Opinion
Periscopio

Ficción y realidad del coronavirus

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Armando Sepúlveda Sáenz

sábado, 30 mayo 2020 | 05:00

Es un hecho  verificado hasta la saciedad que la mayor parte de la información que se propala   mediante las redes sociales digitales es basura, carece de utilidad y distorsiona las posibilidades de entender los fenómenos contextuales a todas las personas. Si los asertos en redes quedaran en el campo de las opiniones y no tuvieran efecto alguno sobre la realidad, se reduciría a ejercicio de la libertad de expresión o de opinión. 

El problema es que desde una perspectiva moral, las personas ingenuas y con limitados conocimientos cuando los leen, y son multitudes, dan por buena la calidad de la información y adecuan su conducta conforme a ellos. En suma, quien los divulga sin tener conocimientos básicos para valorarlos, incurre en responsabilidad de la conducta de sus destinatarios ingenuos. 

Los destinatarios pueden ser impulsados a poner en práctica decisiones irrelevantes pues afectan insensiblemente a la persona que las ejecuta -tomar infusiones de alguna planta milagrosa para evitar contraer tal o cual enfermedad, blindarse contra el coronavirus-. Puede no pasar nada respecto del virus, siempre y cuando no se prescinda de observar las medidas indicadas por la  OMS o las autoridades sanitarias. También si la multiplica, dar lugar por ejemplo a compras de pánico; también puede ocasionar el linchamiento de personas inocentes, por una pretendida actitud sospechosa, etcétera.

Por ello, cuando personas conocidas incurren en esta conducta irresponsable, sorprende, pues no tienen la cubierta del anonimato, aun cuando valoren que la replicación de mensajes los exime de responsabilidad. Y la verdad no es así.

En los días recientes me han llegado por diversas vías textos que pretenden dar por buena la información de supuestos investigadores italianos que han demostrado que la epidemia Covid-19 está ocasionada por una bacteria. De lo cual se desprende que el estudio nanométrico (merced a las nuevas y maravillosas tecnologías) de la composición del virus, así la demostrada causalidad entre multiplicación del virus SARS-CoV-2  y la enfermedad denominada Covid-19. 

Los mejores centros de investigación y laboratorios han identificado el virus y conocen ahora la composición química y han decodificado su ARN. Hasta se ha alcanzado un nivel de conocimiento sobre la estructura, funcionalidad y replicación que permite formular diversas estrategias para crear substancias que ataquen al virus en sus características y/o procesos.

No se trata de hipótesis y mucho menos de creencias, son hechos y procesos científicamente establecidos.

Las vacunas elaboradas hasta la fecha están en prueba con humanos. Además de la eficacia con algunos grupos tienen que explorarse las dosis adecuadas según los perfiles etarios, de salud, sanos y enfermos, etcétera.

Actualmente hay ocho vacunas  en la fase inicial de pruebas. Pueden llegar a la fase final varias, y producirse masivamente.

Según la revista The Lancet China tiene la delantera en el desarrollo de la vacuna. El equipo del Instituto de Biotecnología de Pekín y la compañía Cansino Biologics, han experimentado con  un grupo de 108 individuos sanos en pruebas durante 28 días. Además de demostrar su seguridad, se observó que la vacuna generaba anticuerpos y linfocitos T en los voluntarios. Deberá pasarse a otra fase de pruebas con poblaciones numerosas y diversas. 

La compañía estadounidense Moderna anunció los resultados de una prueba con 45 voluntarios sanos. Según el comunicado era “segura y bien tolerada” y generaba, al menos en ocho de los participantes, unos niveles de anticuerpos capaces de neutralizar la infección, presentando cuadros similares o mayores que los que se encuentran en la sangre de pacientes que han superado la enfermedad. No se mencionan los resultados con el resto de los voluntarios.

Desde abril, el equipo chino tiene en marcha una segunda fase de ensayos con unos 500 pacientes para afinar la dosis más adecuada para que esa respuesta inmune proteja contra la infección por SARS-CoV-2. Moderna quiere comenzar con el ensayo definitivo de fase III, el que probaría si la vacuna es útil para su empleo masivo, en verano.

En el cotidiano El País se recoge la opinión del virólogo Florian Krammer, del Hospital Monte Sinaí de Nueva York, el cual estimaba que alguna de las vacunas chinas podría completar esa última frase en otoño. 

En el supuesto de contar con dos o tres vacunas aptas para combatir al SARS- CoV-2, queda por determinar qué  éxito tendrán los esfuerzos de la OMS para producirlas masivamente en varios países a la vez y la constitución del fondo, o si habrá de prevalecer los intereses de los países y las empresas que desarrollaron la vacuna. No está por demás recordar que deberán producirse 7,600 millones de dosis.

Por lo pronto el gobierno chino se ha comprometido a que la vacuna o vacunas formuladas en su país serán un bien público. Si este país tiene la primicia faltará saber quiénes y con qué recursos se producirá. Cada día nos acerca a disponer del medicamento y al reto de aplicarlo masivamente.