Opinion

Grave e irracional explotación forestal: Diócesis de la Tarahumara

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Gabriel Valencia Juárez

jueves, 28 marzo 2019 | 20:29

 “La tala ilegal una plaga contra la naturaleza y la humanidad”. Para la escultora y ecologista Luly Trevizo 

La explotación forestal en la Sierra Tarahumara sólo ha enriquecido a unas cuantas personas que han convertido a los ejidos en “empresas particulares caciquiles” y no como una “empresa de la comunidad”, ya que no distribuyen con igualdad y justicia los beneficios y utilidades de la explotación del bosque a cientos de ejidatarios, favoreciendo a las empresas madereras del estado “por la manipulación y el engaño que hacen los comisariados ejidales en su mayoría gente/chabochi cometiendo injusticias y marginación que sufren los ejidatarios, en su generalidad indígenas desde hace varios años”, denuncia el Análisis Integral del Plan Pastoral 2017 de la Diócesis de la Tarahumara.

La anterior descripción apocalíptica apunta que frente al problema que azota a las comunidades rurales es por la explotación forestal oficializada que existe en los ejidos serranos. Este desastre fue observado, levantado, registrado y dado a conocer por las parroquias de la jurisdicción Diócesis de la Tarahumara que se públicó en el cuaderno de 75 páginas denominado Plan de Pastoral, promovido por el ex obispo Rafael Sandoval y los párrocos de la Diócesis. “El presente Plan de Pastoral Diocesano, obra del Espíritu que habla desde nuestro Pueblo”, donde “hay un estilo y horizonte espiritual”, explica en la introducción del cuaderno parroquial.

El documento hace una reflexión de gran importancia de 16 temas que afectan a la sociedad serrana en general para transmitirla a los feligreses y lectores que consisten en que el “Plan Pastoral nos ofrece el camino para buscar un mundo diferente, con gran misericordia para mirar los rostros sufrientes de nuestros hermanos; esos rostros de personas violentadas en sus derechos humanos e ignorados por el gran capital” o neoliberalismo, apunta el texto. 

DE IMPORTANCIA E INTERÉS PARA LA HUMANIDAD. Por considerarse de interés público el complejo y viejo problema sobre la explotación forestal, la tala irracional donde “tumban pinos como si fuera zacate” que afectará a futuro a las nuevas generaciones que sólo conocerán la Madre Naturaleza en fotografías; por ello, transcribimos parte del capítulo 4 del interesante documento del Plan Pastoral que asume un postura progresista en favor de los pobres, los sin voz y olvidados como lo postula la Teología de Liberación que pregonan varios sacerdotes y los de las Diócesis de la Tarahumara con sede en Wachochi no deben quedarse atrás:

“La madera, uno de los mayores bienes naturales de la Sierra Tarahumara de Chihuahua, sólo ha sido instrumento de enriquecimiento para una cuantas personas a través de los ejidos. El sistema ejidal, aun cuando se supone debería constituir una “empresa de la comunidad”, nunca ha operado como tal, sino como negocio particular para un pequeño grupo caciquil que, apoderándose de la administración ejidal –cada tres años por los mestizos/chabochis-, no distribuye los beneficios y utilidades del ejido de manera equitativa y justa entre los ejidatarios”.

“Muchas autoridades ejidales trabajan de acuerdo con algunos prestadores de servicios técnicos independientes, sin ética –PROFEPA, SEMARNAT, DESARROLLO FORESTAL DEL ESTADO-, para explotar el bosque irresponsablemente, y así las principales beneficiadas son las industrias forestales quienes controlan el precio del producto. El 25 por ciento de la madera que se consume en México sale de la Sierra Tarahumara y no hay utilidades visibles para los propios habitantes. La explotación forestal da trabajo, pero a costa del deterioro de la vida” de indígenas y mestizos pobres.

“El desarrollo forestal comunitario, extendido por todo el país, aquí se desconoce y siguen los sistemas de antaño (de corrupción, nepotismo, machismo, racismo). “Reconocemos que la explotación forestal ha dado trabajo por muchos años y algunos importantes beneficios a familias que han logrado vivir por los recursos que les otorga el bosque, pero siempre dejando a la gente –a los serranos-, los trabajos más riesgosos y pesados”.

“Las Secretaría del Medio Ambiente y Recursos Naturales (SEMARNAT) y PROFEPA para poder autorizar un programa de aprovechamiento forestal exige que el ejido cuente con un reglamento interno, validado por el Registro Agrario Nacional (RAN), pero desconocido por la mayoría de los ejidatarios, y esto facilita y propicia la manipulación y el engaño. No podemos dejar de lado la competencia por la importación de madera de Chile y Canadá, con precios bajos que complican el comercio de la madera serrana de mayor valor por su firmeza y calidad”.

“Vemos con dolor la continua depredación del bosque: cientos de camiones –muchos sin placas- siguen acarreando trozos de madera (verde, aserrada y celulosa) todos los días, dejando el bosque cada vez más deteriorado y sin posibilidades de recuperación; no hay información suficiente que ayude a comprender que el trabajo forestal es una actividad económica que requiere organización e inversión para poder crecer; la gente se ha acostumbrado a recibir el reparto ejidal como una limosna –un bulto de maseca y mil pesos al año)-, sin valorar la importancia de organizarse y capacitarse. 

“Desde hace algunos años en la Sierra Tarahumara operan los programas de Pago por Servicios Ambientales y el Cuidado de Cuencas Hidrológicas. Dichos programas, como parte de la nueva “Economía Verde” se han implementado en los ejidos bajo el discurso del cuidado del bosque y de los recursos, y como una medida para detener el cambio climático. No obstante, la población no conoce las consecuencias de su aplicación como el cambio de uso de suelo y la amenaza de despojo del territorio a los pueblos originarios –rarámuri-. Aunado a esto, la derrama económica prometida por la implementación de estos programas es poco fiable por la corrupción ampliamente conocida. La Sierra Tarahumara de Chihuahua se encuentra entre los meridianos de los grandes desiertos del mundo y esto contribuye a la existencia de un bosque muy frágil. Las plagas (incluidos talamontes que “tumban pinos como si fuera zacate”) se han propagado en gran parte de nuestro bosque y es difícil controlarlas por la falta de frío y humedad. La permanencia de la capa forestal, fuente de vida para todos, está cada vez más amenazada. (Continuará).