Opinion

La sociedad del odio y el miedo

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Jaime Rodríguez Chacón

jueves, 28 marzo 2019 | 20:31

¿Resulta acaso que, el fracaso de nuestra sociedad, es culpa de la estirpe de los españoles que dominaron a nuestros ancestros hace 500 años, y por lo cual, deberían venir arrodillados a pedirnos una disculpa pública, ante el escenario mundial, haciéndoles cargo de conciencia, de hechos horrendos del pasado, apelando para ello, al poder e influencia religiosa  del Papa? ¿O, qué quiso decir el presidente, Andrés Manuel López Obrador, al solicitar una disculpa pública de parte de España hacia México, por lo acontecido en la conquista española hace 500 años?

En este sentido, podríamos echar la culpa de nuestra mala formación académica, moral y económica, a los errores de nuestros propios padres o tutores; lo cierto, es que no importa que tanto hayamos padecido, o si crecimos en un entorno hostil, somos responsables de las decisiones que tomamos y  en lo que nos convertimos; además,  si de echar culpas se trata, entonces, nuestros primeros padres Adán y Eva, serían los principales culpables; empero, San Pablo dice: Por cuánto todos pecaron.

Sin embargo, de la misma familia primitiva de Adán, surgen dos personajes totalmente distintos, ambos habían sido influenciados por el mismo modelo paternal y matriarcal corrupto, caído en desgracia, pero tomaron rasgos distintos: De Caín, se sabe que fue labrador de la tierra y un homicida, pues mató a su hermano; de Abel, se dice, fue pastor de ovejas y, se infiere en el relato antiguo, se guió por los preceptos morales divinos. ¿A quién podría culpar Caín de su iracundo carácter, que lo condujo a ser un homicida, acaso a los genes que le heredó su padre? Así, resulta fácil librarse de las responsabilidades.

La sociedad, está conformada por células llamadas familias, los hijos toman ciertos rasgos de los padres, pero aún así, se da el caso, de hijos excelentes, trabajadores y educados que proceden de padres alcohólicos, desobligados o drogadictos; los orfanatos, albergan seres humanos ejemplo de superación, estudio y buena conducta. Al llegar a la mayoría de edad cada quien es responsable de sus actos.

La sociedad, se alimenta y retroalimenta unos a otros, siguiendo patrones de conducta que se aprenden por el ejemplo  y medios masivos, así como dijo Ezra Pound: El artista es la antena de la raza: Ellos, marcan la pauta, elogian en los programas televisivos, cine y radio a los héroes, que en México  son: los narcotraficantes, el símbolo de “éxito”. Los gobiernos han permitido y tolerado esto: el desarrollo de grupos delictivos,  por la pasividad, falta de aplicación de la ley y uso legitimo de la fuerza pública del Estado y; ahora, con un mandatario pasivo y complaciente,  que se escuda en la cantaleta de:” No vamos a reprimir a nadie.” Así como un padre desobligado, deja que el muchacho haga lo que le venga en gana, por no reprimirlo, convirtiéndose  en delincuente.

Un ejemplo de ello es el grupo anárquico de la (CNTE) que ha chantajeado al gobierno por años, obstruyeron las vías ferroviarias con pérdidas multimillonarias para el comercio, sin que se les tocara con el pétalo de una rosa y,  últimamente secuestraron el poder judicial, para sus logros mercantilistas; no hay diferencia entre este grupo anárquico y los criminales que exigen el pago de la cuota. Entonces Señor “moralidad” perdón, presidente: ¿Culparemos a los españoles que México sea un Estado fallido o narco-Estado? 

Nos hemos convertido en una sociedad del odio y el miedo; ésta, no es la sociedad de los aztecas y mexicas, ni siquiera es la sociedad de los años cincuentas; cada época y sociedad ha batallado con sus propios demonios: en los años cincuentas o setentas era el alcoholismo lo que predominaba en las áreas  rurales, debido en gran medida a la falta de educación y oportunidades; hoy, es el narcotráfico, la delincuencia, que tiene secuestrada y paralizada de miedo a la sociedad, lastrando su pleno desarrollo; aún así, la sociedad somos culpables, por no exigir un buen gobierno, y no querer vivir bajo reglas de convivencia y estado de derecho, por aceptar estar encadenados al miedo.

Tenemos acceso a la educación como nunca, mejor calidad de vida que nuestros antepasados, aún así, la sombra de la desesperanza se cierne sobre la nación, ocupando nuestro estado, el lugar número uno en suicidios a nivel nacional; muchos jóvenes están orquestando su propia muerte, por falta de esperanza. Tampoco los gobiernos abonan mucho por su inacción, no confiamos en las autoridades.

La gritería, groserías, humillaciones y hasta golpes infringidos a los niños y adolescentes, inclusive por sus progenitores, los degrada, envilece y coarta sus capacidades para desarrollarse normalmente en la sociedad. ¿Qué debemos hacer? Que mejor momento en esta época de cuaresma para reflexionar y poner nuestra confianza en Dios. Él dice: Mirad a mí, y sed salvos, todos los términos de la tierra, porque yo soy Dios, y no hay más. Is. 45:22