Opinion

La nación del presidente de la República

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Sergio Alberto Campos Chacón.

domingo, 27 enero 2019 | 01:28

La explosión en Tlahuelilpan, estado de Hidalgo, es resultado de muchos factores, el detonante, la subjetividad de las víctimas, no la ignorancia, porque bien sabían del riesgo de manipular la gasolina. Siguieron el criterio de “no pasa nada”.

La tropa sorprendió el viernes 25 a huachicoleros en la comunidad de Cuautlacingo, municipio de Otumba, estado de México, quienes dispararon a la tropa lesionando a tres elementos. Ejército y Marina han sido objeto de agresiones de todo tipo en los últimos años.

El gobierno federal adquirirá 671 pipas transportadoras de combustible con un costo de 92 millones de dólares, para proveer a los expendios en varios estados, lo que avisa que los ductos son imposibles de vigilar y evitar el saqueo en el que elevada cantidad de habitantes coparticipa del ilícito, a semejanza de sierras y bosques en el cultivo, cosecha y tráfico de marihuana y goma de amapola.

En amplias y comprometidas acciones delictivas están no pocas comunidades.  Cierto es que gobiernos federales anteriores toleraron la situación, ya fuera para que fluyeran los combustibles y la vida social y económica siguiera su marcha, o fueron cómplices por acción u omisión. ¿Quién cerraría la reja?

El tráfico de los ferrocarriles en Michoacán está detenido hace ya varios días por el bloqueo de las vías por la CENTE, que exige prestaciones laborales y plazas para maestros. Las pérdidas suman 7 mil 600 millones de pesos y crisis por no poder transportar más 8 mil contenedores con más de un millón de toneladas de productos, perecederos o no.

El gobierno de Michoacán dice carecer de recursos para pagarles, el federal llama al diálogo, aparte de ya haber ordenado entregar 200 millones de pesos de participaciones federales adelantadas, pero, la CENTE insiste en su posición: no abandonar las vías hasta que se satisfagan sus demandas, pase lo que pase.    

La base social y sus complejidades culturales, políticas y económicas es multiforme, tiene muchas causas conexas, de momento insuperables que, aceptando el dicho ranchero, parece le enredaron las pitas al presidente de la República.

Cada ciudad, pueblo o comunidad es peculiar; orígenes, usos, costumbres, cultura, fuente económica que la sustenta y relaciones de toda índole, casi al infinito.

José Vasconcelos (1882-1959) en su libro Breve Historia de México (1956), nos dice que al arribar los españoles México no era una nación, sino muchas tribus con trescientos dialectos. Los aztecas habitaban apenas parte de la meseta, en pleito permanente con los tlaxcaltecas; al Oeste los tarascos y, al Sur los zapotecas, todos independientes y conflictuados hasta que fueron dominados por la espada española, momento en que México “surge a la vista de la humanidad civilizada”.

El estado de Chihuahua tenía 17 etnias, casi todas exterminadas.

México aún es multicultural y pluriétnico, entretejido por micro o macro regiones económicas, religiosas y políticas con diferenciales culturales y desarrollo notorios.    

Vasconcelos afirma que cada vez que surge una generación de grandes conforme al espíritu, es porque va a nacer un gran pueblo o se va a producir una gran época dentro de un pueblo ya formado.

Tal vez México presencie el surgimiento de esa generación de grandes, según se ostentan los dirigentes fundamentales de la Cuarta Transformación, hoy en el poder político y gubernamental del país, al que se salvará por efecto de terminar con la corrupción y solucionar las desventajas socioeconómicas masivas.    

¿Cuáles son los denominadores comunes de los grupos sociales, para conjuntarlos en función de justicia social? Se supone que el nuevo gobierno ya tiene el diagnóstico, que, o no lo explicita o aún no se entiende, dada la incertidumbre por cómo está llevando las cosas.

Ya sabíamos que el presidente López Obrador recibiría una administración federal corrompida, y que para sanearla votamos por él, quien, según datos verificables, viene incorporando personajes políticos corresponsables de la corrupción heredada. La gente se pregunta si con ellos transformará el México de los muchos grupos a que se refiere Vasconcelos, porque es bien diferente aplicar la ley, el derecho, que la moral.

Fidel Castro señaló en su discurso del séptimo aniversario del triunfo de la Revolución, en 1966, que cuando Fulgencio Batista da golpe de Estado en 1952, la política en Cuba era un cachumbambé (un columpio) de bandidos, según narra Clara Nieto en su excelente libro Los Amos de la Guerra (p.19). Saltaban de un lugar a otro en adaptación grotesca.

Cito a Fidel: “La llegada de Batista al poder se dio con la complicidad de la embajada yanqui, del clero reaccionario, de las clases económicas dominantes, de un poder judicial corrompido hasta la médula y de un sinnúmero de políticos venales… y por las clases explotadoras…”.

Sólo Augusto Pinochet, asesino del presidente Salvador Allende en el golpe de Estado de septiembre 1973 y de miles de chilenos, se atrevió a decir en 1988: “Dios me colocó en el poder”, casi, como pudo decir Fulgencio Batista.

Tutelar derechos humanos, en el ámbito de una sociedad civil plural organizada, y armonizar los diferendos, es colosal tarea del presidente de México, para evitar asomos de regreso de los autores de la corrupción institucionalizada.

Una ventana de justicia son las declaraciones del fiscal general de la República y del subprocurador Especial de Investigación de Delitos Federales, el jueves 24, con relación a la investigación en contra de 70 exservidores públicos por probables responsabilidades derivadas de los tan conocidos hechos de la llamada “Estafa Maestra” en que aparecen funcionarios de las secretarías de Desarrollo Agrario, Territorial y Urbano (Sedatu), y de Desarrollo Social (Sedesol), como probables responsables del desvío avieso de 839 millones de pesos a universidades y otras instituciones públicas.

Recuerdo el poema de Pablo Neruda, Los enemigos:

“Ellos aquí trajeron los fusiles repletos de pólvora, ellos mandaron el acerbo exterminio, ellos aquí encontraron un pueblo que cantaba, un pueblo por deber y por amor reunido, y la delgada niña cayó con su bandera, y el joven sonriente rodó a su lado herido, y el estupor del pueblo vio caer a los muertos con furia y con dolor”.

“Entonces, en el sitio donde cayeron los asesinados, bajaron las banderas a empaparse de sangre para alzarse de nuevo frente a los asesinos”.

“Por esos muertos, nuestros muertos, pido castigo”.

“Para los que de sangre salpicaron la patria, pido castigo”.

“Para el verdugo que mandó esta muerte, pido castigo”.

“Para el traidor que ascendió sobre el crimen, pido castigo”.…

“No quiero que me den la mano empapada con nuestra sangre. Pido castigo”.

“No los quiero de embajadores, tampoco en su casa tranquilos, los quiero ver aquí juzgados en esta plaza, en este sitio”.    .

scampch_@hotmail.com