Interpretación ambigua y amoldable de la constitución

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Jaime Rodríguez Chacón
miércoles, 06 febrero 2019 | 01:03

La constitución dota de facultades a los servidores del Estado, para que cumplan las funciones que los gobernados esperan, a fin, de respetar, promover y garantizar los derechos fundamentales de los ciudadanos, asegurando  que las normas secundarias y las políticas públicas, refuercen esos derechos fundamentales sin restricción; deberá ser la herramienta que cohesione las normas e interpretaciones afines a los derechos fundamentales, rechazando las que le son contrarias.
Una constitución funcionable es aquella que es rígida y no se puede fácilmente manipular. ¿Podremos decir eso de nuestra constitución? El señor presidente, violó el artículo  127 de la carta magna al reducirse él mismo su sueldo “por sus pistolas” siendo que el texto dice claramente que dicha remuneración será adecuada e irrenunciable, empero, él se redujo el sueldo para afectar al resto de los servidores públicos, ya que, la fracción II dice que ningún servidor público podrá recibir remuneración (…) mayor a la establecida para el presidente de la república. Nota: no dice establecida por el presidente,( sino para el presidente.) Es decir: No se puede fijar él mismo su salario. Por eso, La Comisión Nacional de Competencia Económica (Cofece)  presentó una controversia constitucional a principios de enero, contra la Ley de Remuneraciones de los Servidores Públicos, ante la (SCJN) Pues la referida ley en el 127 fracción III, prevé, que los servidores públicos responsables de conducir trabajos técnicos calificados o especializados puedan recibir un excedente salarial no mayor al 50% del salario del presidente. ¿Pero qué necesidad del presidente, como decía el finado Juanga, de auto flagelarse? ¿No será mero populismo?
Además, hay una interpretación tramposa de parte del presidente, del artículo 89 de la constitución, que insta al presidente a conducir una política exterior de no intervención en los asuntos internos de otros países, y guiada por el respeto, la protección y la promoción de los derechos humanos. ¿Cómo ha de promover México el respeto a los derechos humanos de los Venezolanos, si no se declara abiertamente en contra del dictador Maduro, como lo han hecho la mayoría de los países democráticos con excepción de Cuba, Bolivia y Nicaragua? Y, cómo se atreven a invitar a la toma de protesta, a tan repugnante tirano, que ha sumido en la miseria a los venezolanos  y, que hoy por hoy ha generado  una crisis política y humanitaria de grandes proporciones, ya que el sátrapa se niega a realizar elecciones.
Esa doctrina Estrada, de no intervención, ya no es vigente en un mundo interdependiente y globalizado; en asuntos de la vida práctica, por ejemplo: si escuchamos gritos de auxilio en la casa del vecino, de una mujer  a la que están golpeando o violando y no hacemos algo, como, llamar a la policía –aunque nunca llegan, a menos que haya un difunto, entonces sí van presurosos a tirar el chal-  somos cómplices, porque nos damos cuenta de un delito y no denunciamos. Así también, el nuevo gobierno  de Andrés Manuel, cree que escondiendo la cabeza en la arena y fingiendo demencia respecto a  las violaciones a los derechos humanos que sufren nuestros vecinos latinoamericanos, es una forma de respeto, pero se equivocan, porque no se pueden, ni deben, tolerar las injusticias en la aldea global, a menos que sean ellos de los mismos compinches.
Otro artículo omitido es el 129 que reza: En tiempo de paz, ninguna autoridad militar puede ejercer más funciones que las que tengan exacta conexión con la disciplina militar. (…) A menos que reconozcan que México está en guerra, los militares deben permanecer en sus cuarteles, pero el presidente ya les está dando muchas funciones, como la construcción en el aeropuerto, y si se dejan, van a cumplir funciones hasta de choferes de pipas de combustible. No necesitamos una guardia nacional, sino, depurar, aplicar exámenes de confianza,  sicométricos, y capacitación a los cuerpos policiacos. Se necesita la formación de un ente de inteligencia, ex profeso contra el crimen, usando la más alta tecnología, contratando a los hombres más capacitados del mundo, para tal función; salvo que el presidente no va a querer eso, el piensa combatir al crimen con buenos consejos, y a punta de abrazos, diciéndoles que se porten bien, que porque México ya cambió, pero de la aplicación de la ley y el estado de derecho nada.