Opinion

Fallas del juicio político

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Francisco Flores Legarda

domingo, 11 septiembre 2022 | 05:00

- Alejandro, ¿cómo defines a la política?

- POLÍTICA: Guerra entre ambiciosos que quieren entrar 

y ambiciosos que no quieren salir.

Jodorowsky

Hace un par de días el ex magistrado y diversos abogados, presentaron denuncias de juicio político en contra de Javier Corral, acusándolo de múltiples acciones y graves omisiones durante su gobierno, afectando a los ciudadanos con su intromisión en los poderes Legislativo y Judicial. 

Los gobernantes de los tres niveles, contentos y felices juzgarían a nuestro ex gobernador, pues resulta que no. Fallas en la legislación en materia de juicio político, falta de voluntad política, desecharon las demandas. En la comisión fueron retiradas por notoriamente improcedentes. Resulta que nuestros  diputados, ni siquiera se tomaron la molestia de revisar a fondo este asunto,  por si fuera poco Omar Bazán se desaparece, en fin priista y otro diputado manifestó que tiene conflicto de intereses, sin fundar ni motivar, sin mas la Comisión de Justicia, dijo NO.

Me pregunto, ¿Dónde están sus asesores jurídicos?, para que les hubieran dado un poco de luz a lo diputados, seguramente cobrando sus jugosos sueldos, tomando un cafecito. No se vale mejor que legisle el Poder Judicial, órgano de control constitucional, aunque no le parezca a López Obrador, cuando menos este poder con todos sus defectos cuenta con juzgadores con formación jurisdiccional, no todos.

Después de tres intentos de iniciar juicios políticos a Javier Corral, nuestros legisladores, solo afirman que no se puede, sin argumentos, fundados y motivados. Eso si las comisiones firman los proyectos de ley o de decretos sin saber de qué se tratan, luego los diputados en el pleno aprueban, quienes tampoco se toman la molestia de analizarlos, discutirlos en lo general o particular, e insisto dónde están los asesores y las diversas secretarías que tienen la obligación de estar pendientes de los procesos legislativos. 

Que lastima señores diputados, se les fue viva la paloma, y también el coyote. Nuestro exgobernador feliz, disfrutando la falta de voluntad política, ¿Habrá contubernio en grupos de poder? Parece que no existen hombres de Estado.

En este trabajo se analiza una específica institución del constitucionalismo: el juicio político. Analizarla implica referirse a la relación entre ética y política. La vinculación entre ambas no puede perderse de vista desde que los ciudadanos pueden hacer sobre sus gobernantes juicios políticos, morales o jurídicos. Ahora bien, se propone que sólo los primeros pueden tener consecuencias institucionales. En particular, dado que una característica sobresaliente del juicio político son sus consecuencias segregatorias. Asimismo, se pone énfasis en que para efectuar esos juicios políticos deberían tenerse en cuenta como criterios de corrección las virtudes cívicas republicanas. Esto tiene importantes consecuencias al momento de analizar la forma de efectivizar la responsabilidad política en un sistema presidencial. En especial, impone a los legisladores, encargados de llevar a cabo el juicio político, la responsabilidad de efectivizar medidas de salud pública ante violaciones de la Constitución por el presidente.

Los poderos de la Unión deben tener responsabilidad política, ética, política, virtud cívica, republicanismo, régimen político, presidencialismo.

Nuestra hipótesis de trabajo es, entonces, que la característica fundamental de las revoluciones políticas, más que una violencia a la cual se recurre ante la imposibilidad de imponer retórica y persuasivamente los nuevos conceptos a través de los cuales se pretende interpretar ahora la realidad o modificar la relación que se tiene con ella, está constituida por el cambio conceptual y de lenguaje que tiene lugar en esos momentos, ya que estamos convencidos, como lo está Umberto Eco, que "la producción de signos desencadena fuerzas sociales y más aún, representa una fuerza social en sí misma". 

Que las revoluciones políticas se producen cuando un grupo social trata, a través de los diferentes recursos sígnicos, de hacer universal sus particulares creencias y valores. Que así como en las ciencias positivas nuestra visión está mediada por conceptos provenientes de las teorías, en el aspecto social nuestra visión estará mediada por conceptos que provienen de nuestras creencias ideológicas. Y que nuestros hechos sociales no dejan de ser tales porque estén mediados por valores, ya que también lo están los que hacen referencia a los objetos.

Así, y volviendo a esa suerte de dos realidades con las que convivimos últimamente en algunos de nuestros países y que podríamos considerar como "nuestra actual y particular esquizofrenia", podemos decir que esa proliferación de juicios que se refieren a esas dos supuestas realidades pueden ser considerados "verdaderos" o "falsos" por el auditorio y la sociedad en general, pero para ello no sólo ésta deberá juzgar lo que ellos tienen de racionales (para ser aceptados por todo ente provisto de razón) sino también, y debido a la misma carga valorativa que incluyen, lo que tengan de razonables, esto es, de apropiados, de sensatos, convenientes, etc., al ajustarse o no a las nuevas realidades que se han ido configurando por la interacción (roce) y comunicación que se da entre los diferentes grupos e intereses, lo que estaría apuntando definitivamente a la antigua phrónesis de los griegos. 

Es decir, parafraseando a Habermas podríamos afirmar, entonces, que la verdad de una proposición significa la promesa de alcanzar no sólo un consenso racional sino también razonable sobre lo dicho. Creemos que ésta es la única forma de que todos nos volvamos a reconciliar por fin con los hechos -muchos de los cuales parecen evadírsenos al día de hoy- y terminar calificándolos como ciertos o no.

Maquiavelo, pocos días antes de su muerte, habría tenido un sueño aleccionador y revelador. Según éste, el propio florentino estaba parado a la vera de un camino. Allí pudo divisar un cuadro interesante que atrapó su atención sin miramientos. Percibió, en el centro del sendero, la presencia de personas vestidas en harapos que gemían de dolor. Roñosos, andrajosos y harapientos ellos lucían. Sólo espanto y horror podían generar. Inquietado por su apariencia y su situación, no se habría podido contener; la curiosidad se hizo presa de él y los interrogó. Se acercó a ellos y les preguntó hacia dónde se dirigían. Cuál era el destino al que sus pasos los llevaban. La respuesta no se hizo esperar. Y, al menos, una paradoja latía en su seno; se le hizo saber que su trayecto culminaría en el cielo. El paraíso esperaría por ellos; allí, su lugar encontrarían. Ese que los sueños de los píos ansían.

Propio y de fuentes del Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM.

Salud y larga vida

Profesor por Oposición de la Facultad de Derecho de la UACH

@profesor_F