Opinion

La nueva normalidad

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Francisco Ortiz Bello

miércoles, 24 junio 2020 | 05:00

Ciudad Juárez.- Resulta que, en medio de la ola de contagios por Covid-19 más alta y rápida, la autoridad federal de salud soltó abruptamente lo que había mantenido férreamente: el control de la pandemia en México y así también, abruptamente, les “cedió” graciosamente a los gobiernos estatales lo que antes les había negado tozudamente, la regionalización en la toma de decisiones.

Es así que, de pronto, cuando todo el país se encontraba en la luz roja del semáforo de la pandemia se les entrega a los sistemas de salud estatales, tanto el manejo de las medidas como los tiempos y decisiones para cambiar la luz del semáforo, pero más cediendo a una enorme presión social y de sectores económicos que porque de verdad las condiciones sanitarias fueran propicias.

La decisión impacta a todos los mexicanos, porque finalmente tiene que ver con el regreso a una “nueva normalidad”, si bien gradual y condicionado, pero que permite la reactivación de la economía de todo el país y Chihuahua y Ciudad Juárez no son la excepción.

Sin embargo, a pesar de lo positivo de la medida en cuanto a la economía se refiere, no podemos dejar de ver la potencial amenaza que se cierne sobre todos nosotros si en este regreso a la nueva normalidad no observamos, estrictamente, todas las medidas sanitarias que se deben cumplir como ya ha ocurrido en otras latitudes del mundo en las que, incluso, han tenido que regresar al confinamiento domiciliario y suspensión de actividades debido a importantes rebrotes del contagio por Covid-19.

Definitivamente estamos ante un problema grave de salud, una pandemia pues, que ha resultado altamente contagiosa, confusa y engañosa para todos los mejores epidemiólogos del mundo, aun los más afamados y prestigiados en sus áreas, pero que se ha complicado aún más por la connotación política que se le ha dado en algunos países, incluido el nuestro, antes que un enfoque 100 por ciento médico y científico, como debió ser desde el principio.

Algunas cifras para analizar y comprender. Como país, llevamos 29 días continuos reportando más de tres mil contagios diarios nuevos. De esos 29 días, en 21 se rompió el récord de muertes nuevas diarias. A nivel mundial estamos en séptimo lugar, sólo debajo de España y Francia, países que aunque reportaron muchos más contagios que México su tasa de mortalidad resultó mucho más baja que la de nuestro país.

¿Qué debemos reflexionar con estos números? Bueno, que apenas en esta semana, el lunes pasado, en Ciudad Juárez hemos vuelto a reiniciar algunas actividades y que hay un calendario, sincronizado con el semáforo nacional y uno estatal, en el que paulatina y condicionadamente se irán sumando más actividades, pero la pandemia no ha terminado, esa es la reflexión principal que debe surgir luego del análisis de las cifras. Por el contrario, nos encontramos en la etapa más peligrosa y de alto contagio de Covid-19, y que esto se prolongará por mucho más tiempo.

Sin embargo, y sin desestimar la prioridad de la salud y la vida, ya era materialmente imposible sostener las medidas de confinamiento social y paralización de actividades no esenciales, porque terminarían sumiendo en una crisis aún mayor a la población. Insisto, volver a la actividad no significa en modo alguno que la pandemia terminó, no. Está más fuerte que nunca en estos momentos.

Por eso resulta muy importante que todos, todos, sepamos exactamente qué está ocurriendo y en qué momento preciso estamos, porque de ello dependerá que evitemos contagiarnos o contagiar a otros y que, lo que tanto se buscó evitar, finalmente ocurra al colapsar nuestro sistema hospitalario.

La nueva normalidad significa antes que nada estar conscientes que allá afuera hay una amenaza latente, real, que pone en peligro la salud y la vida de todos, y eso incluye a nuestros seres queridos y por supuesto cada uno de nosotros. Es una amenaza real, existe, en cualquier momento, en cualquier lugar, en cualquier situación podemos contagiarnos de Covid-19.

Por eso debemos extremar todas las precauciones necesarias. En la medida de lo posible evitar la circulación en la calle, si no lo podemos evitar que sea sólo a lo estrictamente necesario, limitar lo más posible las reuniones de dos o más personas, pero si no se pueden evitar hay que usar cubrebocas, guardar la sana distancia y de preferencia en lugares o espacios al aire libre.

Todos los negocios y comercios que han empezado a operar nuevamente, deben cumplir escrupulosamente con todas las medidas dispuestas por la autoridad sanitaria. De nosotros depende, de cada uno de nosotros, que este regreso a la normalidad no se convierta en una verdadera pesadilla.