Opinion

La rebeldía del desconsumo

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Alan Rentería

miércoles, 09 noviembre 2022 | 05:00

En pocos días se llevará a cabo el Buen fin, el fin de semana del año que a semejanza del “Black Friday” en nuestro vecino país, y promete grandes ahorros para los consumidores. Sin embargo, a estas alturas sabemos que ni las ofertas suelen ser tan espectaculares, ni tampoco tan reales, pues en los últimos años han aumentado considerablemente las denuncias ante la Profeco por supuestas ofertas falsas. Desde precios inflados los días anteriores que “disminuyen” durante el buen fin (solo para volver a su precio real) hasta ofertas o artículos inexistentes, son algunas de las quejas que se han acrecentado. 

Más allá de preguntarnos si el Buen fin tiene ofertas convenientes o no, es mejor centrar la reflexión en otro punto: el consumismo. Aunque el Buen Fin haya sido pensado como una forma de reactivación de la economía local en México, existe una problemática que se esconde dentro de la idea de que el consumo es completamente favorable para la economía: el consumo desmedido. Un fin de semana al año dedicado a comprar y comprar, no solamente representa un impacto económico para los que ganan, sino también para los que gastan. 

En 1960 un filósofo llamado Herbert Marcuse criticó la sociedad del capitalismo exacerbado, como una sociedad que crea falsas necesidades en la población. El último celular de moda, los vehículos de súper lujo, la ropa de marca, todos estos accesorios de la vida que son solo eso, accesorios, son vistos por las sociedades de consumo como necesidades de primera línea. Así, desde una falsa creencia de necesidad, las personas pueden endeudarse por años solo para comprar algo que en realidad no es del todo necesario o útil. Los días del año dedicados al consumo son prueba de ello: una estrategia de mercadotecnia para invertir las necesidades reales por las falsas. 

El consumo desmedido no solamente afecta a las personas en la economía, sino también al medio ambiente. Por ejemplo, la Fast fashion o moda rápida, hace que las industrias textiles produzcan grandes volúmenes de ropa en función de la moda. El problema es que la moda pasa casi instantáneamente, por lo que la mayoría de esa ropa no es utilizada y termina en los vertederos. Ni siquiera puede ser donada a personas de escasos recursos, pues rompería con el círculo de consumo, valor y demanda, por lo que es desechada. ¿Hasta dónde nos lleva el egoísmo para pensar que es mejor deshacerse de la ropa que donarla? Aparte del impacto social, la contaminación causada por las toneladas de ropa que terminan como basura es absurda. 

Desde hace algunos años, vienen incrementando las nuevas propuestas para luchar contra el consumo desmedido. Una de ellas es la tendencia del minimalismo como estilo de vida. La propuesta minimalista consiste en la idea de vivir solamente con lo necesario y deshacerse de lo accesorio. La ropa, los recuerdos, los aparatos que no utilizamos, se convierten pronto en un lastre, pues las cosas necesitan más cosas para su mantenimiento, lo que se vuelve un círculo vicioso. El minimalismo plantea la tesis de vivir con menos, para ser más libre en todos los aspectos. Incluso hay métodos para lograr un minimalismo con eficacia, como el de Marie Kondo, expuesto en su libro “La magia del orden”. 

Por otro lado, existen propuestas que, aparte de vivirse en lo particular, se externan como una forma de crítica social y resistencia ante la sociedad del consumo desmedido: el desconsumo. Desde hace algunas décadas comenzó a manejarse el concepto de desconsumo como una reacción al consumo desmedido y sus consecuencias. El desconsumo se alza como una práctica real para no comprar nada que no se necesite, rompiendo con los estándares de las sociedades de consumo. En internet hemos visto a varias personas que se plantean el reto de no comprar nada innecesario durante un año. ¿Lo lograrías? El desconsumo es una forma de romper con lo establecido: en una sociedad que consume sin cuestionarse, dejar de consumir lo innecesario se vuelve un acto de rebeldía.  

Quizá no todos lograrán llegar al minimalismo extremo o al desconsumo total, pero estas ideas son apuestas por intentar mejorar nuestra sociedad y nuestro estilo de vida. Son una invitación a repensar sobre aquello que necesitamos en realidad, y lo que no es importante para disfrutar de la vida. En este próximo Buen fin, en lugar de salir a la “locura de las ofertas” quizá sea una mejor idea quedarse a ver un buen documental sobre la importancia de una vida con menos cosas, como “The minimalist” que puede ser encontrado en línea. Otra opción puede ser leer algún libro sobre consumir menos, como “La vida minimal” del mexicano Pedro Campos. O incluso puede ser una buena práctica buscar la ropa que ya no usamos, y regalarla a alguien que en realidad la necesite. Sea como sea, este Buen fin puede ser una oportunidad para preguntarnos si realmente necesitamos lo que compramos, pues debemos recordar que no somos lo que tenemos: somos lo que somos. 

rrenteria@uach.mx