Opinion

La prepotencia y fastidio de los bancos

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Isaías Orozco Gómez
domingo, 28 abril 2019 | 23:39

A partir del 1 de septiembre de 2018, en que se apoltronaron en sus curules los diputados y senadores  miembros de la Sexagésima Cuarta (LXIV) Legislatura del Congreso de la Unión, en la cual tiene mayoría el Movimiento de Regeneración Nacional (MORENA), se pudo observar cierta inquietud o ansias por llevar a la práctica, lo más pronto posible, las promesas y/o compromisos hechas y adquiridos durante su campaña electoral, desde luego con antecedentes inmediatos de las  justas electorales del 2006 y del 2012.

Entre otros de los compromisos que expresaron se estudiarían, analizarían y se llevarían a la aprobación en la Cámara de Diputados federales y de Senadores fue el relativo a la exigencia que hace años ha venido haciendo la ciudadanía, la población toda, con respecto al alto costo de las comisiones que cobran los bancos, a los altos intereses de los créditos individuales –que según expertos y economistas, son los más altos del mundo–; al trato preferencial que los gobiernos neoliberales les ha venido brindando, en perjuicio del pueblo, como fue el caso concreto del FOBAPROA, que surgió para rescatar a los banqueros; y para que los mismos siguiesen jineteando los “ahorros” de la clase trabajadora, como son sus fondos de jubilaciones y pensiones, los créditos del FOVISSSTE e INFONAVIT, etcétera.

Y claro, los bancos no son hermanitas de la caridad: han sido y  son monopolistas financieros omnipotentes que influyen activamente sobre la vida no sólo económica sino también política de los países capitalistas. Siendo los bancos internacionales, ahora del imperio neoliberal globalizador, instrumento de explotación individual y colectiva de los países en vías de desarrollo. ¡Claro! Se dice que en la mayoría de los Estados-Nación, los respectivos gobiernos establecen una supervisión financiera para todos los bancos existentes en su territorio.

Supervisión financiera que progresó sumisamente, o fue mera simulación desde el 2008, pretendiendo ignorar los orígenes de la crisis vinculados a la evidente desigualdad socioeconómica: estancamiento de los ingresos de las clases populares y medias –trabajadores urbanos y rurales–, aumento de la desigualdad, en particular en USA, donde el 1 por ciento de los más ricos (incluyendo a su actual presidente Donald Trump), se quedó con cerca del 60 por ciento del crecimiento nacional entre 1997 y 2007; lo que provocó, obviamente, la explosión del endeudamiento privado.

El enriquecimiento voraz, mezquino, de los banqueros y de los capitalistas en general, no les ha resultado como esperaban. Por ejemplo: a la Unión Europea no le funcionó ni le está funcionando, el creer, el imaginar que se podía tener una moneda sin ESTADO, un BANCO CENTRAL sin GOBIERNO, y una política monetaria común sin política gubernamental presupuestaria común. Tesis errónea que ha levantado la protesta de los trabajadores, del pueblo todo en: Grecia, España, Italia, Francia, Inglaterra, Alemania…

Por lo que hace a los EUM, que no escapa a todo lo anterior, los usuarios de los bancos, aun los que cobran sus modestas jubilaciones y pensiones por medio de la tarjeta de débito, esperan que no echen en saco roto lo que al principio los diputados federales y los senadores empezaron a ventilar en sus sesiones ordinarias y extraordinarias; pues aparte de los onerosos cobros por comisiones y… tienen que soportar el regreso a esos “cobros” vía teléfono fijo y celular a todas horas, en la madrugada o a media noche. O bien, para ofrecer, insistentemente, una tarjeta de crédito adicional, u otra tarjeta con mayores ventajas nacionales e internacionales.

Incluso, éstos “necios” empleados de los bancos, no consideran la diferencia de horarios de una zona y/o región a otras, que en algunos casos es hasta de dos horas, de ahí que algunas llamadas le lleguen al “cliente” a las 5 o 6 de la mañana o a las 11 o 12 de la noche.  

Por otra parte, molestan, fastidian a las personas que resultan homónimos de otros usuarios bancarios del país, siendo que un nombre puede tener más de una docena de homónimos. Por otra parte, en algunas sucursales bancarias, la atención de los empleados, de los llamados “ejecutivos”, es pésima y tardada.

Ahora bien: urge que la organización y administración de los bancos sean reformados, modernizados, racionalizados y educados, no sólo para restablecer su equilibrio presupuestario y asegurar su estabilidad financiera, sino primordialmente y ante todo, para que garantice un mejor servicio y atención a los clientes y el respeto a sus derechos. 

Finalmente, no sobra que se aplique el siguiente principio: “A igual ingreso, igual impuesto”.