Opinion

La mentira choca con la realidad


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César Jáuregui

lunes, 22 marzo 2021 | 05:00

Abogado


Para cancelar un aeropuerto en Texcoco, una fábrica cervecera en Mexicali o un sistema de transporte público en la Laguna, el Gobierno de la República trató de justificar su proceder en la convocatoria, a través de consultas a reducidos grupos ciudadanos, para ratificar ante resultados casi unánimes y predecibles, sus propósitos y decisiones previamente anunciadas.
Las determinaciones en sí mismas son graves, pero lo más grave es la posición del Presidente de asumirse dueño de la opinión pública, del portavoz del pueblo bueno y sabio, y en consecuencia poder actuar de manera caprichosa y totalmente autoritaria para conducirse “con otros datos”; simples mentiras, de forma alejada de la realidad.
No es extraño ver a un Gobernante arrogarse la opinión pública y hablar en nombre del pueblo, sobretodo cuando a las expresiones de los medios de comunicación y las estadísticas de los encuestadores se suman los discursos de candidatos en campaña, donde todos se asumen portadores de la verdad y de la opinión pública.
En “La decadencia de la mentira”, una obra escrita por Oscar Wilde, que ciertamente no goza de la popularidad de aquellas lecturas que le dieron fama y fortuna (El retrato de Dorian Gray, La
importancia de llamarse Ernesto), se articula la idea de que algunas artes no deben imitar a la realidad, sino que es su obligación inventar otra realidad exquisita. O sea, crear una mentira tan buena que no necesite ser explicada ni probada, porque en tal caso no estaría suficientemente bien hecha.
Actualmente, en no pocas ocasiones, desde la conferencia mañanera se nos entrega un Mexico de fantasía, colmado de críticas hacia el pasado y lleno de autoelogio hacia el presente, que no se
corresponde ni con la realidad ni con la verdad. Que el pueblo está feliz, que los militares irán a los cuarteles, que ya se domó la pandemia, que ya se acabó la corrupción (pañuelito blanco) que ya
no hay gasolinazos, ya se acabaron las matanzas, se terminó con el huachicoleo, que Los “Sentimientos de la Nación” los dictó Vicente Guerrero y no Morelos, que se va a respetar el estado de derecho y no se va a entrometer con el Poder Judicial, y así un largo etcétera.
Quizás por eso cobra sentido el título del trabajo escrito por el Dr. Javier Contreras: “La verdad incomoda a la opinión pública”, pues pareciera que ante la falta de resultados positivos quisiéramos creer en el desprestigio de la veracidad y someternos a la ilusión que como reflejo de opinión pública, o
sea la mentira, nos recitan día tras día.
Entonces no será lejano volver a escuchar en campaña, como ya sucedió en época de crisis, a electores hastiados y abrumados con la realidad, diciendo a los candidatos: “Queremos promesas, no 
hechos”.