Opinion

La apuesta de Pascal

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Jorge Breceda

sábado, 21 marzo 2020 | 05:00

Blaise Pascal fue quien inventó la apuesta con el objetivo de favorecer la creencia en Dios, el escritor francés concatenando cuatro premisas infirió que es mejor -racionalmente- creer en Dios que no hacerlo, por dos razones: primera, de existir un Dios se tendría la posibilidad de una dicha perenne, segunda, de no existir Dios, no habría consecuencia alguna. A esto, él dirá: “si gana, lo gana todo; si pierde, no pierde nada. Apueste a que existe sin dudar”.

Explicada la apuesta de Pascal, ahora vayamos a dos situaciones, el primero es que el tema del coronavirus tuvo su génesis hace mas de tres meses, en Húběi, China. Segunda, si algo ha construido la globalización es un planeta caracterizado por la interconectividad, lo que trae como consecuencia que -por ejemplo- lo sucedido en Barcelona, España, afecte la ciudad de Quebec, Canadá, por ello, es indiscutible que desde la génesis del Covid-19 se estuvo en aptitud de proyectar el riesgo y con ello, “creer en su mortalidad”.

Posterior a la socialización del virus, se escuchaban discursos de lideres mundiales que le restaban valor a lo que sucedía en China, minimizaron la peligrosidad del virus o fijaron diagnósticos equívocos, eludiendo con ello, cualquier acción gubernamental y compromiso hacia el derecho a la salud de su gobernado.

¿Qué sucedió al tiempo? EU decidió cerrar parcialmente la frontera; en Alemania se declaró que “desde la Segunda Guerra Mundial no se había tenido un reto de tal magnitud”, Colombia y Perú declararon el aislamiento, así como España e Italia que articularon el confinamiento a su población.  

En esta revisión de acciones reactivas, como siempre sobresale Francia: un ejemplo de los más altos postulados humanitarios. El gobierno francés anunció que se invertirán millones de euros para adjudicarse el pago de los créditos bancarios de sus gobernados, así como se suspenderá el pago de impuestos y de servicios públicos -agua, luz y gas-.

Todas estas reacciones son derivadas del caos social, el miedo y la incertidumbre pública, la recesión económica que se vivirá, lo exponencialmente peligroso del virus, y por supuesto, las muertes provocadas por el Covid-19, todas estas, deberían de funcionar como lecciones ilustrativas de la importancia de la prevención. 

Sin embargo, ¿qué ha pasado en el Gobierno federal, estatal y municipal? Han implementado una gran estrategia mercadológica para minimizar el riesgo de contagio, explicar la fragilidad y quitar peligrosidad del Coronavirus, establecer parámetros de edad más o menos susceptibles al virus y restar valía al número de muertes.    

En este sentido, sobresalen los discursos que han llegado a asignarle valor a las vidas, mencionándose: “no se preocupe, solo tiene el tres por ciento de mortalidad” o utilizando datos comparativos, sobre qué causa mayor número de muertes, confrontando así, al coronavirus y la diabetes, al cáncer o las picaduras de abejas. Sobra decir que el Covid-19 es menos mortal. 

Tales hechos exponen una terrible deshumanización y proclaman el más necio de los pecados: la soberbia. La deshumanización porque no importa que el coronavirus provoque menos mortalidad que el SARS o que andar en bicicleta -con una mano-, con la certeza que provocará muertes -con ello: dolor- es suficiente.

La soberbia porque se establece la premisa que el coronavirus esta tan ajeno y lejano a usted y a su entorno que no pueden ser contagiados, por lo tanto: “que la vida no pare”. Actitud que refleja la desdichada desafección social, que no es más que la ignorancia sobre la fragilidad humana y la globalidad en la que vivimos. 

Ahora bien, en lo relatado se observa entre la parálisis gubernamental hasta la negligencia de estado, por ello, veo la necesidad de traer a la palestra la Apuesta de Pascal en versión Covid-19, que seria algo así como: ¡demos por hecho que el coronavirus nos infectará y moriremos!

Bajo esa premisa, se deben de maximizar las medidas de prevención, con ello, si la vida capitalista debe detenerse, pues ¡que se paralice!, pero ¿qué pasa con los pobres? ¿Con las personas que viven al día? ¿Con los que no tienen casa?, la solución -nada innovadora- es copiar el actuar francés, después de todo, ¿no solicitaría un préstamo si este le diera la oportunidad de vivir?

Reflexiónelo, aquí la premisa de la apuesta de pascal sería: “si gana, gana vivir, si pierde, adquiere una deuda pecuniaria”, por lo tanto, de vivir a deber, se debe apostar por la vida. Porque no priorizar la vida como acción gubernamental, sin duda, representa una patología tal vez mas grave que el propio Coronavirus.