Opinion

Familias, muchas familias

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Gabriela Borunda

domingo, 18 abril 2021 | 05:00

Parece que no hemos entendido que la suma de nuestras decisiones personales, se convierten en actos colectivos que nos determinan como país.

Un dato constante en las autoproclamadas feministas, constante no absoluto, es un ejercicio precoz de la maternidad y un abandono esporádico de sus hijos, para estudiar y trabajar, ser ellas mismas. Me recuerdan a mis vecinas que se vuelven locas, aunque pertenecen al 70% de mexicanas que no labora fuera del hogar, y me preguntan dónde conseguí el disfraz de primavera para los niños. No hay cosa tan fácil como esa, bajas un tutorial en tu teléfono, que no sólo es para hablar mal de tu cuñada, sacas del armario el vestido que ya no te gusta, agarras el velo de novia, que para algo tendrá servir y le pones las alas. No trabajan fuera de casa y no están escribiendo una sinfonía revolucionaria. No definitivamente hacer familia es algo que no sabemos. Para hacer una cosa amputamos otra.

Hacemos familia imitando el desastroso modelo de familia de los baby boomer. El modelo era muy simple, las familias tenían diez hijos, el padre trabajaba, la madre preparaba la comida escasa y contada, el hermano mayor se chingaba porque le tocaba cuidar a todos los demás, a cambio de eso era el único que estrenaba, y el chiquillo se aguantaba con todo usado previamente nueve veces. El padre decía quien estudiaba y en qué, y quien trabaja y en qué. Si te iba bien te recomendaban para un trabajo en el gobierno y esa sería tu vida. 

Con mucha frecuencia la única manera de salir del seno familiar, puesto que no había préstamos bancarios accesibles ni programas de vivienda, era muerto, las familias absorbían a los recién casados y les daban un cuarto donde transcurriría toda su existencia hasta la muerte, sólo muerto salías del seno familiar. Esta familia no estaba preocupada por la felicidad o la identidad de sus integrantes, estas decisiones individuales dieron por resultado una sociedad que veía la democracia como una tontería accesoria e inaccesible.

Mi familia no era extendida, era extendidota, con una matriarca de horca y cuchillo; no se permitía llegar después de la diez de la noche o trabajar más allá de un radio de tres colonias a la redonda. “No eso de votar son puras mentiras” ¿De verdad no entiende como las relaciones familiares nos convirtieron en lo que somos?

Hace un par de años se dio un caso en Chile, por algo despenalizaron el aborto, una familia se vio en problemas, el abuelo violó a la nieta de once años, quien quedó embarazada. Los padres siguiendo un protocolo perfectamente legal, internaron a su niña en un hospital para que se le practicara el aborto al que tenía derecho. El médico que era provida secuestró a la niña violada, la escondió por semanas en el hospital hasta llevar a término el embarazo, y pasó lo que tenía que pasar producto de la violación, murió. Por algo no se recomienda el embarazo en menores de edad y en mujeres de más de 32 años, el riesgo para el bebé se ve potenciado. 

Ahora imagine a la niña, violada, secuestrada, apartada de sus padres en un momento terrible por un médico que se cree Dios ¿Y el abuelo? Muy bien gracias viendo televisión. Nuestras familias hacen agua por todos lados.

¿Porqué las familias no detectan elementos agresivos dentro de la familia?, bueno porque consideramos que el miembro de más edad tiene derecho a agredir al resto de la familia con aquello de “te maltrato yo para que no te maltrate el mundo”, así la agresión se asimila como formación, dejando huellas brutales que se multiplican y dificultan un proyecto de sociedad democrática e incluyente.

Un primero de mayo, con aquellos desfiles infinitos e imposibles, me quedé atrapada en un lado de la acera y no pudiendo hacer nada me metí a un local de cortes de cabello, ya urgía, había un hombre en pantalón de mezclilla, blusa de organza rosa y uno zapatos de tacón dignos de una geisha, unos niños jugaban en una mesita y sillas adecuadas a su edad. 

Empezó a cortarme el pelo, y como toda madre estaba con un ojo al gato y otro al garabato, los niños empezaron a arrebatarse los colores, la madre gritó: Se asilencian o ya verán cuando venga su papá. No es una familia a la que estemos acostumbrados, pero tienen una poderosa figura materna y otra paterna, que les dan el buen ejemplo del trabajo y procuran un espacio adecuado para ello, es mucho más de lo que muchos niños tienen.

Pensar que sabemos crear familias por el hecho de haber nacido, es creer que todos seremos científicos porque en la primaria buenamente nos enseñaron a sumar, ni al caso. Cuando vi por primera vez a mi hija, me agarró una envidia de telenovela, era bellísima, mucho más bella que yo, y cuando entendí mis sentimientos me dispuse a aprender todo lo que esa nena pudiera enseñarme y a crecer juntas. 

No nos educan para la maternidad, ni para la construcción de un colectivo como la familia y cada integrante de la familia suele ver a los otros como invasores a su individualidad a penas construida.

El desarrollo de familia, célula básica de la sociedad, ha sido abandonado por los gobiernos en manos de primeras damas que hacen caridad desde el DIF, por primera vez se le da a la familia el estatus que merece, proponiendo la creación de una Secretaría de la Familia. Hay familias homoparentales, monoparentales, extendidas, reformadas, reconstruidas, en calidad de migrantes, etc. 

Reconocer esta diversidad y educar a las familias, darle acceso al bienestar, al trabajo, movilidad urbana, a espacios de desarrollo es urgente para reconstruir el tejido social. Por primera vez una candidata, Maru Campos, aborda el tema, y es que las familias no importan porque los niños no tienen credencial de elector así que son un desperdicio político, las escuelas y guarderías están ahí para ayudar a los padres que, sí son votantes, y no para los niños. Por fin alguien pensó en las familias.