Opinion

La muerte tiene permiso

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Teporaca Romero del Hierro

domingo, 02 mayo 2021 | 05:00

“Ya mataron a la perra, pero quedaron los perritos”. 

El llano en llamas

El México feminicida, el que violenta a sus mujeres bajo el amparo del Poder, producto del machismo enquistado en las esferas  públicas y privadas, la irresponsabilidad y el desinterés oficial y ciudadano promueven la impunidad. Marzo, hasta ahora el mes más VIOLENTO para las mujeres desde que se tenga registro. Datos del Centro Nacional de Información (CNI), cerraron en 267 homicidios. Más de 10 mil mujeres han sido asesinadas desde 2012, la locura, ni los focos de alerta logran que la autoridad sin importar el orden de gobierno y/o signo partidista de procedencia, se comprometa en los hechos por alcanzar el respeto mutuo e igualdad sustantiva.

Del 100% de las llamadas realizadas al número de emergencia 911, sólo el 7.21% atiende a los diferentes delitos que atentan contra las mujeres de México, siendo la violencia intrafamiliar la más frecuente con un 4.10% por ciento; violencia contra la mujer con 1.57%;  abuso sexual 0.03%; acoso u hostigamiento sexual: 0.05%; violación: 0.02%; violencia de pareja 1.44%. Estas cifras se quedan cortas, la mayoría de los casos no se denuncian, sea por vergüenza, desconocimiento y/o maltrato oficial. 

Marzo reportó 267 homicidios; de los cuales, se presume que 92 son feminicidios, qué pasa con el resto, las víctimas que no se ven, especialistas afirman que los vacíos legales y la falta de unificación en el concepto legal de violencia de género han permitido que menos del 20 por ciento de los asesinatos violentos contra mujeres sean reconocidos como feminicidios, así lo confirma una investigación de Mexicanos contra la Corrupción y la Impunidad (MCCI), en colaboración con la plataforma CONNECTAS y el Centro Internacional para Periodistas (ICFJ, por sus siglas en inglés). 

Las autoridades estatales reportaron que de enero de 2012 a junio de 2016 habían sido asesinadas en forma violenta en todo el país 9 mil 581 mujeres, pero sólo 1,887 de esos crímenes fueron tipificados como feminicidios, que equivalen al 19 por ciento. Con base en estos informes, al menos 7 mil 694 mujeres que fueron asesinadas a balazos, descuartizadas, violadas, asfixiadas o golpeadas hasta morir no fueran reconocidas como víctimas de feminicidios.

El limbo legal ha provocado que, durante los últimos cuatro años, los responsables de asesinar de manera violenta a miles de mujeres, generalmente no son procesados y, en su caso, castigados con hasta 70 años de prisión por feminicidios. En este momento, quienes asesinan a mujeres a golpes o a cuchilladas, podrán obtener una pena menor (entre 20 y 25 años de cárcel), ejemplo sobran, disminuye la pena si alegan haber sufrido “una emoción violenta” por celos o enojo incontrolable. 

Académicos señalan que los hoyos negros en los sistemas judiciales en México han sido formados por lagunas legales, protocolos inadecuados para proteger las escenas de los crímenes, investigaciones ministeriales erróneas y, sobre todo, una tipificación de los delitos con penas menores. A pesar que la Ley General de Acceso de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia explica que la violencia feminicida es la forma extrema de violencia de género contra las mujeres, en México no existe uniformidad en lo que se entiende por feminicidio.

El Código Penal Federal establece siete circunstancias clave que indican la tipificación de un feminicidio: signos de violencia sexual, lesiones o mutilaciones, antecedentes de violencia, que haya existido una relación entre la víctima y el victimario, amenazas o agresiones previas al asesinato, que la víctima haya sido incomunicada, que el cuerpo haya sido expuesto o exhibido en un lugar público.

Sólo 11 de las 32 entidades, es decir una tercera parte de los estados del país, han incorporado esas causales a sus códigos penales: Coahuila, Chiapas, EdoMex, Guanajuato, Hidalgo, Jalisco, Nayarit, Sonora, Tabasco, Veracruz y Yucatán. En Coahuila se especifica que una relación sentimental, laboral de confianza o consanguinidad entre la víctima y el victimario son indicativos de feminicidio, mientras Campeche no lo reconoce así.

Los signos de violencia sexual y las mutilaciones son el único indicativo uniforme en todo el país, pese a eso las procuradurías y fiscalías locales descartan como feminicidios a homicidios que presentan estas características, como ha sucedido en Tamaulipas.

En la Ciudad de México, en marzo, los feminicidios incrementaron 85% y las violaciones 40% en comparación con 2020. De acuerdo con los datos del informe de la Alerta por Violencia contra las Mujeres CdMex, se registraron 205 casos de violaciones, mientras que en el mismo mes del año pasado se registraron 146. Delitos como la violencia familiar y contra la intimidad sexual también aumentaron. 

Chihuahua, no queda exenta, ante la mirada internacional se conoce como tierra feminicida. El Estado reconoce los asesinatos sin catalogarlos como feminicidios, a pesar de la violencia expuesta en sus cuerpos, regularmente alega que las víctimas presuntamente colaboraban con grupos delictivos y/o criminales, como lo sucedido hace días, cuando en la carretera a Delicias-Chihuahua, se encontraron 3 cuerpos, dos de estos, mujeres, con signos de violencia, donde la autoridad en primera instancia desecha el término feminicidio, se niegan a reconocer que el Estado, a través de sus ejes rectores no les garantiza seguridad y libertad a sus mujeres. 

La violencia de género se recrudece, es tolerada socialmente por patrones culturales arcaicos que naturalizan los crímenes, el maltrato, los golpes, acosos, agresiones sexuales, discriminación, secuestros, trata, violencias doméstica, política, laboral, institucional, patrimonial, sicológica y cibernética; donde el desinterés, el silencio institucional y ciudadano alimentan la impunidad, reina de todos los males. El gobierno mexicano debe atender el tema con prontitud, reconociendo sus fallas, sin politizarlo o evadirlo como es costumbre. 

México sigue sin respetarnos, niega estructural y socialmente el derecho a vivir libres de violencia, hoy los colectivos, las mujeres empoderadas en todas las áreas públicas y privadas, las mujeres de a pie, se hacen escuchar, sin importar que las califiquen de violentas, que distorsionen el sentido de sus consignas. Las matemáticas no fallan, las mujeres representamos más de la mitad del padrón electoral, tenemos voz y voto, tenemos el poder de respaldar proyectos de hombres y mujeres incluyentes, que evolucionan con la agenda de género internacional; hoy tenemos el poder de condenar en las urnas la misoginia y los malos gobiernos. 

Sin importar, que las palabras pierdan su fuerza debido a que es un tema recurrente, diario, desde esta trinchera, seguiremos insistiendo hasta que los gobiernos realmente atiendan con realidades la agenda de género. Basta, la impunidad empodera a los agresores en este país, como dijo Isabel Allende en su libro titulado “La isla bajo el mar”, “no hay nada tan peligroso como la impunidad, amigo mío, es entonces cuando la gente enloquece y se cometen las peores bestialidades, no importa el color de la piel”, agrego el género, “todos somos iguales”. Sumemos Voces. #Ni una menos.