Opinion

La gran depresión que viene

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Gabriela Borunda

domingo, 04 octubre 2020 | 05:00

La gran depresión de 1929, que se inició en Estado Unidos, y que alcanzó a todo el planeta en mayor o menor medidas, y se prolongó durante la siguiente década hasta llegar a 1940, entre el jueves negro y el lunes siguiente, se estima que 100 personas se suicidaron en Nueva York. En ese período los suicidios se volvieron más abundantes que los homicidios, que siempre han tenido una clara presencia histórica. Por eso a los procesos de caída económica no les decimos devaluación, depreciación, deslizamiento etc., no, les decimos depresión por su terrible efecto sobre el conjunto social. 

Se habla de los procesos depresivos y las crisis de ansiedad durante el aislamiento que la pandemia COVID-19, pero es la punta del iceberg, aunque hasta el momento nuestro país y el municipio de Chihuahua, con el apoyo del CAPPSI, tenemos que estar preparados para la gran depresión que viene.

Kristalina Georgieva, Directora Gerente del Fondo Monetario Internacional, declaró que el mundo viviría una de las perores crisis económicas de la historia moderna, similar a la depresión de fines de los 20 y los 30.

Cabe destacar que más de una tercera parte de los especialistas financieros estima que la actividad económica tomará entre 6 a 12 meses en retomar sus operaciones normales, mientras que en una encuesta bancaria el 69% de los directores financieros mexicanos consideró que a las empresas le tomaría hasta seis meses recuperarse de los efectos de la pandemia.

Pero en los hogares de los obreros el desempleo tocó a 4.7% de las familias mexicanas según Forbes, y esta tendencia sólo se revertirá en la medida que las pequeñas empresas se recuperen, donde según la misma fuente, 6 de cada 10 de estas pequeñas empresas prevé recuperarse hasta el 2022.

Imagine a las madres solas con tres niños, al padre de familia que debe llevar sustento a su hogar y pagar pensión alimenticia de un matrimonio anterior, imagine a la mujer de ese matrimonio anterior sin recibir ese dinero y haciendo milagros para alimentar a su prole. Y aunque las becas del gobierno federal pueden paliar las necesidades de los ancianos y de algún otro sector, lo cierto es que los adultos sanos en edad de trabajar quedarán expuestos al desempleo y la terrible enfermedad llamada depresión, confío que el municipio reforzará este flanco a través de sus instituciones de atención y prevención a las enfermedades emocionales.

Datos actualizados de la OMS indican que en el mundo se suicida una persona cada 40 segundos, de lo que podemos deducir que la pandemia de suicidios es infinitamente más letal que el COVID-19.

Aunque los segmentos de población proclive al suicidio son variantes, podemos decir que en Europa los más viejos son la población más vulnerable, en Asia en cambio esta tendencia se revierte, el fracaso social –escuela, empleo, matrimonio- lleva a los más jóvenes al suicidio. Pero en nuestro maltrecho México los índices de suicidio se ensañan en la población económicamente activa, que de pronto ve cómo se cierran de golpe ante sus ojos las posibilidades de estudiar, de tener un empleo digno, de casarse y encima siente el dedo acusador de una sociedad que le dice que si no logra sus objetivos es porque “no le echa ganas”, sin considerar las condiciones sociales y políticas, así como la falta de impartición de justicia  que repentinamente se vuelven nuestras tragedias personales.

Si tú eres de esos necios y faltos de misericordia que los llama locos y llama al descrédito y aislamiento social de los suicidas, te informo que tenemos poco más 900,000 locos por año, o sea que los locos abundan, y abundan tanto que la depresión y el suicidio tendrían que ser tratadas con prevención igual a la poliomielitis.

Hace días vi un hashtag discriminador y excluyente en contra de las personas en condición de depresión y suicidio, lo que más me sorprendió es que semejante basura cultural fuera promovida por un simpatizante de Morena y una operadora del IEE, ¿no se supone que ahí se concentran personas humanistas y de gran compromiso social?

No tenemos una vacuna contra la depresión, una enfermedad causada entre otras cosas por una muy rápida recaptación en el cerebro de una hormona llamada serotonina, indispensable para el bienestar de la persona. Insultar a una persona deprimida es como insultar a un diabético sólo porque le falta la hormona insulina.

Porcentualmente hay más intentos de suicidio en las mujeres, probablemente por el aislamiento social que significa el trabajo doméstico, pero tenemos más suicidios consumados en los varones, muy probablemente por el alto grado de responsabilidad que la sociedad deposita en ellos.

Contra la depresión y el suicidio tenemos en cambio acciones preventivas, observar a las personas, escucharlas, entender que no hay un tipo de suicida, la enfermedad se desarrolla de forma distinta en cada individuo, algunos dan muestra de su enfermedad, en otros aparece repentinamente.

El municipio de Chihuahua ha hecho una gran labor en atención a la depresión, pero mientras en las instituciones públicas persista la idea de la depresión y su fatal desenlace como un elemento para negar el empleo o aislar socialmente a la persona, no podremos avanzar.

Frente a la gran depresión que viene -y no hay política oficial que nos pueda evitar ese trago amargo- y la inminente epidemia de suicidios que seguirá a la epidemia de COVID-19 y la epidemia de empresas en quiebra, hay que pensar con inteligencia, leer, documentarse, sensibilizarse; pero sobre todo actuar con misericordia, como decía Mario Benedetti: apostaré por el que pierde…

No quiero terminar este texto sin sugerirle al consejero presidente del IEE, Arturo Meraz Gónzalez, que realice una jornada de actividades y conferencias para capacitar a su personal en materia de salud emocional, depresión y suicidio, porque considero un hecho vergonzoso que el personal a su servicio use las computadoras del IEE para mandar mensajes de odio en un momento crucial de la política mexicana donde no sabemos si los organismos federales y estatales de salud están listos para enfrentar la Gran Depresión que viene.

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