Opinion

Hambre y desnutrición: vergüenza para Chihuahua

.

Víctor M. Quintana S.

viernes, 05 febrero 2021 | 05:00

Para que nos duela en nuestro orgullo regionalista: Chihuahua es uno de los estados de la República donde el hambre y la desnutrición causan más estragos. Vayan tan sólo tres datos básicos:

En cuanto a  desnutrición moderada de 2018 a 2019 no hubo avances en el país, se presentaron prácticamente los mismos casos. Entre las 10 entidades que registraron el mayor número de casos, Chihuahua figura en quinto lugar con 668, sólo por debajo del Estado de México (2,529), la Ciudad de México (1,318), Veracruz, (761) y Puebla, (724), pero por encima de los estados más pobres del país: Guerrero, Chiapas y Oaxaca. 

En lo que se refiere a desnutrición crónica hubo un incremento relevante de 2018 a 2019.  Chihuahua vuelve a figurar en quinto lugar nacional con 327 casos, por debajo de la Ciudad de México (1,237), Estado de México (438), Chiapas, (349), Guerrero, (334), por encima de entidades más pobres como Oaxaca y Puebla. En ambos casos la información viene el Boletín Epidemiológico de la Dirección General de Epidemiología de la Secretaría de Salud,

Un tercer dato: de los seis carencias sociales correspondientes a otros tantos derechos sociales según el Consejo Nacional de Evaluación de la Política Social (CONEVAL), entre 2008 y 2018 Chihuahua tuvo avances considerables en cuatro de ellas: rezago educativo, acceso a los servicios de salud, calidad y espacios en la vivienda y servicios dentro de la vivienda. Sin embargo, tuvo retrocesos considerables en cuanto a población con acceso a la seguridad social (de la cual trataremos próximamente) y en acceso a la alimentación. En 2008 598 mil 200 chihuahuenses no tenían acceso a una alimentación suficiente y adecuada; para 2018 el número se elevó a 677 mil 400 personas, casi 80 mil personas más. 

Todo lector o lectora mínimamente informados sabrá que la mayor parte de casos de desnutrición moderada o crónica en Chihuahua se dan en la Sierra Tarahumara. Ahí causa mucho más perjuicios en la primera infancia: o mata o deja desventajas irremontables para cientos de niñas y niños quienes no pueden acceder a un “arranque parejo” en sus vidas con relación a los niños de otras regiones y grupos sociales.

A la Sierra Tarahumara van miles de despensas todos los años. Y sin embargo, el hambre y la desnutrición siguen ahí. Porque las despensas no son la solución. Es necesario, en primer lugar, apoyar con todo el desarrollo de las capacidades de las familias y comunidades para producir sus propios alimentos. En segundo lugar, brindar una atención y seguimiento personalizado a madres embarazadas y a niñas y niños en la primera infancia para prevenir, detectar y evitar casos de desnutrición. Esto comenzó a hacerse con el programa “Chihuahua crece contigo” desde el gobierno del Estado en 2018. Es necesario retomarlo, fortalecerlo, ampliar su cobertura e incluir en él la participación de los otros órdenes de gobierno y de la sociedad civil.

Claro que es posible terminar con esta vergüenza para Chihuahua. El modelo está, lo mismo que la ruta. Es necesaria la voluntad política y la responsabilidad social para acabar con ese baldón para tantas hermanas y hermanos nuestros. Prójimos, pues.