Opinion
Periscopio

La eficacia de los precios de garantía

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Armando Sepúlveda Sáenz
miércoles, 17 abril 2019 | 00:48

Al inicio de marzo se emitieron los lineamientos para la aplicación de los precios de garantía, que concretan una promesa de campaña e instrumenta el presidente de la república Andrés Manuel Lopez Obrador (DOF: 01/03/2019). Serán aplicados  por el nuevo organismo descentralizado de la Secretaría de Agricultura y Desarrollo Rural, Seguridad Alimentaria (SEGAL).

Los beneficiarios de esta medida de política agropecuaria son los “los pequeños y medianos productores de maíz, frijol, arroz, trigo panificable y leche”. En el caso del maíz aplica a los que cuenten con 5 hectáreas de superficie en régimen de temporal y en frijol aquellos que dispongan de hasta 20 de temporal y hasta 5 de riego. En arroz y trigo panificable se definirán en su oportunidad mediante otros criterios. Adicionalmente “se otorgará apoyo económico a productores de maíz para el traslado de su grano, de la unidad de producción al centro de acopio. Dicho apoyo consistirá en un monto de $150 (CIENTO CINCUENTA PESOS 00/100 M.N.) por tonelada, sin exceder el costo de traslado de 20 toneladas por ciclo y se cubrirá cuando se realice el pago del grano al productor”.

Las condiciones de producción para cada tipo de productor son muy diversas, interesa en esta ocasión referirnos al grupo de productores de maíz.

El Acuerdo del Ejecutivo Federal, es muy preciso en cuanto el propósito de los precios de garantía: “Objetivo General del Programa: Incrementar el ingreso de los pequeños productores agropecuarios, para contribuir a mejorar su nivel de vida”. Es decir, corresponde a una medida adicional a las ya instrumentadas con fines asistencialistas. Esto es, para financiar la disponibilidad monetaria para el gasto familiar. Por desgracia la mayoría de los productores de maíz blanco son adultos de 52 años en promedio y por tanto, no alcanzan a ser beneficiarios del programa para adultos mayores (65 años y más). Para aquellos que son sujetos de este beneficio, su consolidación será, desde una perspectiva asistencialista, muy buena. Ahora que, si se trata del titular de un predio con 5 ha., y cuenta con 70 años, pues puede contratar al vecino para que las trabaje. 

El precio garantizado por tonelada de maíz (supongo que sin discriminar el amarillo) es de 5,610 pesos y en volumen, SEGALMEX admitirá hasta 20 toneladas por productor lo que arroja un ingreso bruto de 112,200 pesos por agricultor propietario de 5 hectáreas, más el apoyo para acarreo al centro de acopio. Claro, a esta cifra hay que descontarle el costo de producción, incluyendo la prima del seguro agrícola. 

El precio objetivo acordado con la Secretaría de Agricultura y Desarrollo Rural con los productores de maíz de Sinaloa, cosecha Otoño-Invierno (condiciones de riego) está en 4,150 pesos por tonelada. Esto es, 35 por ciento por debajo del precio de garantía para parvifundistas de temporal. 

Si consideramos que en condiciones de temporal el rendimiento promedio por hectárea es apenas superior a dos toneladas y las condicionantes son 5 hectáreas en explotación con un rendimiento máximo 20 toneladas; pues queda prefiguradas la posibilidad de simular rendimientos de 4 toneladas por hectárea, cuando el productor de riego alcanza rendimientos promedio de 7 toneladas por hectárea (riego comercial tecnificado hasta 16 toneladas). Así veremos un “milagroso incremento” de la productividad en temporal, aunque no llueva. Y los productores de riego harán el negocio del siglo, al compartir el diferencial entre un precio de garantía (del que gozarán los campesinos) y el de mercado puesto en bodega (que les corresponde a los productores comerciales). Como las limitaciones productivas (pobre calidad de suelos, precipitación pluvial errática o insuficiente, plagas, y reducida aplicación de fertilizantes químicos u orgánicos, escasa tecnología, entre otros factores),  la productividad real por hectárea permanecerá invariable o se incrementará en escala mínima. En cambio los productores comerciales de maíz al obtener un beneficio adicional (mediante el traslado de producción al dominio de los parvifundistas de temporal) se verán incentivados a aumentar el rendimiento por hectárea. Y ¡eureka! habrá mayor producción de maíz (blanco y amarillo pero sobre todo del blanco en el ciclo de Primavera-Verano).

Cuando se ha mencionado el enorme déficit por importaciones de maíz no se distingue entre el maíz amarillo y el blanco. Afirmando la existencia del déficit y lo remoto que estamos de la autosuficiencia, se puede calificar como fracaso del neoliberalismo en proteger la soberanía alimentaria.  

Hay que considerar algunos hechos. Los mexicanos consumimos menos kilos per cápita de maíz; no nos gustan las tortillas amarillas y dulces elaboradas con maíz amarillo, los productores tradicionales producen maíz blanco porque también lo consumen y los conservan como simiente; es el cultivo en el que están especializados y con el que pueden alimentarse y comercializar mejor. La dieta del mexicano ha cambiado hacia la proteína animal y los productos de harina de trigo. La ganadería insume granos y alimentos balanceados para alimentar el ganado que más tarde se incorpora a la satisfacción de la dieta humana que demanda la producción creciente de proteína animal. 

Si se distingue el maíz blanco del amarillo, podemos establecer que salvo años adversos para la productores tradicionales, México es autosuficiente en maíz blanco, incluso los excedentes propician la caída del precio de mercado y su orientación para insumo animal.

Así que lo previsible es que sigamos siendo deficitarios en maíz amarillo en tanto los precios internacionales de éste sean significativamente menores a los nacionales y se mantenga la tendencia del consumo de proteína animal. Gracias a los precios de garantía tendremos exceso de oferta de maíz blanco que deberá  colocarse en el mercado a bajos precios y para consumo animal. A menos que revirtamos el cambio en la dieta del mexicano.