Opinion

La justificación del fracaso

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Manuel Narváez Narváez
miércoles, 06 noviembre 2019 | 05:00

Heredaron gobiernos corruptos y calientes; lo llevaron a la quiebra y lo tienen en llamas.

Y no se me confundan aquellos hipnotizados con la verborrea de los machuchones, tan dañino es robarse el dinero del pueblo como darle atole con el dedo. Es chocante, lo sé, pero encaja perfectamente la espantosa frase: ´salimos de Guatemala para entrar en guatepeor´.

Ya perdí la cuenta de las ocasiones en que he tocado el tema de la inseguridad en México, desde el inicio del sexenio de Calderón cuando decide, de manera abrupta, por no decir pendeja, ir contra el crimen organizado hasta casi concluir el primer año de López Obrador.

En 12 años hemos padecido en nuestras ciudades y la mayor parte del país las funestas consecuencias que genera la violencia de quienes forman parte del crimen organizado, pero también por la confabulación, indolencia y valemadrismo de los gobernantes, sean presidentes de la República, gobernadores, alcaldes, legisladores o del Poder Judicial. Todos, en diversas proporciones, han contribuido al brutal deterioro de las instituciones y el natural recrudecimiento de la inseguridad.

La maldición de permanecer estancado en una economía tercemundista y la condena de pagar altos costos por créditos para una vivienda o auto, por los medicamentos, la tecnología y el entretenimiento, para mantener cierto decoro en nuestra calidad de vida, no es sino resultado de una oligarquía que cambia de color, pero no de fondo, que se ha dedicado a administrar la miseria y a llenarse los bolsillos con dinero público. Así es desde los años 70s.

No niego la cruz de la parroquia ni reniego de mis raíces, lo que sí, es que me cuestiono hasta qué grado resultó dañina la mezcla de sangre de pueblos originarios de América con la de los españoles que conquistaron el continente, porque desde el Río Bravo hasta la Patagonia, incluso con gobernantes de sangre pura, como Evo Morales en Bolivia, todos los sistemas de gobierno están podridos.

Salvo la república de El Salvador y las regiones de playa en Brasil, México supera por mucho los índices de violencia en América Latina tomando como medición la del número de muertes por cada cien mil habitantes. Ni la guerrilla en Colombia, ni las dictaduras de Chile, Argentina, Venezuela, Paraguay, Panamá y Cuba, o las guerras civiles de Nicaragua y Guatemala, han dejado tantos muertos y derramado tanta sangre como el crimen organizado en México.

Chihuahua, por su ubicación estratégica para el trasiego de todo tipo de estupefacientes y drogas prohibidas, permanece desde hace no menos de 30 años entre los primeros lugares por delitos relacionados con esa ilícita actividad, muy por encima de entidades fronterizas como BC, Sonora, Coahuila, Nvo. León y Tamaulipas.

Desconozco cuál sea la razón, pero ningún gobernador ni los alcaldes de las principales ciudades han podido frenar el avance de los cárteles que operan en el territorio estatal. Ciertamente es responsabilidad del Ejecutivo federal combatir lo relacionado con el fuero federal, sin embargo, el reparto de culpas se ha vuelto tan descarado, que a la ciudadanía sólo nos queda ampararnos con un rosario o detrás de nuestras paredes, para no ser víctimas colaterales.

La masacre de la familia Lebaron, otra de tantas como las que han sucedido desde años atrás, y de las muchas que van en este sexenio, vino a confirmar la impunidad con la que operan los cárteles de las drogas en México, verbigracia de la complacencia tácita del Ejecutivo federal y el autismo de los estatales. La saña y barbarie con la que actuaron los criminales en este hecho en particular no dista de otras tragedias cometidas en otras latitudes del territorio nacional.

Para los que se sienten ofendidos porque se reseñan estas atrocidades en los tiempos de la 4T, les vendría muy bien, sobre todo por salud mental, que se ilustren con las memorias bibliográficas de la prensa sobre el coche bomba de Juárez, los bloqueos en llamas de Jalisco, Michoacán, etc, etc, etc.

Por supuesto que las satanizadas redes sociales sirven de conducto explosivo y catártico para que la población desahogue su coraje e impotencia de hechos tan lamentables como el que nos ocupa. Ninguna autoridad debería alterarse por esto, ya que ellos mismos la utilizan para saturarnos con propaganda y culto a la personalidad.

Tristemente lo ocurrido a la familia Lebaron nos lastima como sociedad, igual que lo sucedido a las jóvenes mujeres que siguen desapareciendo y menores de edad que son víctimas de mentes torcidas; solo es que los alcances culturales, familiares, religiosos, políticos y económicos de dicha familia, ayuda para confirmar la debilidad institucional del Estado mexicano.

Pese al descrédito frente a los ojos del mundo, el presidente López Obrador se dio el lujo de rechazar la "ayuda" que le ofreció su homólogo norteamericano, Donald Trump, para enfrentar al crimen organizado. La negativa otorga argumentos a la campaña del republicano para justificar su discurso discriminatorio y reforzar la estrategia del muro.

En lo local, la evasión de responsabilidad del ejecutivo estatal chihuahuense, entiéndase Javier Corral, tratándose de la familia Lebaron que ha sido hostigada constantemente por bandas criminales, ser avecindada en el oeste de Chihuahua, que las víctimas se dirigían al municipio de Janos y pese a haber ocurrido la masacre en los linderos de Sonora con el estado grande, el mandatario local se zafó por la tangente y se limitó mediante un tuit, a colaborar con las autoridades sonorenses.

A estas alturas qué diablos esperan para reconocer que las estrategias aplicadas no funcionan y que recibir ayuda no es sinónimo de debilidad. Nos deben el comportamiento viril de asumir sus responsabilidades; ya basta de justificaciones cobardes y de la necedad de que recibieron al estado y al país en condiciones adversas, eso ya lo sabían, por eso fueron votados, para que cambiarán las cosas y aplicarán sus mágicas fórmulas.

El enojo de los chihuahuenses, y creo de una buena parte de los mexicanos en general, es por la nula garantía de ofrecer seguridad a la población, han fracasado rotundamente. Si no pueden con el paquete, mejor váyanse, antes de que la paciencia se agote y el destino se les adelante.


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