Opinion

La carambola que puso a Lozoya en la cárcel

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Francisco Garfias

sábado, 06 noviembre 2021 | 05:00

En los pasillos del Senado escuché la versión de que la salida de Julio Scherer de la Consejería Jurídica de Presidencia dejó en el desamparo a Emilio Lozoya.

Ya sin el cobijo de su otrora poderoso protector, el exdirector de Pemex quedó a merced de la justicia. El juez le dictó prisión preventiva justificada, con el gastado alegato de que tiene los recursos para fugarse.

Lozoya los tuvo cuando llegó extraditado. Los tiene ahora. No se fugó. ¿Por qué iba a hacerlo si llevaba su proceso en libertad y hasta salía a restaurantes de lujo?

Le doy crédito a la versión de que perdió el apoyo de Julio, por la calidad de la fuente. Eso contribuyó a que hoy duerma en la cárcel. Pero también a la foto que le tomó la periodista Lourdes Mendoza en el restaurante Hunan de las Lomas y a la presión mediática y social que la imagen provocó.

Está el oficio de los abogados de Lozoya que el coordinador del llamado Grupo Plural en el Senado, Germán Martínez, leyó el jueves desde su escaño. Dice el documento:

“Esta defensa manifiesta que el señor Emilio Ricardo Lozoya Austin mantiene su firme colaboración con la Presidencia de la República.

“Lo anterior en el marco del criterio de oportunidad solicitado antes de su arribo a territorio nacional, el cual se traduce en una comunicación sólida y permanente con las instituciones de justicia penal y la Presidencia de la República”.

Lo último le brincó a Germán. El senador pide que se explique a la Cámara alta con quiénes de la Presidencia de la República tenía trato el señor Lozoya.  “Si no es cierto, entonces, ¿porqué lo ponen los abogados”, subrayó.

“Yo le creo al Presidente que es autónoma la Fiscalía. Entonces que venga a explicar. Ante esta soberanía rinde cuentas la Fiscalía, no en las mañaneras”, dijo, después, en una charla en corto.

* El aplazamiento de la reforma eléctrica hasta abril de 2022 no es sorpresa. Una y otra vez escribimos en este espacio que Morena y sus aliados no tienen la mayoría calificada —dos tercios de los presentes— que se requiere en el Congreso para hacer las modificaciones a los artículos 25, 27 y 28 de la Constitución.

Hay quien ya la da por muerta, pero hay quien no. Es el caso de Jesús Zambrano, presidente nacional del PRD. Está convencido de que López Obrador no va a permitir que la reforma se quede en la congeladora. Tarde o temprano, pronostica, el Presidente le va a pedir a sus legisladores que la voten en el pleno, sin importarle si tiene o no la mayoría calificada.

El hombre conoce los alcances del tabasqueño. Militaron juntos en el PRD. Dice que es capaz de provocar apagones y luego decir que es por la reforma que no se aprobó.  Su razonamiento es el siguiente: “si no la aprueban, se las cobramos con el pueblo…”.

Rubén Moreira, coordinador de los diputados del PRI, no da color sobre la postura de su bancada en San Lázaro. Pide que la reforma se debata luego de las elecciones para gobernadores en 2022.

Si se discute en abril, como propone Morena, se corre el riesgo de que un debate que debe ser técnico se convierta en debate electoral, por las seis elecciones para gobernador programadas el año próximo.