Opinion

Hasta nueva orden

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Sergio Alberto Campos Chacón
domingo, 15 septiembre 2019 | 05:00

La orden presidencial era que las tropas no reaccionaran a las provocaciones de los civiles, porque, según el presidente López Obrador, el gobierno federal no reprime a la población.

El gobierno federal anunció en 2018 que la Guardia Nacional se compondría por 85 batallones, es decir, 50 mil elementos aproximadamente. En diciembre de 2018 escribí que la capacitación estaría a cargo de la Secretaría de la Defensa Nacional y de la de Marina, Armada de México, en los Centros de Adiestramiento Militar Básico de Infantería (CAMBI) que dura 4 meses.

Resulta que pocos jóvenes han solicitado su ingreso, causa por la que la Guardia se nutre con personal militar.

Capacitar 50 mil nuevos elementos en un plazo de tres años, supone 16,666 “guardias” anuales; es decir, 4,165 cada cuatro meses. No está ocurriendo así.

Se afirmó que a los elementos de la Guardia Nacional se les instruiría como policías para practicar diligencias y consignar personas por cometer delitos federales al Ministerio Público, y su mando y control estarían en la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana.

Entre el proyecto y su aplicación se entrometen la realidad, la verdad y la expansión de cárteles en comunidades civiles que, a todo riesgo se enfrentan a la tropa regular y la Guardia Nacional.

El más reciente, el 9 de septiembre en el poblado de Apango de Zaragoza, municipio de Acajete, Puebla, por evidencias inocultables, militares descubren y resguardan una bodega que tenía vehículos, bienes y mercancía robados. Avisaron a la autoridad ministerial civil que se obligó a practicar indagatorias y, mientras llegaba la orden judicial de cateo, 150 personas civiles rodearon a la tropa, la insultaron, agredieron, provocaron, les exigían retirarse y regresaran la posesión del local.

La confronta tuvo su límite. La tropa, en defensa de su integridad física y, en cumplimiento de deberes de sus leyes orgánicas, hizo disparos al aire para disuadir a los civiles que, en un tris, corrieron en desbandada.

La información dice que los civiles fueron enviados, como en otras ocasiones, por líderes de grupos delincuenciales.

La orden judicial de cateo llegó a las 9:30 de la noche y las autoridades civiles procedieron a entrar e inventariar los bienes, entre los que se encontraron mercancías, vehículos de diversa capacidad y modelos, robados.

El video de lo ocurrido en Acajete es uno más de las agresiones a los militares, a la par que el malestar social crecía por los agravios a los soldados y su resistencia a no responder, cumpliendo las órdenes de Andrés Manuel López Obrador.

El presidente no contó con la reacción popular apoyando al ejército, no valoró las severas críticas que la comunidad nacional le espetó ante sus declaraciones y desvíos de no reacción, contrarias al respeto que el ejército se merece, a sus valores, disciplina, lealtad institucional y sacrificio.

Tampoco tuvo presente lo que se llama “Espíritu de Cuerpo” en las fuerzas armadas, que es la fuerza moral de cohesión que une a los miembros de una colectividad; es el deseo constante de cada uno por mantener su prestigio defendiéndose de cualquier ataque, haciéndose solidario de sus actos. 

Recordemos esa declaración desafortunada del presidente de que, si por él fuera, desaparecería el ejército y lo sustituiría por la Guardia Nacional, criterio absurdo e incoherente, porque ésta se nutre con elementos de aquél.

Existen varias definiciones militares del término “ejército”. Hay una que se refiere al Ejército de Reserva, que es el que se forma en segunda línea para cooperar y reemplazar a la primera; esto significa preparar un agrupamiento listo para sustituir al que será relevado.

Tal vez, con ciertas variables, López Obrador pretende desplazar al ejército como primera línea y sea sustituido por la Guardia Nacional, que, en los hechos, se ve que ha sido imposible formar con la autonomía pensada de origen.

La lealtad es una de las cualidades sustanciales del soldado, sea un general de división o un raso. Todos son soldados, y la lealtad va de abajo hacia arriba y a la inversa.

La lealtad es el carácter de una persona fiel, el cual las tropas esperan de su comandante supremo, el presidente, al que observan las 24 horas en sus actitudes, decisiones, política interior y exterior, en la satisfacción de problemas sociales; el respaldo del soldado al presidente es para que éste cumpla sus deberes constitucionales, y saben que pueden perder la vida al cumplir alguna de sus órdenes.

Las órdenes presidenciales de no responder a las vejaciones por civiles provocadores estuvieron en duda por el personal castrense, por sí mismas no tenían sustento jurídico ni moral.

Aún flota la inquietud de si el presidente tiene claro que el poder del Estado, de cualquier Estado o nación, reside en sus fuerzas armadas, más en el caso de México en que está probada su institucionalidad contra el acecho de los Estados Unidos de América.

No tengo duda que los secretarios de Defensa, y Marina puntualizaron al presidente los riesgos del desvanecimiento del poder del Estado, de la seguridad nacional e interior, de no adoptar la postura congruente con las funciones militares, dentro de la legalidad y uso normado de la fuerza.

Seguro le hicieron una exposición precisa, cruda y de exigencia estratégica, con relación a las complejidades en las que se desenvuelve la delincuencia organizada, y las omisiones inaceptables de reacción por las tropas.

Le hicieron ver que la sobrevivencia y proyección de México está en juego. Veo la escena: el presidente escuchó el tono de voz, firme, de los secretarios, miró sus rostros acerados, analizó los datos y comprendió que, en términos reales, el respeto presidencial depende, en alto grado, del respeto al ejército y la marina.

¿A quién beneficia el trato irrespetuoso al ejército y la marina?

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Esa entrevista tuvo el efecto de que la Secretaría de la Defensa Nacional emitió a media semana un comunicado haciendo saber a la nación que no se tolerarán más agresiones y que el personal militar responderá en la defensa de su integridad física, desde luego, asumiendo el respeto a los derechos humanos de las personas.

Este comunicado alentó a la ciudadanía, al personal encuadrado, a retirados, a la vez, envió un mensaje a delincuentes y seguidores en muchas comunidades del país.

La rara mixtura civil-militar en el mando de la Guardia Nacional tiene por consecuencia que la autoridad y planeación esté en manos de militares y marinos, no de la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana, que se aprecia desfasada, como una figura administrativa formal.

Así que, hasta nueva orden, soldados y marinos harán respetar su dignidad y las instituciones, pues las autoridades ministeriales civiles son todavía incapaces de procurar justicia oportuna.

Mañana en el Desfile de la Independencia, veremos la calidez con la que el pueblo de México aplaudirá a soldados, marinos y cadetes.


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