Opinion
Crónicas de mis Recuerdos

Ketelsen y Degetau: almacenes que hicieron historia en Chihuahua

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/ Almacenes Ketelsen Degetau, se encontraban a espaldas del antiguo edificio de la Presidencia Municipal de Chihuahua en 1875.
/ Publicidad de la época anunciando los distintos almacenes propiedad de los señores don Emilio Ketelsen y don Benjamín Degetau

Oscar A. Viramontes Olivas

domingo, 31 mayo 2020 | 05:00

Remontándonos casi al final del siglo XIX en la pasiva ciudad de Chihuahua cuando el progreso empezaba a tener un pequeño comienzo con la llegada del ferrocarril a esta tierras secas y arenosas, donde algunos extranjeros a parte de españoles, empezarían a sentar raíces y hacer de esta región una zona próspera, fue así, que los señores Emilio Ketelsen y Benjamín Degetau de origen alemán, tendrían a bien formular un plan más allá de un simple proyecto financiero, no, se trataba de un importante diseño de negocios donde se asentarían con importante capital para abrir una negociación que en su tiempo fue tan importante, la cual se expandiría más allá de las fronteras chihuahuenses a la cual, le llamaron “Ketelsen y Degetau”.  

Ésta sería indudablemente la primera y más importante empresa en el estado de Chihuahua no sólo por el capital de sus socios, sino también por la magnitud y extensión de los negocios que iban a desarrollarse; su inmueble, sería instalado a espaldas de donde había existía el viejo edificio del Ayuntamiento de Chihuahua, el cual, fue llamado “Los Arcos de la Jefatura” (hoy edificio de la actual Presidencia municipal). Ahí, se encontraba la cárcel y además el salón de sesiones del ayuntamiento el cual, se encontraba entre las calles del Comercio (hoy avenida Independencia) entre La Libertad (hoy Libertad solamente) y la Guadalupe Victoria o calle Victoria.

Los señores don Emilio Ketelsen y don Benjamín Degetau, fueron miembros de la laboriosa y honrada colonia alemana establecida en la ciudad de Chihuahua aproximadamente en 1855 y el edificio que ocuparía su casa comercial, empezaría a ser construida en el verano caliente de 1870 y ya para 1882 alcanzaría un éxito notable, al expandirse en un anexo que se terminaría en 1883; en el caso del edificio principal, éste era de piedra y mezcla con frentes de cantería; el anexo sería de adobe con divisiones de fierro y madera.  Ningún establecimiento comercial en Chihuahua tendría la importancia y el crédito de la casa “Ketelsen y Degetau”, ya que en la mayoría de los casos, surtía el listado de sus clientes y algo muy importante con especialidad de mercancía, especialmente para los pueblos del Estado y actividades mineras para la zona serrana. 

Diariamente se veía frente a la casa Ketelsen y Degetau, convoyes de carros, carretas y batajos de mulas y burros que llegaban a surtirse de mercancías para las comunidades foráneas, donde se llegaba a registrar un tráfico importante que cargaban mercancía de los almacenes de depósito establecidos en la Estación Central de ferrocarriles. 

En estos, se entregaba la carga dirigida a los pueblos de Rosales, Meoqui, Jiménez, Parral y otras partes del Estado; sus grandes ventas se hacían para las comunidades del oeste y del noroeste, pues en los almacenes de la Libertad sólo se entregaban las ventas relativamente pequeñas. El edificio o almacén era de dos pisos y bastante espacioso, pero el constante aumento de las ventas y negocios que se hacían ahí, haría indispensable ampliar los almacenes para lo cual, se agregaría al edificio principal otro contiguo que fue derrumbado y reconstruido de modo que sirviera de amplísima bodega con puertas a las calles “La Libertad” y Guadalupe Victoria.

Dos serían las divisiones principales de la casa Ketelsen y Degetau: la tienda y el almacén de ropa en el que se encontraban desde telas finas y de exquisito gusto, hasta la humilde manta trigueña; además, se complementaba con el almacén de la ferretería en el que se hallaba a la venta desde complicada maquinaria y útiles para minas, hasta lo más sencillo: clavos, artículos de escritorio, entre otras cosas, además, se le anexaría al departamento de ropa el expendio de los excelentes artefactos de lana de la fábrica “La Concordia”, situada a inmediaciones de la precaria ciudad de Chihuahua.

Hablando de esa fábrica establecida en los suburbios del sureste de la ciudad de Chihuahua que posteriormente se convertiría en el ejido “Concordia” hoy colonia, contribuiría a finales del siglo XIX y principios del XX al progreso local, dando empleo a cientos de personas habidos de un trabajo para la manutención de su hogar. 

Se iniciaría con un capital de $500 mil pesos que servirían para la  instalación de maquinaria que sería adquirida en diversas partes de Europa, en las que se elaborarían inmensas cantidades de la famosa lana English Cheviot y sólo ellas, podían sujetarse al especial procedimiento que se necesitaba para emplear y producir el más blando y fino casimir. Era de lo más  moderno y la mayor parte sería traída de Inglaterra y Alemania, su costo, alcanzaría la respetable suma de $200 mil pesos. 

En este sentido, se hace mención especial de estas supremas máquinas porque en los primeros días de nuestra industria, atraerían la atención de toda la República con especialidad naturalmente sobre el listado de Chihuahua y justo es decir, que el extraordinario desarrollo a que llegaría se había debido a la energía y constancia de los señores K. Ketelsen, presidente de la Compañía y Leopoldo Von Kessel, gerente general.

Los departamentos de esta fábrica eran muy amplios y bien distribuidos ventilados y llenos de luz en el día, por lo que entraba por su alegre ventanería y en la noche, por su magnífica instalación eléctrica. En el departamento de hilar, había cuatro máquinas inglesas de hilar de sesenta pulgadas de ancho; cuatro máquinas de hilar, una de torcer o entrenzar, dos de escardar o recibir y un grupo de hilo de lana con un costo de $7 mil pesos. 

En los cuartos de tejido, había treinta y dos telares, dos máquinas de medir, dos para devanar y cinco para fabricar telas de fantasía. En el mismo departamento, estaban instaladas cuatro máquinas para lavar paños, cuatro para hacer lanilla, dos para cortar o igualar el pelo de los paños, un cepillador y una para prensar paños. De esta fábrica salía mucha de la mercancía que se vendía en los almacenes Ketelsen y Degetau.

Los mismos señores Ketelsen y Degetau serían fabricantes do casimires, cobertores, franelas, alfombras, mezclilla, entre otras productos. Eran también agentes del Banco Nacional de México en Ciudad Juárez y representantes de una compañía de Seguros contra Incendio “La Magdeburguesa”, de Magdeburgo, Alemania. Tenían su oficina especial para cambio de dinero y se encargan de despachos aduanales bajo condiciones muy ventajosas y vendían y compraban letras de cambio sobre el interior y el extranjero. Casas como la de los Señores Ketelsen y Degetau, siempre representaron un prestigio en el fomento del progreso chihuahuense.

La Casa Ketelsen y Degetau, llegaron a tener sucursales en el Paso, Texas, Ciudad Juárez y  Cusihuiriachi, siendo gerente en Chihuahua don Othón Sarlorius; en Ciudad Juárez, Máximo Weber;  Cusihuiriachi, Juan B. Bárcenas. Estos caballeros eran muy conocidos por sus aptitudes para el comercio, ya que habían contribuido poderosamente en su esfera de acción, al justo crédito de que gozaba la casa y a no dudarlo, a su habilidad y honradez se debió en gran parte la prosperidad de aquel y constante incremento de sus operaciones mercantiles. 

En esta ciudad, había treinta y seis dependientes que apenas eran suficientes para el escritorio y el activo despacho. De las tiendas y  almacenes llegaron a constarse hasta ochenta el número de dependientes ocupados por los señores Ketelsen y Degetau. Todos los dependientes eran jóvenes decentes y de una educación a prueba de todo ya que siempre se distinguieron por tratar bien a la clientela. 

Don Emilio Ketelsen contraería matrimonio con una linda chihuahuense, la muy respetable señora Laura Müller, fijando definidamente su residencia en esta ciudad, cuna de sus hijos; mientras que su socio don Benjamín Degetau viviría en Alemania, gozando del fruto de su trabajo. 

Finalmente en 1905 se disolvería la sociedad Ketelsen y Degetau, sin embargo se renovaría entre Emilia Sukamp y Carlos E. Ketelsen en 1905, su razón social sería “Ketelsen, Degetau y Sucesores”, reiniciando sociedad con un capital de $100 mil pesos, aunque de acuerdo a lo afirmado por Brígida Von Mentz: “Este era sólo el capital exhibido, ya que si se agregaban los invertidos en otras actividades, donde se podría reunir con facilidad medio millón de pesos invertidos en bienes raíces y capital fijo. Además, el giro mercantil tenía ventas mayores al millón anual.”

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Fuentes:

El Correo de Chihuahua (1900); Hemeroteca Digital UNAM: Revista de Chihuahua (1890). Fotos: Fototeca-INAH-Chihuahua.

violioscar@gmail.com

Maestro-investigador-FCA-UACh