Opinion
Periscopio

¿Hecatombe manufacturera en Chihuahua?

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Armando Sepúlveda Sáenz
jueves, 10 octubre 2019 | 05:00

Este artículo no se refiere a las noticias recientes sobre los paros técnicos de las plantas maquiladoras enlazadas con el proceso productivo de la General Motors, que como se sabe,  esta empresa está en paro en Estados Unidos. 

Los vínculos en la parte manufacturera de la industria maquiladora de exportación, representan la parte principal de la actividad manufacturera del estado. Una debilidad de la industria manufacturera chihuahuense es que no sido capaz de vincularse más al mercado interno mediante la integración a las cadenas productivas regionales y nacionales, para ofrecer insumos intermedios y finales a dichas cadenas. 

Esta característica ha resultado positiva cuando las crisis son de origen nacional, pero catastrófica cuando se trata de un choque externo. En 1989-90 el impacto devino en una reducción de la plantilla manufacturera de 12.7 por ciento, con todos los efectos colaterales. Afortunadamente la actividad manufacturera se recuperó rápido y los daños a todos los sectores fueron menores.

La crisis económica de 1994-95 de factura nacional, afectó levemente la economía local por las dimensiones y las ataduras al  mercado interno (nacional). Estos procesos ponen en evidencia la existencia de dos motores económicos: uno, constituido por el sector externo de la economía y otro, por la dinámica interna. 

En buena medida, que el crecimiento del producto manufacturero muestre números negativos, o decrecimiento durante los meses recientes; decrementos que van en ascenso, hacen temer que la economía estadounidense entre en recesión en un lapso ya corto (menos de un año); y peor aún si los primeros estertores ocurren en la industria manufacturera. 

México se ha convertido en una economía fuertemente vinculada a la estadounidense y a la global, pero marcadamente en las actividades manufactureras. Como es sabido, la economía nacional como un todo, ha mostrado crecimiento nulo. Y hasta hace algunas semanas, se suponía que mientras el motor externo siguiera en marcha con sus variaciones, la economía, la ocupación y el ingreso de las familias se mantengan, podemos abrigar la esperanza de que los frenos a la inversión bruta fija se echen a un lado y se empiece a crecer, pues tenemos el motor externo funcionando.

Desde la perspectiva macroeconómica, la dinámica económica se sostiene e impulsa por el consumo,  tanto de origen gubernamental como privada y por la inversión fija bruta de ambas partes.  Tanto por el lado del consumo como de la inversión, la presencia gubernamental se ha retraído. De hecho se ha convertido en un lastre. A este hecho se le ha atribuido el crecimiento nulo de la economía. 

El INEGI acaba de dar a conocer el boletín  sobre el comportamiento de la Inversión fija bruta (IFB) de julio y anuncian no una amenaza de recesión, sino un hecho de carencia del motor de impulso dado el escaso crecimiento del consumo. Es una alerta con letras mayúsculas. Si se compara la IFB de julio del corriente año contra junio previo, la inversión cayó -0.7%. La construcción disminuyó -1.5. Maquinaria y equipo declina -0.7%. Si tomamos en cuenta que se trata de un solo mes, las cifras toman otra dimensión.

Si comparamos contra julio de 2018: la IFB total se ha abatido en -0.9%; la construcción en -6.9%; y maquinaria y equipo en -12.8%. Ahora se puede ver que en realidad el motor de crecimiento es el sector externo.  Y la economía si la separamos entre la dinámica interna y externa. La primera está en plena recesión. El sector externo es el que ha podido frenar la recesión. Y la parte medular de éste son las exportaciones y de éstas las manufactureras (aunque también juegan un rol importante en el sostenimiento del consumo proveniente de Remesas Familiares).

También nos enteramos que   el panorama económico en los Estados Unidos y a nivel global no es nada halagüeño: Hay que advertir que los últimos indicadores de la manufactura norteamericana marcan ya una contracción en las actividades manufactureras. El índice de Gerentes de Suministro de la Manufactura acumula dos meses por debajo de 50 unidades. El dato de septiembre en 47.8 puntos es equivalente a los niveles que se observaron en la gran recesión del 2009. Desde la perspectiva global, el Fondo Monetario Internacional pronostica una severa desaceleración en el 90% de los países. 

Mantener una guerra comercial con China y Europa ha sido una efectiva manera de frenar el consumo, aumentar la inflación e incrementar la reducción de la inversión fija bruta en los Estados Unidos. 

Por lo que toca al gasto y la inversión pública es improbable que repunten, el nulo crecimiento no aporta ingresos fiscales. En cuanto las condiciones para que se fomente la inversión sería deseable se cambien las políticas económicas y aunque lo hicieran su efecto se daría en 2020, pero es difícil que esto ocurra.

Así que quedamos uncidos al motor externo. Y si este motor retrocede a la economía nacional, le espera una franca recesión, y la economía chihuahuense, comenzando por su sector manufacturero,  puede enfrentar una hecatombe como la vivida en 2008-2009.