Opinion
Periscopio

Importaciones de maíz transgénico

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Armando Sepúlveda Sáenz

miércoles, 16 noviembre 2022 | 05:00

Ayer dos senadores estadounidenses pusieron en cartelera el tema del maíz amarillo transgénico, al respecto las importaciones mexicanas deberán ser nulas en 2024, conforme lo estableció el decreto presidencial publicado en el Diario Oficial de la Federación del 31 de diciembre 2020. 

Cabe recordar que el cereal se importa de Estados Unidos para propósitos de alimentación animal; esto es, para producir carne de consumo humano. Si bien el objeto planteado por el Decreto, se circunscribe a las restricciones y prohibición del glifosato, el artículo sexto se refiere al maíz transgénico: “Con el propósito de contribuir a la seguridad y a la soberanía alimentarias y como medida especial de protección al maíz nativo, la milpa, la riqueza biocultural, las comunidades campesinas, el patrimonio gastronómico y la salud de las mexicanas y los mexicanos, las autoridades en materia de bioseguridad en el ámbito de su competencia, de conformidad con la normativa aplicable, revocarán y se abstendrán de otorgar permisos de liberación al ambiente de semillas de maíz genéticamente modificado. Asimismo, las autoridades en materia de bioseguridad, en el ámbito de su competencia, de conformidad con la normativa aplicable y con base en criterios de suficiencia en el abasto de grano de maíz sin glifosato, revocarán y se abstendrán de otorgar autorizaciones para el uso de grano de maíz genéticamente modificado en la alimentación de las mexicanas y los mexicanos, hasta sustituirlo totalmente en una fecha que no podrá ser posterior al 31 de enero de 2024 [Énfasis añadido].

En congruencia con las políticas de autosuficiencia alimentaria del país y con el periodo de transición establecido en el artículo primero de este Decreto”. No se puede descartar la posibilidad de que se procesen alimentos directamente para consumo humano que utilicen maíz amarillo. Sin embargo, con certeza se puede afirmar que las 17 millones de toneladas que se importan se destinan a producir carne para consumo humano. Se puede entender que este producto es alimento con maíz transgénico. En opinión del presidente López Obrador es para consumo humano directo. No obstante la interpretación del Subsecretario de Sagarpa, es opuesta, y por consiguiente, está promoviendo la proveeduría de maíz amarillo no transgénico, procedente de Brasil, Argentina  y el propio Estados Unidos. Los productores de estos países ya han manifestado su desinterés por modificar sus patrones de producción. Si se toma en cuenta que el ajuste, de ocurrir, deberá ser para el ciclo primavera  en EEUU y el otoño invierno en Brasil y Argentina. Esto implicaría convenios anticipados de producción, que aseguren precios significativamente más altos que los actuales para los volúmenes requeridos por México. 

En este panorama dual, la primera hipótesis sería que el gobierno insista en suspender la importación de maíz amarillo. En esta posibilidad, las actuales empresas importadoras se negarían a llegar a acuerdos sobre futuros de maíz amarillo no transgénico, en virtud de la inversión requerida y su riesgo. En suma, se estima en más de 6 mil millones de dólares, para adquirir 17 millones de toneladas, aun considerando que la producción nacional de esta variedad se incrementase 20%. Como el problema de suministro a la cadena de producción de carne recaería en el gobierno federal, este primero debería habilitar una entidad del sector público y brindarle la capacidad financiera suficiente para acordar con los productores de maíz amarillo el volumen necesario, al precio que fijen los productores. Habilitar para el gobierno federal, significa endeudarse. Esta ruta en las condiciones actuales de las finanzas públicas es inviable.

La segunda hipótesis es que acabe por reconocerse que se requiere seguir importando maíz amarillo transgénico “exclusivamente” para alimentación animal, reduciendo el problema a control sanitario de insumos. En este caso se requiere “precisar” la redacción del artículo sexto del Decreto Presidencial del 31 de diciembre de 2020. Esta ruta, además de ser más racional en el corto plazo, presenta algunos aspectos positivos, entre ellos: abrir un compás para dar tiempo a la instrumentación de medidas de política agropecuaria y comercial que permitan aumentar en el corto plazo la producción nacional de maíz amarillo; reducir el impacto de las importaciones de maíz en el costo de los cárnicos y por consiguiente en la inflación alimentaria; eliminar un factor de conflicto con los Estados Unidos por incumplimiento de las reglas establecidas en el T-MEC; eludir el endeudamiento del gobierno federal y la presión adicional sobre el mercado financiero nacional (tasas de interés); e incluso se contaría con tiempo para que, bajo el liderazgo eficiente del Conacyt se encuentre una variante de semilla cisgénica de maíz amarillo (por aquello de que los transgénicos son malos) y de paso un sustituto del químico glifosato que no tenga los efectos negativos al medio ambiente que se alegan para éste ---así sea más caro pero con iguales resultados---.

Quien esto escribe, ve con optimismo esta opción. La diversa puede salir muy cara en precios, bienestar y buena vecindad.