Opinion

La disciplina, vital para garantizar el éxito

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Dr. S. Álvarez A.

martes, 15 noviembre 2022 | 05:00

La Real Academia Española define la disciplina como la capacidad para poner en acción los fundamentos de la constancia y el orden. El diccionario jurídico la describe como la observancia de las leyes y ordenamientos.

En la milicia se relaciona con la obediencia jerárquica; la definen como la norma a que todo militar debe sujetar su conducta, tiene como base la obediencia, un alto concepto del honor, de la justicia y de la moral, por objeto el fiel y exacto cumplimiento de lo inscrito en las leyes y reglamentos militares.

 Las tres connotaciones de la disciplina coinciden en que el ser humano debe seguir reglas y obedecer leyes, es decir, normar su conducta a ciertos ordenamientos para no perjudicar a terceros o para que las cosas salgan bien. De la experiencia nacen las frases célebres, una de ellas describe que “los protocolos y reglas hicieron al ser humano, sin ellos sería un animal sobreviviendo en la ley del más fuerte”.

Todos tenemos claro que el ser humano tiene dos personalidades: la emocional y racional. La emocional transita en el rango del amor, la compasión, euforia, miedo y la violencia; estos estados de ánimo son volubles, no tienen límites y es común que inciten a cometer errores que perjudican a terceros. La racional se manifiesta en personas prudentes, analistas, perfeccionistas y a veces intransigentes, pero normalmente logran sus metas.

 Ambas personalidades se mueven en los extremos de la conducta humana.

La experiencia revela que los extremos nunca han sido buenos. Demasiado emocional es garantía de tropiezos constantes, el corazón bondadoso nunca ha tenido buenos resultados; muy racional tampoco, las personas se vuelven perfeccionistas, retardan decisiones y pierden oportunidades, esa actitud abre las puertas al reduccionismo y autoritarismo.

 El reto es encontrar un equilibrio.

 Ese estadio mental lo denomina Daniel Goleman como inteligencia emocional, en ese punto el ser humano entiende sus emociones y las de los demás, las razona, las visualiza desde diferentes ángulos, mide los costos, beneficios, infiere las consecuencias, utiliza su experiencia, conocimientos y toma decisiones acertadas.

La autodisciplina es construida cuando el consciente y subconsciente se conectan para encender la voluntad, actitud y la pasión del ser humano. La voluntad se entiende como el deseo de querer hacer algo importante en la vida,la actitud es la iniciativa para hacer realidad ese deseo, utilizando todo su tiempo, esfuerzo, experiencia, inteligencia y creatividad, hasta observar la frontera de su ignorancia; ahí empieza la pasión, significa un esfuerzo extraordinario, en donde busca ayuda de expertos y abreva más experiencias. Con ese nuevo conocimiento rediseña, reconstruye, simplifica, rompe paradigmas y formula otros modelos de vida.

La autodisciplina es una actitud individual, siembra las raíces, sienta sus bases y construye pilares de crecimiento en los principios de la ética. En ese tenor, la autodisciplina en términos prácticos se puede entender como “la capacidad del ser humano para tener autocontrol, iniciativa, hacer las cosas muy bien de manera voluntaria, con actitud y pasión, sin importar el qué dirán, siguiendo reglas y sin necesidad de presiones del jefe”.

De la autodisciplina nace la disciplina. Significa la suma de conductas armonizadas, se aplica a lo grupal, se sustenta en las bases de la moral, se trata de la observancia de leyes, ordenamientos y protocolos, en la administración, la milicia y la Iglesia, se relaciona con el mandar y obedecer a través de estructuras jerárquicas para alcanzar fines colectivos.

 Maurice Joly, en su libro “Diálogos en el infierno entre Maquiavelo y Montesquieu”, resalta que “el ser humano  por naturaleza tiene dos partes, la bon dadosa y la salvaje”: la bondadosa se regula con diálogo, la salvaje es domada con reglas coercitivas, es decir, normas de conducta inscritas en leyes, eso significa disciplinar al ciudadano para que no abuse. En esa tesitura, Montesquieu, en su obra el “Espíritu de las leyes”, describe que “ya está comprobado que el ser humano cuando tiene poder tiende a abusar de él”, por eso debe ser dividido en Ejecutivo, Legislativo y Judicial, para disciplinar y crear contrapesos a quienes ejerzan el poder.

La disciplina no es exclusiva de las fuerzas armadas, el contenido de la Constitución, de las leyes y reglamentos, son normas a las que el ciudadano debe sujetar su conducta. Eso es disciplina, el principio de facultades expresas obliga a las autoridades a realizar únicamente lo que está escrito en la ley, eso también es disciplina, pero no se ha entendido de esa manera; el ser humano no está acostumbrado a cumplir reglas porque son restrictivas, pero cuando viaja a otro país sí obedece los reglamentos, eso finalmente es disciplina.

En la milicia la disciplina es férrea, es la columna vertebral del ejército, porque su misión es de seguridad y para cumplirla requiere de armas, contingentes adiestrados y equipados. Eso representa el poder militar del Estado mexicano, por eso el fuero militar es indispensable para velar por la disciplina; al aplicarla crea controles internos, se mantiene entre jerarquías mandando y obedeciendo, el superior ordena y vigila el buen comportamiento del subordinado, el subordinado obedece, pero denuncia al superior cuando observa irregularidades.

En la actualidad sigue latente la intención de acotar el fuero militar. La palabra fuero no significa privilegios o impunidad, significa “sistema de justicia exclusivo para velar por la disciplina militar”; al igual que el fuero civil, tiene autonomía y se rige por la Constitución, camina en los principios de legalidad, transparencia, respeto y honestidad, es el centinela de la conducta militar, establece controles y contrapesos internos. Durante más de cien años ha funcionado muy bien, a tal grado que el poder de las armas depositado en los militares ha sido utilizado para acompañar transiciones políticas, económicas, sociales y culturales que han realizado los civiles.

 Por tal razón conviene que cada debate sobre el fuero militar sea sustentado con argumentos etimológicos, filosóficos, en la realidad nacional, trasnacional, necesidades actuales y futuras, porque acotar el fuero de guerra socava la autoridad de los mandos para mantener la disciplina. Es como restar autoridad a los padres de familia, provocaría que los hijos hicieran lo que quisieran; en la milicia alentaría la desobediencia, el desorden y la corrupción, la sociedad quedaría expuesta al abuso de poder.

 Para que la disciplina sea efectiva se requieren tres componentes: primero, las normas de conducta sustentadas en la experiencia; segundo, el ciudadano civil o militar que sujeta su conducta a esas reglas; y tercero, los tribunales penales o administrativos que sancionan las acciones u omisiones del ser humano, para que corrija su actuación, que no abuse y que anteponga el interés particular al bien común. La conexión de los tres eslabones cierra la cadena del éxito.

 La autodisciplina y la disciplina son reales, un ejemplo claro lo observamos en la sociedades alemana, japonesa y china. Las dos primeras fueron devastadas durante la primera y segunda guerras mundiales; China por muchos años permaneció bajo el yugo imperialista. Ante esas crisis y carencias, cada ciudadano alemán, japonés y chino se automotivó, se convenció, tomó la iniciativa y puso en práctica su voluntad, actitud y pasión para trabajar por la familia y su país. La suma de esfuerzos develó la disciplina social, esta sinergia permitió que las tres naciones florecieran en poco tiempo y alcanzarán mejores estándares de bienestar hasta convertirse en potencias globales.

 En México la disciplina es endeble; no obstante, en la administración pública y privada se pueden practicar y evaluar diariamente los más de 30 indicadores de la disciplina, empezando por lo poco, mediano o mucho que los trabajadores tengan de voluntad, actitud, pasión, iniciativa, puntualidad, limpieza, orden, respeto, responsabilidad, transparencia, lealtad, facilidad de palabra, conocimientos, experiencia, condición física, salud, capacitación técnica, desarrollo profesional, viabilidad de propuestas, metas y objetivos, trato con las personas, motivación y moral del personal, capacidad de trabajo, de planeación, habilidades para mandar, obedecer, manejo de personal, de recursos financieros y liderazgo para alcanzar objetivos.

En la sociedad también pueden ser aplicables esos indicadores: en cada casa, plantel o grupo social, se pueden enseñar y evaluar periódicamente a los niños, jóvenes e inclusive adultos. Los resultados serán asombrosos, revelarán lo poco, mediano o mucho de disciplina que tiene cada uno. La experiencia ha demostrado que las personas y grupos disciplinados tienen garantía de éxito, las que medianamente son disciplinadas más o menos les va bien y los indisciplinados tienen asegurado el fracaso y la decepción.

En conclusión, la experiencia ha demostrado que ser disciplinado es garantía de éxito, por ello si cada ciudadano reflexiona y practica diariamente los indicadores de la disciplina, tendremos niñas, jóvenes y adultos haciendo cada uno lo que le corresponde, cumpliendo sus obligaciones y exigiendo sus derechos. Este ejercicio propositivo motivará el crecimiento personal, familiar, laboral, profesional, social y nacional, el resultado será una aportación colectiva tendente a mejorar las condiciones de bienestar y seguridad para todos los mexicanos.