Opinion
Periscopio

La responsabilidad Municipal ante el CoV-2 y su secuela

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Armando Sepúlveda Sáenz

martes, 28 julio 2020 | 05:00

En una colaboración en este medio, se manifestó la preocupación aguda al constatar que la mayor parte de las personas que deambulaban por el centro de la ciudad, lo hacían con una gala de inconciencia para su salud y una irresponsabilidad respecto de la salud de los otros, con protección y sin ella ocupados en pasear y comprar.

Más recientemente, acudí a las calles de la Avenida Niños Héroes. El patrón de conducta era similar, con dos detalles adicionales: la mayoría de las personas que bajaban de los camiones urbanos, pletóricos ellos, sin mascarilla. Viajaban con la venia del chofer sin las previsiones del caso. Para complementar el cuadro los tenderos sin ninguna medida preventiva y concediendo licencia para omitir las medidas sanitarias a sus clientes.

Esto indica que si se desea atajar el problema tiene que actuarse sobre los comerciantes, sobre los clientes y sobre los pasajeros, operadores de autobús y paseantes. Sobre estos actores deben encaminarse los esfuerzos sanitarios, públicos y privados.

Las políticas públicas ante la pandemia deben ir mucho más allá que la relativa a medidas sanitarias: fiscales, crédito, productivas, arancelarias, tecnológicas, entre otras. En la vertiente sanitaria, a manera de ejemplo, apoyo a la investigación y desarrollo de vacunas y tratamiento de la enfermedad (infraestructura, equipamiento, insumos médicos, etc.), preventivas de contaminación (entornos públicos y privados, vulnerabilidad por limitaciones de acceso a la alimentación, al agua potable, edad y estados de salud personal, movilidad en condiciones sanas, dotación de insumos limitantes de riesgo: mascarillas (tapabocas), caretas, gel y atomizadores desinfectantes, líquidos sanitizantes de suelo, suelas y ropa, jabón), promoción de conductas o códigos morales de personas, organizaciones (sindicatos, concesionarios de servicios públicos) y negocios, organizaciones gremiales.  de la sociedad civil y asociaciones políticas.

Para cualquier citadino es evidente que la Administración Pública Municipal es el orden de gobierno más cercano y permanente con la población, por sus atribuciones y las múltiples vías de comunicación y presencia de que dispone. Para un observador atento, da la impresión de que el gobierno municipal está ante una oportunidad estratégica, en virtud de sus características específicas, potenciadas por la ausencia del gobierno federal y la nimia presencia del estatal.

En el artículo de referencia sobre el tema, insistimos en sugerir algunas líneas de acción, involucrando las organizaciones religiosas, los clubes sociales y de servicio, los partidos y organizaciones políticas, organizaciones de la sociedad civil, las empresas con plantillas de personal significativas y sus clientelas, las juntas de beneficencia privada, tienen acceso a los integrantes de las mismas, beneficiarios o sujetos de derecho, miembros agrupados, militantes, etcétera, que en conjunto representan un segmento importante de la población. Estos entes pueden asumir un rol importante al hacer esfuerzos de comunicación, a través de los medios de comunicación a su disposición, de información objetiva y relevante sobre los diversos aspectos de la pandemia. No obstante para quien antefirma incluso la activación de la mayoría de los agentes sociales y privados, el mejor instrumento es la Administración Municipal.

No puede olvidarse que la población objetivo (en sentido laxo), por su diversidad de características, es un objeto de trabajo extremadamente complejo; y por otro lado, buena parte de él, sigue patrones de conducta basadas en creencias y experiencias subjetivas ayunas de conocimiento científico, cuando no refractarias al conocimiento riguroso.

En consecuencia, el único agente que tiene posibilidades de éxito relativo es el gobierno municipal que puede utilizar todos los medios sistemáticamente. Con éste propósito, se puede disponer de dos métodos: el coercitivo y el formativo.

La Administración Municipal carece de capacidad en la parte remedial de la enfermedad (excluyendo la capacidad de atención de Pensiones Civiles del Municipio). No obstante, está bien dotada de capacidad operativa y de instrumentos normativos de orden moral como el Bando de Policía y Gobierno del Municipio de Chihuahua o coercitivos como el Reglamento de Actividades Comerciales, Industriales y de Servicios para el Municipio de Chihuahua.

Previamente, sería necesario hacer una “reingeniería” normativa para adecuarlos a las necesidades que plantea la emergencia de la pandemia, fortaleciendo el enfoque de derechos humanos –postulado ya en el Bando- y procurando su interdependencia. Sobre todo si se considera que el coronavirus y sus efectos han adquirido presencia permanente.

En la práctica municipal hay ya, medidas en ese sentido. Se requiere el sustento legal y la consistencia orgánica.

Dada la reconocida preocupación innovadora de la Presidencia Municipal, no me extrañaría que el Ayuntamiento ya se ocupe del tema.