Opinion

La enfermedad del hueso

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Gabriela Borunda

domingo, 14 noviembre 2021 | 05:00

Algunos somos fanáticos del federalismo y la separación de poderes desde la escuela primaria, admito que Vicente Guerrero fue mi primer amor, y ya veíamos con sospechosismo foxista el hecho de que el presidente López Obrador estuviera presionando a la Suprema Corte de Justicia de la Nación. El asunto ya se veía francamente mal hasta que Lorenzo Córdova en un alarde de torpeza política nos explicó frente al Congreso y en red nacional, casi con dibujitos, porque el Presidente tiene sin dormir a la Suprema Corte.

Aclara Lorenzo Córdova que le tiene muy sin cuidado la Constitución, en particular el artículo 127 que exige fijar el sueldo, empezando por el Presidente de la República, lo que influye en todo el sistema de remuneraciones, porque el sueldo de éste es el referente máximo para la determinación del resto de salarios del servicio público. Lorenzo Córdova que gana al año 4 millones 300 mil pesos está confiando que los magistrados de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, que cobran 5 millones 700 mil pesos anuales, van a dirimir la controversia sobre salarios y remuneraciones a su favor; ese es un dinero que el desarrollo social de la nación necesita con urgencia.

Le explico, mi nunca muy odiado Enrique Peña Nieto revisó el cheque de algún maestro y llegó a la conclusión de que era demasiado dinero pagar ese monto por educación, a nuestro salario bruto y exiguo se le suman algunas prestaciones como despensa, guardería, o material didáctico, demasiado dinero tirado en los maestros, dinero que él y la gaviota, podían gastar en Beverly Hills, por lo que nos aplicó la ley de salario integrado, donde se incluían los 100 pesos mensuales de ayuda para transporte, visto como salario integrado y no salario bruto, nuestro sueldo parecía mucho mayor, un profesor de media jornada que perciba seis mil a la quincena, percibirá en salario integrado un salario de quince mil pesos, lo que hace que su sueldo brinque de tabulador y termine pagando impuestos de un salario que no gana, porque de ahí se descuenta la seguridad social, el  fondo de pensiones, ISR y Fovissste, entre otros.

Pero el salario integrado que aplica para los maestros no aplica para los consejeros electorales ni para los magistrados, es decir que Lorenzo Córdova tiene un salario bruto y muy bruto de 17 mil pesos a la quincena y los impuestos que se le cobran a este príncipe son exclusivamente sobre esos 17 mil, sin embargo su compensación roza los 300 mil pesos y queda exenta de cualquier impuesto, se le cobra más a quien menos gana, ¿nos vamos entendiendo?

La compensación tiene su justificación en el hecho de que los cargos políticos son momentáneos y no generarán antigüedad ni derechos, pero en los hechos lo que existe es una carrera o un parasitismo político que el propio López Obrador diagnosticó en Víctor Quintana: tiene la enfermedad del hueso.   Quintana rechazó la candidatura de Morena a la gubernatura del estado de Chihuahua en el 2017, para irse de paje con Javier Corral, por cierto, Quintana ya volvió al hueso con Morena.

Quintana es diputado desde que yo era niña y ya tengo mis propios hijos. La familia Aguilar, los niños Borruel, los Barousse, los gobernadores Madrazo y una larga lista de políticos que no han tenido ningún paso efímero por la política, llegan para quedarse, a algunos sólo los moveremos de su curul tras morir de viejos, saldrán del Congreso en carroza fúnebre.

Los funcionarios de primer nivel no se dejan bajar su inmenso sueldo, comen todos los días el pabellón francés a costa del erario público y hasta los gastos de la planchaduría meten como viáticos, yo propongo que les tabulemos un salario integrado y paguen los impuestos que les corresponden por sus humildes 17 mil pesos, más los 300 mil pesos mensuales por compensación que se embolsan. No a las compensaciones sí al salario integrado para los servidores públicos de primer nivel y puestos de elección popular. 

Lo que Lorenzo Córdova cree, es que la democracia se limita al proceso electoral y a contar los votos, no entiende que la democracia consiste en la participación de todos los sectores sociales en la vida pública de la nación, todos deben participar de las decisiones más trascendentes, las obligaciones colectivas y el derecho al desarrollo y a un ingreso digno; pero no, el principito Lorenzo se burla de los pueblos originarios y sus autoridades por hablar el español como una segunda lengua y afirma que lo tiene sin cuidado la Constitución y la austeridad.

Lorenzo es hijo y heredero del político Arnoldo Córdova, diputado plurinominal del PSUM, y heredó sus conexiones políticas como patrimonio, seguramente él no pagó sus estudios en Italia, para después cobrar en el IFE, hoy INE desde el 2007, tiene catorce democráticos años cobrando la compe sin pagar por ella impuestos.

Un principio pilar en la democracia, que es el de la igualdad, se encuentra resguardado por el artículo 1º constitucional, y refiere que cada mexicano tiene los mismos derechos y obligaciones, sin distinción alguna de su condición, así que, en defensa de la democracia, los funcionarios públicos y sempiternos diputados, deben pagar impuestos tomando como base un salario integrado. 

Utilizando la tasa de cálculo del ISR vigente en el SAT, Lorencito debe pagar 35% de impuestos dado lo alto de sus ingresos, lo que en pesos y centavos equivale a $1,363,173.66, multiplíquelo por todos los bichos que se encuentran en la misma situación y cobran la compe sin pagar impuestos. En teoría, la cantidad con la que Lorenzo Córdova, defensor de la democracia, contribuye al erario es de 16,200 pesos al año.

Como diría el Che Guevara, café para todos o café para nadie, vamos ampliando y aplicando el concepto de democracia y cobremos ISR sobre salario integrado a cada servidor público. ¡No a la compensación, si al salario integrado!

Y mientras algunos mexicanos no entendíamos porque la insistencia del presidente ante Suprema Corte de Justicia de la Nación y ante el Congreso para moderar los sueldotes, Lorenzo Córdova lo explicó todo.