Opinion

La frontera como filtro sanitario (IV)

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Iván González Ibarra

jueves, 27 mayo 2021 | 05:00

Ciudad Juárez.- Antes que nada quiero agradecer y valorar el gran esfuerzo que ha realizado el gobierno federal en impulsar la aplicación de la vacunación contra el COVID-19, poniendo énfasis en los grupos más vulnerables y en quienes nos dedicamos a la labor docente. La tarea de inmunizar al total de la población, dará cuenta de un trabajo organizado y metódico que sin lugar a dudas logrará sentar un precedente en las políticas de salud pública en México.

Hemos valorado con anterioridad las condiciones desiguales bajo las cuales se implementaron ciertas medidas de contención sanitaria en la frontera entre México y Estados Unidos, a lo largo del siglo XX. 

Ahora bien ¿qué prácticas de salud pública —basadas en razones eugenésicas — lograron perfeccionarse en los puntos de cruce entre México y Estados Unidos? ¿cuáles perviven hasta hoy en día? y ¿cómo se justifican?

Aunque en repetidas ocasiones se mencionan los más de 3 mil kilómetros de línea divisoria, en los hechos solo unos cuantos puntos de cruce han sido trascendentales para la implementación de filtros sanitarios sobre la frontera entre ambos países. Desde luego uno de esos puntos críticos, quizá uno de los más trascendentales, se ubica en nuestra querida Ciudad Juárez.

Factores históricos, sociales, geográficos y políticos han hecho que la región que comparten Ciudad Juárez y El Paso, sea uno de los espacios fronterizos más dinámicos, conflictivos y desiguales en términos sociales y económicos.

Como ya se ha mencionado anteriormente, aunque en el discurso se enarbola la hermandad, en el quehacer diario se proyecta una frontera que contiene severas diferencias en la calidad de vida de sus habitantes, en el ingreso y de manera particular, en el acceso a servicios de salud de calidad.

En cuanto a temas de salud pública común, siempre ha llamado poderosamente mi atención la diferencia de casos reportados del “Virus del Río Nilo” que cada año cobra la vida de decenas de paseños, y que en cambio en Ciudad Juárez no se registra o no se reporta con similar atención.

No hay duda que lo mismo ha ocurrido en el combate a la pandemia del Covid-19; las cifras del registro de contagios distan por decenas de miles entre el Paso y Ciudad Juárez. No obstante el número de fallecidos es mucho más alto de este lado de la frontera.

Esas carencias en cuanto al registro y al control de enfermedades ha justificado que los mexicanos seamos vistos como un riesgo para la salud pública estadounidense, sumado además al uso de la triade epidemiológica de durante muchos años justificó el carácter racial como un factor de riesgo.

Un ejemplo de cómo la frontera ha funcionado y sigue operando como filtro sanitario es el hecho de que hoy —en pleno 2021— existen en Ciudad Juárez clínicas especializadas en medicina migratoria que desnudan y examinan de manera exhaustiva a los mexicanos que migran de manera legal hacia los Estados Unidos.

Hace más de ochenta años los braceros eran igualmente desnudados y examinados por médicos norteamericanos, hoy seguimos siendo vigilados, solo que ahora lo hacen médicos mexicanos con el aval de Departamento de Estado Norteamericano. Esa práctica de medicina migratoria ha sido replicada en países como Inglaterra, Canadá, Australia y Alemania. 

Hay eventos en la historia que parecieran permanecer inmóviles, constantes y que incluso nos hacen creer que los eventos se repiten. El control sanitario de la frontera y la negación del cruce solo para los mexicanos a causa del Covid-19 es el mejor ejemplo.