Opinion

La guerra de las iglesias

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Daniel García Monroy
lunes, 10 junio 2019 | 19:25

Con el primer Presidente de México evangélico, no católico ni masón ¿se habrán aproximado ya al poder político las iglesias protestantes de nuestro país? ¿Coquetea peligrosamente el ejecutivo nacional con las agrupaciones religiosas anti-católicas, de nefastos líderes corruptos e inmorales? 

Que la millonaria iglesia de la Luz del Mundo, --con su oscurísimo apóstol de Cristo capturado e indiciado en California, el inmaculado varón Nasson Joaquín García, como presunto violador, pederasta, productor de pornografía infantil (dan ganas de vomitar)--; que los jerarcas de la tal iglesia en contubernio con políticos adeptos se hayan atrevido a engañar a los funcionarios de la Secretaría de Cultura, para hacerle faraónico homenaje a su amado líder en el mismísimo Palacio de Bellas Artes, ¿demuestra el inicio de una reconvertida guerra cristera para tomar por asalto al laico gobierno federal mexicano?

–Por qué será que a ningún periodista se le ha ocurrido o autorizado preguntarle al transparente AMLO, de cuál denominación religiosa es practicante devoto; misterio--.

Perdón, pero los hechos ocurridos no pueden ser calificados como  simples anécdotas. La fuerza de las iglesias cristianas como movimientos sociales se están confirmando y afianzando en muchos países. Brasil como modelo. Donde el triunfo del ultraderechista señor Bolsonaro, no se puede explicar sin el avance de los grupos evangélicos y su involucramiento directo en el sistema electoral de ese alegre y “pecaminoso” país --el del mejor futbol del mundo, la fascinante samba y el enamorante bosanova-.  

Factores circunstanciales los hay. La iglesia católica está de capa (sotana) caída, quién lo puede negar. La estela interminable de denuncias contra el impío abuso sexual a menores, no ceja de avergonzar a sus jerarcas, y de perturbar y apesadumbrar a su feligresía a nivel mundial. El guadalupanismo mexicano, otrora símbolo de la fe nacionalista, ha desaparecido del país manera fantasmal. Hace meses, años, que los medios nacionales y locales no le hacen ni el menor reportaje-homenaje a la morenita del Tepeyac. ¿Qué estará pasando?


¿Habrá llegado la hora del envalentonamiento de las iglesias cristianas para exigir y conseguir la catapulta por la que siempre han peleado: las apetecibles concesiones de radio y televisión abiertas en México? ¡Jesús de Veracruz! 

Se estipula que dichas concesiones están prohibidas por las actuales leyes. Pero en la realidad más de una iglesia (las de mejores ganancias económicas, por supuesto), ya metieron desde hace años su inocente patita en la puerta del sistema de radiodifusión nacional y local sin que nadie reclame nada. Por qué si no Televisa y TV Azteca han mantenido y mantienen programas (antes desde las 12 de la noche, ahora ya en cualquier horario) de extraños personajes engañadores con acento brasileiro, que prometen milagros, curaciones fantásticas y exterminio de vicios y adicciones con sólo una llamada telefónica y asesoramiento “cocowash” religioso, siempre cobrado con limosnas no contables ni rastreables fiscalmente. 

Por qué si no en Chihuahua el canal 28, de concesión técnicamente educativa,  emite al aire al mejor de los estanduperos, cómico cristiano, el moderno Cagliostro-elegante-gracioso-argentino Dante Gebel. Y en compensación, claro está, transmite todos los domingos la misa central desde Catedral de la iglesia católica local; para que nadie lo califique de injusto transmisor de una sola verdad absoluta. Cómo podría ser. El “dueño” de los tantos canales veintiochos, bien  puede tener dudas sobre cuál es la verdad sobre el futuro de su alma ante sus recriminables pecados. 

Mientras las evadibles leyes mexicanas en la materia le permiten la emisión del doble-contrapuesto-mensaje-religioso. ¿Obtendrá una ganancia económica por lo que transmite ilegalmente? O ¿tendrá el valor de establecer que su medio de comunicación está abierto a cualquier fe a cualquier verdad religiosa habida y por haber? ¿Podrá preguntar en algún reportaje de sus tantos noticieros a los judíos, a los mormones, a los testigos de Jehová, a los ateos, qué les parece su sesgada preferencia? Silencio reverente que conduce a indicios de corrupción denunciable y atacable.  

Para estar de acuerdo con el canal 28 y las estaciones de radio locales, que se han convertido en púlpitos electrónicos de un par de iglesias (aunque ilegal seguiría siendo hasta cambiarse la ley); para concederles el beneficio de la duda en su supuesta pretensión de ser amorosas y cristianas televisoras y radiodifusoras de noble propósito, sería necesario que les permitieran a las otras más de siete mil denominaciones religiosas registradas en Gobernación, ofrecer también en esos medios de comunicación masiva todos los distintos y contradictorios mensajes de evangelización, basados en las infinitas interpretaciones de un solo libro judío ancestral: la maravillosa Biblia.    

En el supermercado de la fe (donde hasta satanás y la santa muerte tienen sus anaqueles) las iglesias protestantes en México han soñado siempre con concesiones de radio y tv para conseguir más miembros a través de ondas hertzianas y no de ir a predicar de puerta en puerta o en plazas públicas; porque ahí el terrible desprecio de oídos sordos, cuando no la animadversión por respuesta, sería el desgaste fatal que los terminaría deprimiendo, desesperando, y muy posiblemente, hacerlos dudar de sus propias creencias ante el fracaso de su evangelización cada vez más repelida. Porque nunca han querido verse como el verdadero Cristo sacrificado, burlado y perdedor en su crucial momento de lucha por humanizar al género humano.   

La guerra de las iglesias por obtener más fieles continúa. Pero se debe reconocer que cada vez las leyes y las investigaciones judiciales marcan el camino para combatir y contener a los apóstoles engañadores a los falsos profetas. Que los hombres y mujeres libre-pensadores se rebelen ante el embate de las sectas y grupos religiosos con líderes criminales. Que la verdad y la razón impere por sobre el fanatismo. Que así sea: amén.