Opinion
Crónicas de mis recuerdos

La Iglesia Metodista “Santísima Trinidad”, monumento histórico de la fisonomía urbana en Chihuahua (Segunda parte)

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/ Escuela dominical “La Trinidad” en 1919 (Foto: Archivo Iglesia “La Trinidad”).
/ Iglesia Metodista “La Santísima Trinidad”, inaugurada en noviembre de 1892 (Foto: Archivo Iglesia “La Trinidad”).
/ Reverendo doctor James Damarest Eaton, con su esposa Gertrude Eaton (Foto: Archivo Iglesia “La Trinidad”).

Oscar A. Viramontes Olivas

sábado, 18 abril 2020 | 21:49

Agradezco de manera infinita a toda la comunidad de la Iglesia Metodista de la “Santísima Trinidad” en Chihuahua, por haber dado espacio a la primera parte de esta crónica en su portal de Facebook, así mismo, al señor Noé Casas Rodríguez, encargado de las redes sociales de la iglesia, así como a los pastor  titular el Pbro. Luis Alberto Reza Franco, por la apertura y apoyo para el complemento de esta historia y al reverendo Edgar Avitia Legarda, esperando no sea la última ocasión en que se escriba más sobre esta respetable comunidad cristiana ¡Muchas gracias!

En puerta estaba el verano de 1890 y en el horizonte se observaba la llegada de un importante personaje de la Iglesia Congregacional, su equipaje, indicaba que provenía de la ciudad de Chicago, Illinois. Era el Secretario de distrito de dicha iglesia y su nombre A. N. Hitchcock quien al ser enterado del proyecto por parte del reverendo doctor James Damarest Eaton, se sentiría muy motivado para apoyar la compra del terreno y poder construir un templo para el desarrollo de sus actividades religiosas, así, después de estar unos días en la ciudad de Chihuahua platicando con Eaton, tomaría de nuevo el tren de regreso a los Estados Unidos con el fin de empezar una labor muy importante para reunir fondos para tal misión. Junto a este encomiable deseo de engrandecer a la comunidad congregacional, aquí en Chihuahua la activa congregación se movería rápido para poder colaborar en la importante obra evangélica, recaudando un poco más de mil dólares, cuando en aquella época (1890) cada dólar costaba cerca de dos pesos mexicanos a fin de que se contará con un fondo para la construcción. 

El reverendo Eaton también se movería rápido viajando hacia los Estados Unidos para ver a un arquitecto de Chicago con el fin de que le desarrollara el proyecto para el templo con algunas especificaciones arquitectónicas de importancia, como: tener una estructura con 23 metros de largo; 17 metros de ancho; paredes de 9 metros de alto; el techo plano de 6 metros de diámetro con 16 ventanas, entre otras características. En el caso de la campana del templo, sería obsequiada por la escuela dominical de Montclair y sobre su construcción, Clinton Meneeley comentaría en un escrito que la campana había sido fabricada para la catedral católica de San Patricio en Nueva York y cuyo peso fue de más de 4 toneladas y media. Lo importante además del proyecto es que para 1892, la comunidad cristina congregacional ya contaba con cuatrocientos veinte miembros de los que unos cientos cuarenta y uno, no estaban permanentemente en la ciudad de Chihuahua. 

Otro avance de esta comunidad fue la apertura de la “Escuela dominical”, contando con alrededor de ciento cincuenta alumnos que estaban repartidos en diez clases. Había otra escuela distinta para la congregación inglesa y ésta tenía a su propio pastor el reverendo A. L. C Lodcr. Sin embargo, desde el principio se acostumbraron los miembros a contribuir con su óbolo para varios objetos y a los pocos años, comenzarían a reunir fondos para la construcción del soñado templo. Voluntariamente se impusieron los hermanos una cuota semanal desde tres centavos hasta un peso y, siguieron contribuyendo con alegría hasta que tuvieron depositada en el banco una suma regular. 

Así mismo, varios amigos en los E. U. A. prestaron su eficaz ayuda pecuniaria y para febrero de 1892, se daría principio a la construcción del hermoso templo que quedaría terminado en noviembre de ese mismo año. Su ubicación estaría en la parte más vistosa de la ciudad de Chihuahua donde terminaba la subida de la loma de la calle del Comercio (hoy Independencia) que está al este del centro de la ciudad, teniendo al frente lo más ancho de dicha avenida que la dividiría en dos junto al Jardín del 25 de Marzo y anexo a espaldas del que sería el nuevo templo, había un amplio y hermoso salón que había sido construido por la “Sociedad Local Americana de Esfuerzo Cristiano”, destinado para reuniones sociales de ambas congregaciones (español e inglés) y para la escuela dominical inglesa. Al lado opuesto, había una capilla que dividiría el templo por un tabique rodante de madera y que serviría para ampliarlo en caso de reuniones concurridas.

Un dato importante es qué en los terrenos donde se estaba construyendo el templo de la Iglesia Congregacional el cual llevaría por nombre “La Santísima Trinidad”, había pertenecido al Panteón San Felipe, más concretamente se establecería donde había existió una pequeña capilla para entrar al cementerio dedicada a Nuestra Señora de los Dolores, lote que ocuparía la Sociedad Mutualista de Obreros que a su vez, lo habían comprado o cedido por el Ayuntamiento en 1878. 

Sin embargo, las duras faenas que se desarrollaban para levantar los cimientos y muros de tan anhelado templo llegarían a su fin en el mes de noviembre cuando se inauguraría. Para tal evento, el día sería el día 4 de ese mes en presencia de un auditorio de setecientas personas de las que quinientas tuvieron asientos. 

Asistirían al acto representantes de todas las clases sociales mexicanas y de todas las colonias, médicos, licenciados, comerciantes, militares, artesanos, empleados, profesores etc. En la parte preliminar del programa, se pronunciaron alocuciones por un diputado al Congreso del estado de nombre Tito Arriola González y por el inspector de la Instrucción Pública de Educación, quién motivado agradecía a la Iglesia Congregacional el gran impulso otorgando a la educación popular, su nombre Rogelio Zapata Fuentes. 

En el presídium, estaban también sentados los cuatro pastores que presidirían el histórico evento, incluyendo al estrella de la historia James Damarest Eaton, quienes fueron oradores en el evento, además, una de las benefactoras de este proyecto congregacional, Miss Adelin Barnes Pratt. Durante muchos años el Sr. Eaton había sido pastor provisional, ayudando en una parte del tiempo por uno de los diáconos quien percibía pequeños honorarios de parte de la iglesia y se ocupaba, entre otras cosas, en hacer visitas pastorales. Al pastor James Damarest Eaton con lágrimas en los ojos de tanta emoción, declaraba que el gran esfuerzo hecho por la comunidad de la iglesia, benefactores, políticos y sobre todo “la mano” de Jesucristo, lograrían concluir un proyecto de tan importante envergadura. 

Para 1902 la iglesia tendría algunos pastores nacionales, como: Miguel Magdaleno, el primero y con el tiempo, se verificarían cultos y reuniones especiales y los numerosos auditorios escucharían a notables predicadores de muchas partes de México, Estados Unidos e Inglaterra, entre los que figuraron los evangelistas Moody y Sankey; el fundador de la Sociedad de “Esfuerzo Cristiano”, Francisco E. Clark; H. Grattan Guiones de Londres; los obispos Kendrick, Key Morrison y Candler, Juan Wanamaker de Philadelphia; S. P. Craver. L. B. Salmans, F. S. Onderdonk. Arcadio Morales, T. F. Wallace, E. M. Sein, Carlos H. Daniel, Santiago L. Barton, A N. Hitchcock. W. Henry Grant; profesor A. Harlan  P. Beach, Guillermo Shaw y varias señoras que ocuparon el púlpito como E. L. Mattox, Adela N. Fields y María Fóster Bryner. En los primeros años después de la inauguración del templo “La Trinidad”, se edificaría un monumento dedicado al general don Félix U. Gómez, quien moriría en la Batalla del Carrizal, contra parte de las fuerzas de la “Expedición Punitiva de Pershing” el 21 de junio de 1916. Este monumento fue cambiado posteriormente al Parque Félix U. Gómez que se encuentra en las calles 3ª y Paseo Bolívar y hoy se es un monumento dedicado a la comunidad Libanesa en Chihuahua.

La Iglesia Metodista “La Trinidad”, ícono de la fisonomía urbana en la ciudad de Chihuahua, forma parte de los Archivos Perdidos de las Crónicas de Mis Recuerdos. Si usted desea adquirir los libros sobre Crónicas Urbanas de Chihuahua: tomos I, II, III, IV, V, VI, VII, VIII y IX, pueden llamar al cel. 614 148 85 03 y con gusto se los llevamos a domicilio o bien, adquiéralo en Librería Kosmos (Josué Neri Santos No. 111); La Luz del Día (Blas Cano De Los Ríos 401, San Felipe) y Bodega de Libros.

Fuentes

Los Archivos Perdidos de las Crónicas Urbanas de Chihuahua; Revista el Abogado Cristiano-1910-Hemeroteca-UNAM; Cronista de la Ciudad de Chihuahua-Prof. Rubén Beltrán Acosta; Pbro. Luis Alberto Reza Franco, Rev. Edgar Avitia Legarda y Noé Casas Rodríguez; Fotos: Fototeca-INAH-Chihuahua y Archivo Iglesia Metodista “La Santísima Trinidad”.

violioscar@gmail.com

Maestro-investigador-FCA-UACh