Opinion

La fe y las obras

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Arturo Limón D.

domingo, 29 agosto 2021 | 05:00

Son desafortunadamente tantos, los conocidos y amigos que al fallecer están despoblando el jardín de los afectos, que  así en ramillete como los días de la semana,  envío a sus familias todas mi solidaridad y pesar por su partida. G.A. L. D.  

EL DESEO

 Esta semana que transcurre, nos obliga como siempre a la reflexión sobre todo lo que en ámbitos como el nacional, el estatal y/o regionales, así como lo internacional o municipal ya que nada esta lejos y mucho menos no ha de ser ajeno.

Como no nos puede ser ajena la decisión que han de dar los tribunales electorales y de otra índole en Guadalajara y/o en su momento en la Ciudad de México de quienes se espera actúen con justicia, me refiero a los candidatos plurinominales a diputados en Chihuahua, defenestrados por motivos de genero...sa disposición de los magistrados a actuar al son de los intereses que los uncen. 

EL BALANCE

Es necesario el pensar en los 5 años de gobierno casi ya transcurridos, mismos que fueron el regalo de un voto ciudadano que creía que un nuevo gobernador podría hacer mejor las cosas, señalemos pues que votar es quizá en la manera simple, un acto de fe.

Si, de fe entendida como confianza en alguien a quien transcurrido el tiempo y cuando solo faltan 10 días al momento de escribir estas líneas, 9 cuando sean leídas pero todo acto de fe reclama obras, cada cual de los lectores sabrá si las hubo para ellos de parte del gobierno que encabezo Javier Corral mismo que ya termina,

Me refiero a los que creen que efectivamente hubo una inversión por parte del gobierno coralista saliente en el Estado de Chihuahua de 30.000 millones de pesos que nada más, no se ven.

. Me refiero a  dictado gubernamentalmente al vapor, así, sin atender los parámetros de contagio y muertes que en este momento se dan en la entidad, harán por tal artilugio del cambo del semáforo a color verde,  descender el enorme  riesgo  que sin duda se corre con al regresar a clases el día de mañana lunes.

EL RECLAMO

Me resisto a esa fe que ciega y no deja ver lo obvio, lo que nos duele como es la violencia que enseñorea en el país y nuestra entidad y lamentablemente se ceba estos días en las victimas femeninas de Ciudad Cuauhtemoc, eso duele, duele mucho socialmente y uno se pregunta  ¿Por qué dejamos que esto  suceda?

COROLARIO

La fe es un contrasentido que nos da y nos quita, nos da paz en la creencia  de cosas que sucederán como al votar por alguien y dejarle actuar como si por eso se dará todo,  ahí cobra sentido  lo dicho por Nietzsche "Tener fe significa no querer saber la verdad"  por ello no podemos quitar de nosotros la  sabiduría, confiando totalmente  a otros nuestras decisiones vitales,.

Y a la par debemos valorar el actuar de todos y da oportunidad de probar sus obras a quienes llegan, sin generalizar y otorgar confianza después de actuar también por nosotros mismos, coincido con Mahatma Gandhi cuando señala "No debemos perder la fe en la humanidad que es como el océano: no se ensucia porque algunas de sus gotas estén sucias"

 Pero cuidado con la fe ciega porque si no lo he podido explicar aun aquí pido ayuda al genial escritor , filosofo, hisoirador y abogado francés de nombre  Voltaire, para explicar este tipo de fe, con su breve cuento titulado justamente  así que espero dé claridad a quien deseen, quieran y puedan ver;

 

Fe

 

Lucrecia, hija del papa Alejandro VI, estaba de parto.

—¿Quién crees que es el padre de mi nieto? —preguntó el papa al príncipe Picco de la Mirandola.

En Roma no se sabía si el niño era del santo padre o de su hijo, el duque de Valentinois, o del marido de Lucrecia, Alfonso de Aragón, que pasaba por impotente.

—Yo creo que es vuestro yerno.

— Pero ¿no sabes que un impotente no puede hacerle un hijo a nadie? ¿Cómo puedes creer esa necedad?

—Yo la creo por la fe —dijo Picco—, pues la fe consiste en creer en las cosas porque son imposibles. Además, el honor de vuestra casa exige que el hijo de Lucrecia no pase por ser el fruto de un incesto. Vos me hicisteis creer misterios aún más incomprensibles. ¿No se me exige que esté convencido de que una serpiente habló y que desde entonces todos los hombres están malditos y de que las murallas de Jericó cayeron al son de las trompetas?

—Creo en todo eso como vos —manifestó el Papa—; me doy perfecta cuenta de que tan solo la fe puede salvarme, ya que no mis obras.

—¡Ah!, santo padre — declaró Picco—, vos no necesitáis ni de las obras ni de la fe. Eso es para los pobres profanos como nosotros, pero vos, que sois vice-Dios, podéis creer o hacer lo que os parezca. Tenéis las llaves del cielo y, sin duda, san Pedro no os dará con la puerta en las narices. Pero, por lo que a mí respecta, necesitaría de mayor protección que vos si me hubiera acostado con mi hija.

Alejandro VI tenía respuesta para todo:

—Hablemos seriamente: ¿qué mérito puede tener decirle a Dios que se está persuadido de cosas de las que, en realidad, no se puede estar persuadido? Decir que se cree en lo que no es posible creer es mentir.

Picco de la Mirandola se santiguó.

—¡Ah, Dios mío! —exclamó—, que vuestra santidad me perdone, pero vos no sois cristiano.

—A fe mía que no —dijo el Papa.