Opinion

La corrección política

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Sixto Duarte

jueves, 25 junio 2020 | 05:00

Entendemos que las empresas, cuyo principal fin es lucrar, vayan adaptando sus productos a un mercado que se comporta como un niño chiple y mimado, que no puede tolerar que alguien vea el mundo de otra forma. Sin embargo, este fenómeno de la corrección política trasciende también al mercado.

Ya son varios los años en que observamos que en Estados Unidos, se dan protestas en las estatuas de personajes vinculados al bando sureño de la Guerra Civil. En el mismo sentido, los monumentos o estatuas de Cristóbal Colón han sido apedreados, a pesar de haber descubierto América.

No se puede juzgar lo que pasaba hace quinientos años con estándares de hoy. Cristóbal Colón pudo haber sido esclavista, monárquico, machista o misógino, pero debemos entender que fue un hombre producto de su época, por lo que es inadmisible juzgarle históricamente con estándares de la corrección política de hoy.

En días recientes vimos también que una estatua de Fray Junípero Serra en San Francisco, fue derribada por una muchedumbre que cree que con tirar una estatua, ya está promoviendo un mundo más igualitario. Serra, de manera concreta, y siguiendo la tradición indigenista de Fray Bartolomé de las Casas, fue un férreo defensor de las comunidades indígenas de lo que entonces era la Nueva España. Esto quiere decir que la muchedumbre, como siempre, está desprovista del raciocinio necesario para poder discernir entre el bien y el mal, y actúa únicamente por impulsos.

Para completar el cuadro de ridiculeces, y poses “progresistas”, se pretende renombrar una escuela de nombre Juan de Oñate de Las Cruces, Nuevo México, bajo el argumento que Oñate fue un genocida. Nuevamente, al igual que en el caso de Colón, se pretende juzgar a un personaje de hace más de tres siglos, con estándares de hoy. Si cualquiera de estos promotores de esta hecatombe cultural e histórica, fuera juzgado con estándares del año 2300, ¿pasaría dicha prueba? Sólo el tiempo lo dirá.

Lo curioso de todo esto es que, repudian a estos personajes, cuando la mayoría practicamos el cristianismo como religión, y hablamos el español como lengua. Quizá deberían entonces dejar sus creencias religiosas, y empezar a hablar en alguna otra lengua originaria de la región.

En este mismo sentido, y atendiendo a la corrección política con la que muchos posan, fuimos testigos hace un par de semanas que la esposa del presidente (la NO-Primera Dama, según ella) Beatriz Gutiérrez Mueller reprochó al Conapred el haber organizado un foro sobre racismo y haber invitado al mismo influencer Chumel Torres.

El Conapred determinó cancelar dicho foro, su directora renunció, y posteriormente, a Chumel Torres le retiraron su programa de HBO. En el caso de la Conapred, esto viene a reflejar la falta de garantías para poder ejercer de manera autónoma una función como la de ese órgano. En el caso de HBO, una reacción más del mercado. Esto fue motivo de festejo para la chairiza, quienes sostenían que no podía tolerarse que Chumel fuera tan racista, clasista, misógino, etc. Lo anterior lo decían por el hecho de que Torres había llamado al hijo del presidente y de Gutiérrez como “Chocoflán”, apodo con el que se le conoce en las redes sociales.

Esta nueva Inquisición, que no tolera que le llamen así al hijo del presidente, toleró durante seis años que le lanzaran toda clase de insultos, epítetos y apodos a las hijas de Enrique Peña Nieto y a las de Angélica Rivera. Con esta indignación selectiva, podemos concluir que no es que a la muchedumbre le ofenda que le hayan llamado así a un niño (a Jesús Ernesto, el hijo del presidente), simplemente les ofende que les toquen las deidades de sus creencias, mismas que en el caso concreto son encarnadas por López Obrador y su familia.

La corrección política es un instrumento que se ha utilizado para dos cosas: primero, para que cada bando (en una sociedad polarizada como la nuestra) avance en sus pretensiones de pureza, y segundo, para que cada quien sienta que está haciendo algo para reducir las desigualdades en un mundo tan desigual.

El mundo tiene que aprender a ser más tolerante. Si a alguien es privado de un derecho o una oportunidad por razón de su raza, religión, credo, preferencia sexual, u opinión política, entonces sí se estará actuando de forma ilegal, y esa acción debe ser repudiada por toda la sociedad y condenada con todo el peso de la ley. Pero si vamos a ofendernos por todo lo que se diga en los medios o en las redes sociales por parte de actores o influencers, creo que entonces es mejor dejar de ver esas plataformas. El mundo no es color rosa.