficiales que se teme por la desgracia de Parral ascienden en primera instancia a 43 personas muertas y esto, puede elevarse a partir de las labores de rescate y remoción de escombros que se están llevando a cabo en estos momentos. También se registran centenares de heridos y un sin número de casos, cuyo paradero se ignora pues no se sabe si la impetuosa corriente los arrastró hacia la muerte; el saldo, mil casas que yacen destruidas y sus moradores sin albergue, deambulan a la intemperie sufriendo las inclemencias del tiempo”. Así terminaba uno de los primeros reportes dados a los medios de comunicación por parte de la autoridad gubernamental.

A la zona de desastre, llegarían veintidós brigadas de auxilio que trabajarían intensamente buscando alojamiento para los que se habían quedado sin casa, proporcionando medicinas y alimentos. Se había informado también, que un batallón de zapadores llegaría a la zona del desastre a fin de iniciar las obras de desescombrar la ciudad. El local de la presidencia y el Hospital de Jesús, se encontraban llenos de heridos y en su interior se escuchaban quejidos y lamentos de enfermos y lesionados, que junto a sus familiares, el dolor rasgaban el aire frente a un espectáculo superior a nuestras fuerzas, imposible de describir. Otra noticia que había llegado a las redacciones de los periódicos, era que catorce inocentes criaturitas que habían sido alojadas del Colegio Josefino, habían muerto aplastadas por las paredes de los techos del edificio. El caso de inmediato consternó a todo el mundo y se aseguraba que nunca se había presentado cosa parecida en el estado de Chihuahua y menos en Parral. Sí, era una catástrofe mayor pues sorprendió a las pequeñitas que ya estaban durmiendo, pero que gracias a las autoridades y vecinos que les dieron la voz de alarma, algunas lograron salvarse pero otras no.

Un personaje muy conocido en la ciudad era el ingeniero Jesús Nieto que lamentablemente había sido arrastrado por la corriente impetuosa junto con dos de sus hijas; sus cuerpos fueron vistos por última vez, cuando hacían desesperados esfuerzos por sujetarse a unas vigas buscando la salvación. La residencia de don Adolfo Chávez, uno de los más connotados vecinos de la ciudad y ex presidente municipal, fue arrastrada pereciendo ocho personas entre ellas su señora madre política… Esta historia continuará.

¡Extra!, Parral sufre terrible inundación (1944), forma parte de los archivos perdidos de las  Crónicas de mis Recuerdos. Si usted desea adquirir la colección de Archivos Perdidos de las Crónicas Urbanas de Chihuahua: tomos I, II, III, IV, V, VI, VII, VIII y IX, llame al cel. 614 148 85 03 y con gusto lo orientamos o bien, adquiéralos en Librería Kosmos (Josué Neri Santos No. 111); La Luz del Día (Blas Cano De Los Ríos 401, San Felipe) y Bodega de Libros.

Fuentes:

El Heraldo de Chihuahua, 1944.

Archivo Histórico del Municipio de Chihuahua, Prof. Rubén Beltrán Acosta.

Periodista   Ricardo Sánchez del Sol de Parral.

Don José “Pepe” Hicks, ex cronista de la ciudad de Parral. 

Don Lázaro Gómez Frías.

Fotos de Julio César Molina López.

violioscar@gmail.com

Maestro-investigador-FCA-UACh