Opinion

La lógica del poder

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Rafael Soto Baylón

jueves, 13 febrero 2020 | 05:00

Si los humanos tienen una característica, es el poder político. Es el resultado de la constitución de un Estado el cual regula la conducta social. Se da entonces una relación entre quien ejerce el poder y quien obedece por las buenas o por las malas.

Pero el poder va más allá de las definiciones contenidas en tesis de Ciencias Políticas. El poder político además de ser el mejor afrodisiaco es seductor, cegador, omnipotente, ensoñador, ensordecedor. Hace dioses a los mortales y sabios a los ignorantes. Poderosos a los impotentes y simpáticos a los poco agraciados. 

“General Bonaparte, las fuerzas del general Wellington nos tiene rodeados… No os preocupéis, yo tengo otros datos”

Un amigo, quien se desempeñó en un alto cargo en el sistema de impartición de justicia, después de jubilarse le pregunté cómo se sentía y respondió “Volví a ser yo. Cuando tomé cargo de mi responsabilidad de pronto fui el más simpático, sapiente, justo, inteligente, guapo, carismático, profundo, filósofo, literato, grácil, sexy. Cuando llegaba a un restaurante o bar el capitán me saludaba por mi nombre. ¿Cuál mesa gusta licenciado? ¿Esta o aquella? Licenciado, aquellos amigos le hacen llegar una exquisita botella de vino. ¿En qué más le podemos servir? Ya me sentía como cuando Porfirio Díaz preguntaba la hora y le contestaban “la que usted diga, señor presidente”. No había nadie que se supiera mis chistes y reían aún de los más simples. Y lo más trágico es que la metamorfosis se transmitió a mis parientes e incluso amigos”.

“Capitán Smith!!!. ¡El Titanic ha chocado contra un iceberg y el barco está haciendo agua. Nos quedan unas dos horas para salvar a la gente!...  ¿Por qué tanta agresividad? No pasa nada, yo tengo otros datos”

Pero el poder ciega, obliga a que tus oídos no perciban sonido alguno y solo oyes tu voz y no la de los demás. Estupidece y atonta. Si el poder corrompe el poder absoluto corrompe absolutamente. Solo oyes “¡qué estupendo discurso!” “¡qué gran idea!” “¿Cómo es posible que su merced sea tan correcta y patriota?” “¿Por qué usted nunca se equivoca?”.

Esto tiene el poder. Pensé que Cuauhtémoc Blanco finalmente se aburriría de la política –cuando era presidente municipal- y diría “Ya me voy, no tengo necesidad ni de dinero ni de fama” pero se dejó envolver por ese demonio que es el poder político. Y véanlo ahora. El poder político vale más que el dinero, independientemente de que a través suyo puedan llenarse las bolsas. Si antes de alcanzar el poder eras un pobre diablo, ahora serás un diablo muy rico.

“¡¡My fuhrer!!, ¡los rusos están atacando Berlín por la izquierda, los americanos por la derecha, los canadienses por el frente y los franceses por la retaguardia! ¡Estamos perdidos!... ¡Heil Yo! Nada que no pueda resolverse, yo tengo otros datos”

Ninguna persona está preparada para ejercer el poder y menos aún para dejarlo. Nadie puede resistirse a la posibilidad de ejercerlo. Cuando decimos que no es porque las probabilidades prácticamente son nulas. Y a la manera de Maquiavelo el poder es para detentarse y conservarse.

Y en esa lógica del poder el poderoso nunca, jamás, se equivoca. Y será siempre más poderoso el que vende ilusiones y se considerará indispensable para que este universo pueda seguir girando. Y sueña con estar en poder por siempre y para siempre.

Finalmente, retomemos las palabras de Simón Bolívar “huid del país donde uno solo ejerce todos los poderes: es un país de esclavos”.

Mi álter ego   considera que en Chihuahua el agua no es de primera necesidad ¡Es indispensable! Si el gobierno federal quiere arruinar los próximos sembradíos y acabar con la ganadería, ¿qué será del Estado grande? Una entidad seca, pobre y vacía.