Opinion
Contraportada

La fatiga digital

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José Luis García

lunes, 11 octubre 2021 | 05:00

Mucho se ha escrito sobre las consecuencias de un confinamiento obligado generado por la pandemia; la industria, el comercio, la empresa privada en general, ha sido la más golpeada por esta contingencia.

Pero hay algo de lo que poco se ha hablado: de pronto llegaron a nuestras vidas padecimientos que, hasta hace un par de años, eran impensables. ¿Una tendinitis en adolescentes de 12 años? ¿Crisis reumáticas en piernas y brazos de adultos de menos de 40 años? 

¿Qué nos pasó de pronto? De todos es sabido que la multicitada pandemia traería consecuencias graves a la vida económica, social y familiar del mundo, pero nadie nos detuvimos en pensar que venía un fenómeno que ya se observa por los especialistas: la fatiga digital.

Ahora que iniciaron las clases presenciales en los planteles educativos, al menos de forma escalonada, una gran cantidad de docentes empieza a observar con seriedad y preocupación, que los niños, niñas y adolescentes, muestran las consecuencias de esa inactividad obligada por la pandemia.

Algunos ortopedistas, conocidos de un servidor, dicen que, así de pronto, empezaron a atender padecimientos propios de las personas adultas mayores, sobre todo de más de 70 años, pero ahora en niños, adolescentes y adultos jóvenes.

Los síntomas del reumatismo los conocemos casi todos: dolor, inflamación y rigidez articular que empeoran durante el reposo corporal y que conducen, con el tiempo, a la deformidad y limitación de la movilidad de las articulaciones implicadas.

Pero surge algo más: se conoce como polimialgia reumática, una enfermedad que causa dolores musculares y rigidez en los hombros, cuello y caderas, muy común en las personas de más de 50 años de edad.

¿Solo eso? No: el exagerado número de horas diarias dedicado al uso de los medios electrónicos, nos coloca en otros padecimientos que de ninguna manera pueden considerarse menores: cansancio, agotamiento físico, angustia, depresión y, por si fuera poco, ansiedad.

Y aquí viene lo más delicado: de acuerdo a las normas internacionales, hay siete señales en el cuerpo que indican problemas emocionales: frecuentes dolores de cabeza, dolor en el cuello, rigidez y problemas en los hombros, molestias en la parte superior de la espalda, dolores en las manos, problemas de movilidad en las rodillas.

¿Por qué digo que es delicado? Porque si observamos con cuidado, esos síntomas de problemas emocionales se ligan de manera directa con los síntomas reumáticos, es decir, una cosa revela la otra.

Y para colmo: el Internet de las cosas nos ha colocado en una situación de aparente comodidad, pero a la larga, nos está arrastrando al terreno sedentario, porque no hay más que oprimir un botón para que las cosas ocurran.

El Internet de las cosas es una red de objetos físicos, desde electrodomésticos hasta maquinaria pesada, que utilizan sensores y puedan interconectarse e intercambiar datos por Internet. Esta red de “cosas” se conectan con otras “cosas” y el ser humano puede controlar, desde un simple dispositivo, todas las “cosas” que quiera.

La cochera, el monitoreo de una vivienda u oficinas, la activación de alarmas, la visualización de un área respectiva a partir de un sensor y con vigilancia satelital, hasta una simple llamada telefónica ordenada en el propio vehículo, o la lectura “en voz” de mensajes de texto.

Hemos entrado a una era digital de tanta trascendencia, que con una simple tecla podemos observar, hablar, leer, transmitir, recibir o crear, con un intercambio de datos sin límite.

En este contexto entramos, hace un año y medio, a la práctica del home work y a las clases virtuales, en donde maestros y alumnos “conviven” más de ocho horas diarias en este espacio virtual donde se manejan millones de imágenes, textos, clases de todo tipo, tareas y consultas que antes, en la academia presencial, sólo eran los encargos tradicionales.

Pero no solo eso: además de permanecer, quienes trabajan o estudian a distancia, una jornada completa frente a una computadora, manipulamos el teléfono celular durante -comprobado- más de 14 horas al día.

Si antes un padecimiento como el reumatismo, una simple tendinitis o el estiramiento de algún nervio se trataba en el consultorio del ortopedista… si antes, un padecimiento emocional era apoyado con la asesoría de un especialista, ahora estamos en un problema que debe por empezar a verse con cuidado: la fatiga digital.

Los fisioterapeutas saben muy bien cómo tratar un asunto de articulaciones; los psicólogos podrán respaldar los padecimientos emocionales. La pregunta es: ¿estaremos, necesitamos ya digiterapia para atender los problemas de la fatiga digital, a partir del Internet de las cosas? 

La inactividad a la que fueron sometidos cientos de miles del estudiantes de todos los niveles, por supuesto de forma obligada debido a la pandemia, ahora revelará sus consecuencias. Iniciar clases presenciales, desde mi punto de vista, es una medida adecuada, pero se tiene que poner especial énfasis en el aspecto de motricidad de las niñas, niños y adolescentes.

La fatiga digital, ahora, es un tema obligado y alguien debe ponerle especial atención, además, claro, de analizar con mucho cuidado los indicadores principales como el aprovechamiento escolar, al final del presente ciclo.