Opinion

La historia de los vaqueros eléctricos

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Arturo García Portillo

viernes, 22 abril 2022 | 05:00

Un verdadero cortocircuito de dimensiones políticas nacionales ocurrió el domingo pasado con la incapacidad del grupo parlamentario del partido oficial, Morena, y sus aliados PT y PVEM, para sacar adelante la propuesta de reforma constitucional en materia de energía eléctrica propuesta por el presidente López Obrador. Y ahora sale humo caliginoso por todos lados. 

Se trataba de que en la Cámara de Diputados la iniciativa enviada por el presidente tuviera dos tercios de los votos para que procediera la reforma constitucional. Hay un primer punto a considerar, de mucha relevancia. Todo el tiempo se supo, todos sabíamos, que el oficialismo no tenía manera de conseguir que hubiera esa cantidad de legisladores en su favor. Estaba más que cantado el tiro. No hubo ninguna sorpresa cuando la pantalla electrónica anunció los números finales, faltaron más de 40 votos, que son muchos. La pregunta es ¿por qué el presidente siguió adelante sabiendo que iba a ser derrotado? ¿Es un suicida político? ¿Lo informaron mal? ¿Creyó que convencería a los demás con el debate?

El presidente López Obrador es un coyote muy balaceado en estos menesteres. Evidentemente sabía perfectamente cuál iba a ser el resultado. Nadie lo engañó, no tenía vanas esperanzas. Llevó hasta el final el proceso perfectamente consciente de lo que ocurriría. Luego, tenía un objetivo con ello, un propósito. Y ese propósito empezó a develarse apenas horas después con su mañanera, y en los días siguientes con diversas acciones por todo el país. Hoy se habla mucho en la teoría política de “ganar la narrativa”.  Al final de cuentas, el asunto no es quién tiene más o menos votos en una institución poco apreciada como el Congreso, sino quién gana la narrativa, quién gana el debate, no los votos. En pocas palabras, el astuto presidente pretende llevarnos a quienes no pensamos como él, a lo oscurito, a su terreno, que se compre su discurso. Y para eso le servía la votación adversa. 

No tiene argumentos, razones, datos, pruebas, no es un proceso racional, sino emocional, de un modo muy simple: con una película de vaqueros. El solito es el bueno que se enfrenta a una partida de bandoleros que quieren apoderarse del pueblo. Bandoleros vende patrias que se aliaron con extranjeros para seguir explotando al pueblo y llevarse la riqueza de los pobres, a quienes él defenderá con determinación, no escasas habilidades y si es preciso con la vida.

El fondo es hacer creer que los malos defienden a las empresas extranjeras que obtienen ganancias descomunales y los buenos quieren impedirlo. Los malos rechazaron la reforma para defender a los extranjeros, y además a cambio de sobornos. Lo cierto, mucho muy fácil de verificar, es que eso es falso. La mayor parte de la energía en México la vende CFE al precio que quiere. Una parte la producen particulares y otra ellos mismos con sus plantas, muchas de ellas usando carbón, lo más contaminante. Nada más que, la que no producen, la CFE se la compra por ejemplo a Iberdrola, productora extranjera, de una planta en Los Mochis, a 40 centavo el kw, y se lo vende al municipio de Chihuahua a 3 pesos y 20 centavos. Algunos particulares pusieron sus propias plantas, para no comprar energía cara. Y el presidente, el supuesto bueno de la película, exige que esto no siga siendo así y que se la compren a CFE, más cara y más contaminante. 

No nos vayamos lejos, los municipios de Juárez y Chihuahua adquirimos energía para el alumbrado público tanto de CFE como bajo el esquema de autoabasto en un pequeño porcentaje. ¿La diferencia? La de autoabasto proviene de energía limpia y es diez por ciento más barata que la de CFE.

Y hay un gran problema adicional, lo vuelvo a ejemplificar con Chihuahua. CFE no tiene dinero para invertir en plantas de generación de energía, barata y limpia. El resultado es que en el país, y en Chihuahua capital, hoy en este momento necesitamos con urgencia de más electricidad para abrir nuevas empresas. Lo que es verdaderamente criminal es responder a una necesidad fundamental como el empleo de la gente, con una película de vaqueros. De cuarta.