Opinion
Crónicas de mis Recuerdos

Fermont: Primer “Rascacielos” de la Modernidad Chihuahuense (1963) (Segunda parte)

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/ En esta imagen se aprecia los momentos de construcción del primer “rascacielos” de la ciudad de Chihuahua (Foto- APCUCh).
/ Trabajadores en plena acción colocando algunos plafones del frente del Fermont (Foto- APCUCh).
/ Momentos en que Monseñor José de la Paz García, bendice la primer piedra del que será el nuevo edificio, el más grande de la ciudad de Chihuahua (Foto- APCUCh).

Oscar A. Viramontes Olivas

domingo, 18 julio 2021 | 05:00

Continuando con la segunda parte de esta interesante crónica, sobre la construcción del primer  “rascacielos” en la ciudad de Chihuahua y en base al antecedente anterior del que sería el nuevo edificio del Banco Provincial del Norte, una de las principales personas que siempre habían estado impulsando este magnífico proyecto sería el señor Juan Fernández Montreal, cuyo historial era de venir de una larga carrera como banquero y al instalarse en la ciudad de Chihuahua proveniente del Distrito Federal, vendría a ocupar la silla como director del Banco de Londres y México. El proyecto sería muy ambicioso desde el principio y los directivos de la empresa impulsora del banco, llamarían al despacho de arquitectos de México cuyas riendas de este despacho estaban con la responsabilidad de Mario Pani, sin embargo, el desarrollo de la obra estaría licitada y ganada por el despacho de Lafón-Aguilar y Ruiz de la ciudad de Chihuahua.

Otro elemento importante dentro del proyecto sería la parte del diseño, por lo que se buscó a varios candidatos para que se encargaran del esquema del edificio, por lo que en una minuciosa revisión de varios profesionistas se decidió en la persona del arquitecto Enrique Molinar Prieto, cuya origen era chihuahuense y que había estado fuera de su estado natal para radicar en el Distrito Federal. Ahí Molinar Prieto recibiría la llamada de aprobación para que se encargara del diseño y anteproyecto que estaría vigilado minuciosamente por el arquitecto Mario Pani. Sin duda el diseño que se fue gestando sería muy avanzado para su tiempo ya que cada uno de los elementos de la estructura, contaba con una visión futurista muy diferente a lo que se había construido en Chihuahua en los últimos 200 años. 

Este nuevo y flamante edificio sería el más alto de la ciudad, contando ni más ni menos con 18 niveles y compuesto por una estructura de acero muy bien organizada desde la parte inferior hasta la superior. Además, otra de las empresas que estarían incluidas en este ambicioso proyecto, sería: Cementos de Chihuahua, industria que había empezado con el pie derecho y de manera firme en el desarrollo del Estado ya que desde 1942 a 1947, iniciaría sus labores de manera más formal. En este sentido, todos los materiales relacionados y producidos por cementos serían incluidos en la enorme estructura del que sería el Provincial del Norte.  El inicio de los trabajos para éste que sería el edificio más alto de la ciudad de Chihuahua, comenzaría con la bendición de la primer piedra y el roció del agua bendita a cargo de Monseñor José de la Paz García, que alegre y con una sonrisa en medio de decenas de testigos que se dieron cita a la colocación y bendición de la primer piedra de lo que sería en el futuro inmediato el Banco Provincial del Norte y el Hotel Fermont. 

Monseñor recordó a los asistentes que las obras que se darían en breve tenían una esencia en la grandeza de Cristo, ya que las manos que iban estar colocando ladrillo tras ladrillo, estructuras tras estructuras, se las encomendaba al Señor para que no existieran hechos lamentables y que el edificio finalmente fuera una bendición para la comunidad chihuahuense. La construcción del edificio se iniciaría en el frio mes de diciembre de 1961 y el contratista sería el señor Rodolfo López Rivera entre otros. Sin duda después de la bendición de la primera piedra por parte de Monseñor José de la Paz García, trascurrirían algunas semanas y aparecería en la escena un niño de nombre Carlos Rodríguez Santillán, que se dedicaba desde los años cincuenta y principios de los sesentas a vender el periódico y testigo de los acontecimientos del Chihuahua de aquella época hasta la fecha, tuvo el honor de invitarme a su casa para contarme algunas situaciones que experimentó en su época de infante cuando era voceador y como testigo fiel del incendio de Paris México que se originó entre los años del 55 o 56, tienda que se ubicaba en el terreno donde un día se levantaría un “rascacielos” para esta ciudad. Carlitos como le decían sus amigos voceadores, era un niño entusiasta que estudiaba en la escuela primaria Miguel Hidalgo de la Doblado y 29ª; al salir de sus deberes escolares, se dirigía a paso veloz a las instalaciones del periódico para comprar sus ejemplares en las calles 15ª y Aldama donde antiguamente estaba su casa editora, muy cerca del templo de San Francisco de Asís. De ahí se trasladaba a comer a su casa con sus padres en la Niños Héroes y Ejército Mexicano.

Al terminar sus sagrados alimentos se trasladaba felizmente a la plaza de Armas donde vendía la mayoría de sus ejemplares y al finalizar esa bonita faena, se quedaba por algunas horas en el centro de la ciudad para caminar y descansar de la jornada que frecuentemente lo complementaba con unas deliciosas flautas con el famoso “Chinto Mora” que tenía la fama de vender algunos antojitos riquísimos junto el tradicional tepache ubicado en la Juárez, entre 4ª y 6ª. Cuando no se iba a las flautas, el dinero lo guardaba para ir a disfrutar de una estupenda película de vaqueros al cine Estrella. Por otro lado, cuando no iba al cine o con el famoso “Chinto Mora”, se sentaba en uno de los montículos de escombro para observar la cimentación del nuevo edificio desde que se empezaron hacer las excavaciones, hasta que se comenzaron a colocar algunas de las estructuras del que sería también el Hotel Fermont, cuyo nombre provendría de una contracción de “Fernández Montreal”, uno de los dueños de este inmueble.

Los socios del Provincial que venían de la Sultana del Norte, se habían establecido antiguamente en la calle Aldama No. 110 y cuyas operaciones habían comenzado en febrero de 1957 con el fin de posesionarse más en el norte de la República Mexicana y específicamente en el estado de Chihuahua. De esta manera terminaba don Carlos sus comentarios con lo que vivió en aquellos años cuando se construía el Provincial. En general, se clasificarían como bienes comunes todas las partes del inmueble que no estaban destinadas al uso exclusivo de las unidades privativas o que por ley o destino, deberían considerarse como tales. El edificio contaría con 18 niveles divididos en tres unidades como la “A”, destinada al banco; la unidad “B”, enfocada al servicio de hotel y la unidad “C” que sería destinada para ubicar a los diferentes comercios; 94 unidades, para oficinas o despachos y una unidad denominada “Pent House” que con el tiempo representaría toda una época en cuanto a fiestas se refiere y por supuesto, fue famosa su discoteca.  

El presupuesto final para la conclusión de la obra sería de alrededor de 26 millones de pesos en donde un ejército de albañiles, fontaneros, electricistas, carpinteros, pintores, operadores de maquinaria, capataces, cerrajeros, ebanistas, plomeros, soldadores, yesistas al igual de un equipo humano que participaría en la construcción del edificio, los cuales fueron: los arquitectos Emilio Lafón Siqueiros y Luis Aguilera, este último participaría como contratista de la obra y finalmente el ingeniero Gilberto Antonio Ruiz Ramírez y de manera decidida estaría “Fito” López, Pablo Quezada en el trabajo eléctrico, Armando Moreno en las instalaciones sanitarias, la compañía El Paso Engeenerind Co. y como asesor y coordinador de las instalaciones estaría el Ing. Manuel de Anda. Todo este personal serían en conjunto los planificadores y constructores de la prometedora obra en el centro de Chihuahua. Otras de las secciones que estaban contempladas en el proyecto dentro del noveno piso hacia arriba donde se destinarían para condominios y, en los últimos dos niveles correspondientes al piso 17 y 18, se utilizarían para el “Pent House” del hotel, el cual, se rentaría a huéspedes distinguidos. Poco tiempo después de la inauguración que fue el 4 de octubre de 1963 y ante la poca demanda del mismo para ser ocupados por huéspedes de “cache”, se optó por destinar el área a la apertura de la discoteca “El Pent House” y un restaurante de lujo llamado “El Grill”. 

El contenido de esta crónica es con fines de investigación, sin ánimo de lucro, por lo que no viola derechos de propiedad intelectual ni derechos conexos. Fairmont: Primer “Rascacielos” de la Modernidad Chihuahuense (1963) forma parte de los Archivos Perdidos de las Crónicas de mis Recuerdos. Si desea la colección de libros “Los Archivos Perdidos de las Crónicas Urbanas de Chihuahua”, tomos del I al XII adquiéralos en Librería Kosmos (Josué Neri Santos No. 111); La Luz del Día (Blas Cano De Los Ríos 401, San Felipe) y Bodega de Libros. Además los libros sobre “Historia del Colegio Palmore (1880 a 1944), adquiéralos en Colegio Palmore o WhatsApp 614-148-85-03 y con gusto los llevamos a domicilio. 

Fuentes

Profesor Rubén Beltrán Acosta, Archivo Histórico del Municipio de Chihuahua.

violioscar@gmail.com

Maestro-investigador-FCA-UACh