Opinion

Gobiernos utópicos o perfectibles

.

Jaime Rodríguez Chacón

miércoles, 16 junio 2021 | 05:00

En un tema surrealista que se había publicado desde esta trinchera, decía este palabrero que, sorprendentemente viajó al futuro al año de transición gubernamental 2020. La trama se desarrollaba sobre la esperanza utópica de un gobierno más justo; obvio, ese soñado  nuevo régimen deslumbraba por el lodazal del sistema anterior, y  finalizaba con que era un sueño, pero que, sí hay esperanza. Sin embargo,  ¿puede acaso emanar un gobierno justo y bueno de una sociedad moralmente enferma?

Soñar o fantasear acerca de un gobierno justo, como el de un tutor bueno y responsable, como lo diría Patricio Martínez en palabras demagógicas y bien adornadas que: "el gobierno debería ser como un buen padre, responsable”… y, entonces, surge la pregunta ¿Por qué no lo fue?   ¿Puede acaso emanar un gobierno justo de una sociedad decadente  en la que cada quien busca lo suyo y no lo de los demás?

Cualquiera que ofrezca algo irreal será un simple demagogo, como cuentan de aquel candidato a presidente municipal que en su acto de campaña en un pueblo quería engatusar a los ciudadanos diciéndoles: Conciudadanos, les prometo un puente, ellos respondieron: “pero señor candidato, no tenemos río,” él dijo: “lo hacemos”.

Cuentan como verídico, el escueto informe de gobierno de un presidente municipal que dijo: “Ciudadanos, pintamos el panteón”-es decir: le dieron una remozada con cal a las paredes- y  concluyó su informe  diciendo: “ora si los invito a mi casa a echarnos un menudazo” 

¿Acaso no concluye así también el corralato, pintando el panteón con un montón de muertos por la colusión del crimen en las policías? Y después nos invita no un menudazo, sino a chuparnos el dedo.

El caso es que todos quieren ofertar algo a la gente y la población subconsciente desea ser engañada.

Todos los gobiernos  del mundo están en decadencia. 

Es inaudito que aún el pueblo de la nación más poderosa  cayó en el engaño de uno de tantos demagogos que utiliza las mismas trampas de tiranos que tanto critican, como Maduro. La diferencia es que Maduro es un cínico y el otro un hipócrita.

Conciudadanos: quisiera creer y plasmar con tinta indeleble que habrá un gobierno cien por ciento justo y bueno, pero, como aquel Arturo que, sin ambages  declaraba, que sólo ambicionaba robarle inspiración a la tristeza,  yo no comulgo con ello compañeros, siento por hoy no complaceros.

La razón de la lógica dice que, esperar resultados diferentes pero continuar haciendo las mismas prácticas es una locura. Hay muchísimos tiranos allá afuera, dictatoriales en potencia, que anhelan el poder,  y México no tiene autodeterminación propia,  es como la caperucita roja, ante los grandes maestros de la expresión  verbal, que engatusan a los pueblos cual lobos rapaces con su retórica; la lengua hoy por hoy sigue siendo el medio para someter a los pueblos. Un ejemplo de ello son las mañaneras del presidente.

Tendríamos un mejor gobierno, si: Fuésemos una sociedad más participativa, si tuviésemos unidad, si fuésemos una sociedad del conocimiento sabríamos como nos tienen sometidos; si las iglesias dejaran sus diferencias y se unieran para rogar por un mejor gobierno, porque la sombra del comunismo se cierne sobre el mundo entero para dar la estocada final a una humanidad incauta.

Al contrario de los que piensan algunos, que la clase media es la que toma las decisiones trascendentes de un país, la fuerza más poderosa e influyente que hay en el mundo es la iglesia cristiana a la que San Pablo se dirige diciendo:  

Exhorto ante todo, a que se hagan rogativas, oraciones, peticiones y acciones de gracias, por todos los hombres; por los reyes y por todos los que están en eminencia, para que vivamos quieta y reposadamente en toda piedad y honestidad. Porque esto es bueno y agradable delante de Dios nuestro Salvador. 

Roguemos por el gobierno que inicia con nuestra nueva gobernadora Maru, que aparte de ella a los malvados para que su trono se establezca en justicia.