Opinion

Juan Carlos Loera, un vulgar grillo

.

Manuel Narváez Narváez

martes, 31 agosto 2021 | 05:00

El futuro delegado federal de Bienestar, Juan Carlos Loera de la Rosa, funge como un porro y no como un interlocutor fiable frente a las autoridades electas democrática y legítimamente en el estado.

Cualquier ciudadano en su sano juicio esperaría que el desempeño y la prudencia fueren la medida del funcionario federal de mayor rango en la entidad representando los intereses del gobierno de la república, pagado con recursos públicos de los contribuyentes, por supuesto.

En el caso particular del ex candidato a gobernador, es decir, el perdedor de la contienda recién celebrada el 6 de junio, ocupó el mismo cargo por más de dos años, lo cual nos dice que los programas sociales siguen siendo politizados descaradamente para beneficio del partido gobernante a nivel federal.

Esta práctica vil recurrida por todo el tiempo que el PRI y el PAN fueron gobierno federal, se esperaría fuese distinta toda vez que el presidente de México, en su interminable autoelogio, presume que ellos (4T) no son iguales a sus antecesores; sin embargo, la inercia del manoseo que Loera hace de la representación asegurada, confirma que, en efecto, no son iguales, sino peores.

Ciertamente el empresario funcionario tiene el derecho de expresarse libremente, la carta magna lo tutela, pero la prudencia en aras de mantener un ambiente favorable de gobernanza entre distintas fuerzas políticas exige eliminar cualquier expresión de odio o resquemor contra otras autoridades elegidas por el voto popular.

La elección quedó atrás y los chihuahuenses decidimos libremente a quienes nos representen en la gubernatura, las presidencias municipales y en el congreso local y federal.

Pero, al parecer, a Juan Carlos le importa un bledo el mandato popular e ignora la doctrina Estrada, porque mantiene con la representación del gobierno de la República en la bolsa una actitud desafiante y beligerante que corresponden a la arena electoral.

La semana pasada este individuo acusó que el duartismo salió a flote, en franca referencia al alcalde electo Cruz Pérez Cuéllar y con relación al desencuentro que sostuvieron éste con el todavía fiscal general del estado, César Peniche Espejel. 

Independientemente de cómo hayan ocurridos los hechos, al presunto funcionario federal no le incumbe lo sucedido, a menos que guarde en su pecho la amargura de la derrota y anide resabios que le impiden honrar la encomienda presidencial.

Como reza el dicho popular “pedir peras al olmo”, le sienta como anillo al dedo al también ex diputado federal, cargo que ejerció unos cuantos meses para ocupar la delegación y ser candidato a gobernador de Morena.

Loera de la Rosa, como el político rijoso que representa, emula la retórica de su patrón, López Obrador y del casi ex gobernador Javier Corral, que constantemente refieren a Carlos Salinas de Gortari (AMLO) y a César Duarte Jáquez (JCJ) respectivamente, para culparlos de sus propios yerros y fracasos como gobernantes.  

El problema para los chihuahuenses es que el próximo delegado federal va a continuar jodiendo por tres años más y confundiendo su pasión sectaria por MaryMar (Marcelo Ebrard y Mario Delgado) con la objetividad, responsabilidad y la prudencia que exige el cargo. 

Esta actitud pendenciera de Loera va a perjudicar la coordinación institucional del ejecutivo federal con la siguiente administración estatal y la alcaldía de Juárez.

Si lo que quiere Juan Carlos es mantenerse vigente para ir por la revancha de la gubernatura en el 2027, que lo haga por méritos y con recursos propios, sin usar a su favor el cargo ni el dinero que la secretaría del bienestar entrega como apoyos federales.

Es cuanto.