Opinion
Álter Ego

La era de la intolerancia

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Rafael Soto Baylón

martes, 30 junio 2020 | 05:00

Quienes crean que la sociedad tiende siempre hacia el progreso, están en un error. Vivimos en un tiempo y un espacio en el cual el análisis, la discusión, el análisis de las ideas, la disertación, la teoría argumentativa, el debate han sido abandonados en el rincón de los artículos peligrosos para la libertad, el raciocinio y la verdad.

Lady Profeco, (2013) hija de Huberto Benítez Treviño, ordenó el cierre de un restaurante luego de que no le asignaron la mesa que ella pedía. Resultado: su papá fue despedido como director de Profeco. En fecha reciente (2020), la esposa de AMLO se indignó cuando supo que Chumel Torres (el cual había hablado de uno de los hijos del presidente) había sido invitado a participar en un foro sobre racismo y clasismo organizado por el Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación. Resultado: el panel fue cancelado y la titular Mónica Maccise obligada a renunciar. Esto es ejercer el más puro presidencialismo… 

Y nos preguntamos ¿qué es un foro? ¿para qué sirven los debates? ¿debemos invitar a “cualquiera”? en lo personal he organizado y participado en un sinfín de encuentros que tienen como objetivo confrontar ideas. ¿Podemos discutir la existencia de dios? Claro, y debemos invitar como ponentes a creyentes, agnósticos y ateos. ¿Es un tema importante la discriminación? Por supuesto. ¿Debemos escuchar las posturas de los racistas, igualitarios, clasistas, indigenistas, machistas, liberales,  feministas, víctimas de la discriminación? Por supuesto. Y si asiste el mismo Donald Trump será bienvenido.

Los foros, mesas de análisis y debates tienen pros y contras. Las ventajas son la confrontación de las ideas. Tanto los participantes como el público pueden percatarse de la capacidad y limitaciones de los debatientes. Escuchan y califican los argumentos a favor o en contra de un tema. Ven la perspectiva de quienes no piensan como ellos. Sopesan los argumentos fuertes y desechan los débiles. Y sí, pueden decir quién ganó o quién perdió un debate. Las contras es que en números redondos el 45% de los asistentes están a favor –a priori- de una postura; el otro 45% están a favor –a priori- de la postura contraria. Es decir, solo ponen atención a quien habla a favor de su doctrina. Y un mínimo 10% sopesa los argumentos de uno y otro y es capaz de modificar su sistema de creencias. 

Si analizamos los debates de los candidatos a la presidencia, gubernaturas, alcaldías, diputaciones, son muy pobres en argumentación. Se dedican a atacarse, a aumentar su ego. Y esto es así porque el contrincante tiene la facultad de negarse a responder ante un fuerte argumento del contrario. Hoy, como nunca vivimos un sexenio en el cual el raciocinio está expulsado. Hoy se trata de descalificar a quienes no piensan como el dueño del micrófono (son fifís, neoliberales, conservadores, individualistas, mafia del poder, derechistas, ricos, tengo otros datos, boas, panistas, enemigos de la 4T, chayoteros, adversario del cambio, corruptos y un larguísimo etcétera). Los monólogos de las conferencias mañaneras tienen como interlocutores sólo a reporteros ¿por qué no se invita a intelectuales, empresarios, académicos, articulistas, partidistas, para discutir con el Señor? Porque el diálogo y la discusión de ideas no existe y es preferible para el sistema que no exista.

Esta actitud omnipotente se extiende a sus seguidores: en vez de exponer las virtudes de su líder descalifican a quienes no pensamos como ellos y nos dicen que somos personas inconformes porque perdimos privilegios e incluso que “pensamos como micos”.

El pensamiento racional es la única forma de acceder al conocimiento verdadero y nos da la oportunidad de desconfiar  de las verdades absolutas. Pero cuidado, un pueblo realmente sabio, es un pueblo crítico, y por ende libre. Y eso no conviene a los regímenes totalitarios.

Mi álter vaticina: cuando regrese de Washington, en su primera declaración en suelo nacional, dirá “Compatriotas… les tengo dos… noticias… una buena… y una mala… la buena muchos mexicanos tendrán…trabajo… la mala es que… nosotros construiremos el… muro.”