Opinion

La insolencia de Jorge Ramos

.

Sixto Duarte
lunes, 15 abril 2019 | 19:47

La semana pasada, durante la transmisión de una de las “mañaneras” del presidente, el periodista mexicano Jorge Ramos cuestionó la estrategia de seguridad del Gobierno federal, pues la misma va en aumento. El presidente, quien no está acostumbrado a que lo cuestionen en ese evento diario, desestimó ese cuestionamiento y negó el aumento en las cifras de homicidios, a pesar de que las cifras en las cuales se basó Ramos, son números del propio gobierno. Ante tal cuestionamiento, la salida de López Obrador fue utilizar la misma estrategia que ha utilizado durante más de 18 años: culpar a los gobernantes del pasado. La salida de sus colaboradores fue desaparecer las cifras de la página web del gobierno. Como dijo el periodista Jorge Berry, ante la duda, mejor la opacidad.

En lo personal, no soy seguidor del periodista Jorge Ramos. Me parece que le imprime un toque de alarma a todo lo que publica; mas debe reconocerse que Ramos ha sido un periodista duro y contundente con todos los mandatarios a quienes ha entrevistado. Todos recordamos algunas de sus entrevistas con Carlos Salinas, con Evo Morales (quien abandonó la entrevista), o cuando el propio Donald Trump lo mandó sacar de una conferencia de prensa. Independientemente de su estilo, Ramos ha sido congruente en su línea editorial. De ahí que los argumentos de la defensa oficialista sean el atacarlo como “ariete de la derecha”, entre otras tantas barbaridades que han dicho.

Vemos que los defensores del oficialismo ven la política como un espectáculo de lucha libre. Así su gladiador favorito, sea técnico o rudo, cometa errores, seguirán abucheando a su verdugo. En este caso, Ramos fue atacado por diversos personeros de la Cuarta Transformación, por osar siquiera cuestionar -de manera muy respetuosa, como lo hizo- los mandatos del Tlatoani. Me parece grave que el padre Alejandro Solalinde salga a cuestionar la postura de Ramos. En primer término porque no le asiste la razón al religioso: Ramos fue respetuoso con López Obrador; en segundo término, porque nada tiene que estar opinando en temas de política, en un Estado que a la fecha sigue siendo laico.

Solalinde echó encima de Ramos a toda la jauría cibernética llamándolo agresivo y altanero. Parece que no le gustó que cuestionaran al presidente. Lo mismo pasó con el propagandista Epigmenio Ibarra quien de igual forma cuestionó sin bases al periodista. Lo que vemos a partir de estas reacciones es que la 4T tiene ya una maquinaria propagandística y de reacción, que incluye religiosos, productores y periodistas. Ya no queda una Carmen Aristegui que cuestione al poder, pues su agenda política ya se cumplió. Queda claro que para esta gente no es que las cosas estuvieran mal antes de la 4T, simplemente no se formaba parte de las decisiones como ahora.

La 4T, y sus defensores, han encontrado botones sensibles de un pueblo indolente, aplaudidor, y cómplice en su mayoría, y los presionará cuando sea necesario. A cualquier comentario que incomode al grupo gobernante, se reaccionará con frases que aludan al PRIAN, al batidero que les dejaron, a la corrupción, a Calderón, al régimen corrupto, al “prefiero que me roben otros” y toda esa retahíla de frases huecas en que sustentan su defensa de un gobierno que evidentemente, no tiene rumbo.

Ejemplos de ello han sido la cancelación del aeropuerto “por corrupción” (misma que Jiménez Espriú reconoció no conocer), la lucha contra el huachicol (que meses después fue descubierto que no se había importado suficiente gasolina), y toda improvisación que de pronto surge.

La manera de hacerse del control de la Suprema Corte es crear una sala “anticorrupción”. El uso de esas frases, que la gente cree ciegamente sin reflexionar, son parte de una estrategia para establecer un régimen hegemónico, precisamente lo que criticaron del PRI por años.  

Esa misma historia ya la habíamos visto aquí en la entidad. Javier Corral utilizó el mismo método atacando a todo lo que oliera a su antecesor, y cosechando halagos porque gracias a él “había caído ese régimen de corrupción e impunidad”. Incluso atacó a los medios que le cuestionaban, acusándolos de pertenecer al régimen que ya había terminado. A la mitad de su mandato, se ha descubierto que ha incurrido en los excesos que tanto criticó.

Tanto AMLO, como Corral han decidido atacar a quien cuestiona sus gobiernos, y no atacar la raíz de los problemas que se señalan.