Opinion

La capacidad no tiene género

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Héctor García Aguirre

martes, 20 abril 2021 | 05:00

“La aseveración sobre la inferioridad de las mujeres, fundada en un prejuicio y en una tradición popular, es falsa, las mujeres son tan dignas, tan perfectas y tan capaces como los hombres. La igualdad de los sexos (discurso), François Poullain de La Barre, 1679.

Múltiples controversias ha suscitado la desigualdad entre hombres y mujeres durante los últimos años, no obstante, esa diferencia de trato es, tal vez genética, el hombre primitivo era quien salía de cacería mientras la mujer permanecía en lo que quizá sería su hogar, por así decirlo.

Hasta hace relativamente poco tiempo, y parece tema de moda, se popularizó la relación hombre-mujer, en donde al parecer, lo primordial, para los y las feministas, es el empoderamiento de la mujer, argumentando el sometimiento ancestral del hombre.

El feminismo, de acuerdo al diccionario Larousse, es un movimiento social que reivindica para la mujer, en el terreno jurídico, su plena igualdad de derechos civiles con el hombre; en el político, el derecho a votar y a ser votada; en el económico, el derecho de la mujer a acceder a todas las profesiones y a ser retribuida como el hombre.

Esta doctrina no es nueva, ya en el siglo III a.c., Hiparquía, una de las primeras filósofas griegas con principios feministas, se involucró en una actividad eminentemente varonil: la filosofía. Paradójicamente, en la edad media fue  un hombre quien sentó las bases del feminismo, el sacerdote francés  François Poullain de La Barre en su discurso “De la Igualdad de los dos sexos”. Siguieron otras figuras entre las que destaca Sor Juana Inés de la Cruz, pionera del feminismo en México con su poema Hombres necios que acusáis y otras obras que lo apuntalaron.

Sin embargo, considero que esa corriente legítima que fue creada para contrarrestar el dominio masculino, ha caído, en algunas feministas, en la misandria, es decir, en el odio a los hombres y todo lo que ellos representan. 

Estamos de acuerdo con este movimiento, no podemos ir en contra de la historia que nos ha confirmado que el auténtico feminismo ha disminuido la brecha entre hombres y mujeres. 

El feminismo ha fomentado un conjunto de ideas, creencias y valores sociales en relación a la diferencia de género, la igualdad y la justicia, también llamada equidad de género siendo, desde luego, un movimiento plausible cuyo objetivo es ofrecer a todas las personas, independientemente de su género, las mismas condiciones, oportunidades y tratamiento, teniendo en cuenta las características inmanentes a cada persona.

Sin embargo, considero se está abusando de la equidad de género, pues ahora se exige, erróneamente, que en la vida política y laboral, participen igual número de hombres y mujeres, es decir, que se dé un puesto político o laboral a un hombre por el sólo hecho de ser hombre o a una mujer por el sólo hecho de serlo; este sesgo que se le ha dado a la equidad de género ha pasado por alto la necesidad que tenemos todas las personas de tener en los puestos laborales o políticos a las mejores mujeres y a los mejores hombres, sin que le sean asignados por esa única condición.

Las grandes empresas como Google, Microsoft, Amazon, Facebook, entre otras, cada año lanzan una convocatoria a nivel internacional para seleccionar a las mejores personas, independientemente de su sexo, género, orientación o preferencias sexuales, es decir, no les interesa cuántos hombres o cuántas mujeres van a integrar la lista de ganadores porque su pretensión no se basa en la equidad de género, sino en la capacidad de las personas.

Lo mismo sucede con las convocatorias que para jueces y juezas lanzan los tribunales superiores de justicia de las entidades federativas o el Poder Judicial de la Federación.

Las olimpiadas de matemáticas, física, química, computación o robótica que escalan de un nivel local a uno mundial, no condicionan al género o sexo de los o las participantes, y así, bien pueden representar a México en una olimpiada internacional sólo mujeres, sólo hombres o en mayor proporción unas y otros o viceversa

En sendos casos llegaron a obtener un lugar académico o laboral por su capacidad sin que nada tuviera que ver la equidad de género.

Los partidos políticos, por disposición oficial, deben postular igual número de hombres y mujeres para contender por un puesto público, sin que importe si son capaces o no para desempeñarlo; no hay, pues, un proceso de selección en base al talento o capacidad en las personas designadas, en el peor de los casos, se les asigna una candidatura por la popularidad que tienen en su pueblo, barrio o colonia, cualidad que nada tiene que ver con la capacidad y que a la postre dan como resultado que en los cargos públicos, tengamos verdaderos convidados de piedra o servidores públicos ineficientes, porque no están capacitados para la delicada labor que implica un puesto público, ya sea administrativo o legislativo. Este sistema para “seleccionar” candidatas o candidatos, sólo trae, en la mayoría de los caso, un servicio mediocre y costoso para el erario. Nada importaría que prevaleciera un determinado género o su combinación, siempre que esas personas fueran las mejores para dirigir el destino de nuestra sociedad.

Que la capacidad sea el derrotero que conduzca el buque hacia la prosperidad, y no la equidad de género.

Que así sea.