Opinion
Jaque Mate

La democracia soy yo

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Sergio Sarmiento

jueves, 01 abril 2021 | 05:00

"Los presidentes mexicanos son dictadores constitucionales, no caudillos".

Octavio Paz

Ciudad de México.- Uno de los dogmas de la Cuarta Transformación es que la democracia en México empezó en 2018 con el triunfo de Andrés Manuel López Obrador. No importa que el PRI haya perdido la mayoría absoluta de la Cámara de Diputados en 1997, ni que en 2000 un candidato de oposición haya ganado por primera vez en la historia la Presidencia, ni que solo una de cuatro elecciones presidenciales desde el 2000 haya sido ganada por el partido en el gobierno, ni que de 2015 a 2019 hayan triunfado candidatos de oposición en 64 por ciento de las elecciones para gobernadores y 67 por ciento de las municipales. Solo el triunfo de López Obrador señala el advenimiento de la democracia nacional.

Ni el presidente ni los morenistas pueden aceptar que antes de 2018 haya habido democracia porque, para ellos, todos los gobernantes de las últimas décadas pertenecieron a un solo partido, llamado PRIAN, cuyo propósito era enriquecerse con prácticas corruptas. Estos "conservadores neoliberales" no podían representar una verdadera democracia. El Instituto Federal Electoral y su sucesor, el Instituto Nacional Electoral, simplemente formaban parte de una gran conspiración para mantener a esta mafia en el poder.

El 1 de julio de 2020, aniversario "de la memorable jornada cívica que nos permitió llegar, por mandato popular, a la Presidencia de la República", el presidente dijo que esa fecha "para muchos es sinónimo de democracia". Añadió: "Olvidan que la democracia implica, en primer lugar, el respeto al mandato del pueblo, un mandato que en el pasado reciente fue atropellado por las prácticas del fraude impulsadas desde la cúspide de los poderes políticos y económico y solapadas por las autoridades electorales. Por ello, desde el 1 de diciembre de 2018 dejamos en claro que no incurriríamos en esas acciones abyectas, que observaríamos una estricta imparcialidad partidista y que respetaríamos los resultados electorales de cualquier signo".

El presidente sí ha respetado los triunfos electorales de la oposición. En 2020, por ejemplo, no hizo nada para frenar las victorias del PRI en las elecciones locales de Coahuila e Hidalgo, aunque tampoco es mucho lo que podía hacer, porque todas las elecciones en México son ya organizadas y calificadas por organismos independientes del gobierno como el INE. No ha habido en el comportamiento del presidente, sin embargo, esa "imparcialidad partidista" que pregona. Todo lo contrario. Ha utilizado la tribuna privilegiada de las mañaneras para descalificar sistemáticamente a sus rivales políticos y para defender las políticas de su gobierno. En un momento dijo que estaría dispuesto a suspender las mañaneras en tiempos de campaña, pero se negó cuando lo pidió el INE y logró el respaldo del Tribunal Electoral, el cual revirtió para eso las decisiones previas sobre la intervención del presidente en las campañas electorales.

No hay democracia perfecta en el mundo, pero la nuestra ha funcionado bastante bien desde por lo menos las reformas de la década de 1990, las cuales crearon un instituto electoral autónomo y establecieron reglas que permitían una mayor equidad en las contiendas. Hoy el presidente quiere convertir una mentira en mito histórico al afirmar que la democracia en México no nació sino hasta que él ganó la Presidencia. Si en el pasado Luis XIV afirmó "El Estado soy yo", López Obrador nos quiere hacer creer que "La democracia soy yo".

Artículo 19

AMLO rechazó ayer las críticas del Departamento de Estado de la Unión Americana a Sanjuana Martínez, directora de Notimex, por presuntamente ordenar a periodistas no publicar críticas al gobierno. Aprovechó para descalificar a Artículo 19, una organización que defiende la libertad de expresión, a la que acusó de ser conservadora y recibir dinero del extranjero.

Twitter: @SergioSarmiento