Opinion

Las ausencias del Bicentenario

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Jorge Fernández Menéndez

miércoles, 29 septiembre 2021 | 05:00

Ciudad de México.- La celebración de los 200 años de la Consumación de la Independencia tuvo, como siempre en estos eventos, actos muy bien preparados, lucidores, exposiciones de alto nivel y el recordatorio permanente del costo y los beneficios que tuvo para la sociedad la lucha independentista. Faltó, también como casi siempre, un recuento histórico más preciso, detallado y objetivo, más lejano de nuestras perennes historias escritas en blanco y negro. Pero en términos políticos, la ceremonia no estuvo al nivel planteado originalmente. Canceló su participación el secretario de Estado Anthony Blinken, como antes lo había hecho el presidente Joe Biden. Tampoco estuvo, qué bueno, Vladimir Putin, que fue invitado. No hubo delegaciones importantes de España, Francia, Austria.

El papa Francisco envió una carta con un mensaje profundo. Escribió el Papa, luego de recordar errores de la Iglesia y del Estado mexicano en su histórica relación, que “no evocamos los dolores del pasado para quedarnos ahí, sino para aprender de ellos y seguir dando pasos, vistos a sanar las heridas, a cultivar el diálogo abierto y respetuoso entre las diferencias y a construir la tan anhelada fraternidad priorizando el bien común por encima de los intereses particulares, las tensiones y los conflictos”.

Un mensaje papal con muchas lecturas y que sería imposible de deslindar de la carta que envió hace meses el presidente López Obrador al Vaticano pidiendo que se disculpara por los crímenes cometidos durante la Conquista, al tiempo que demandaba el regreso de códices y otras piezas prehispánicas que son hoy parte del acervo de El Vaticano. No se regresaron esas piezas, no hubo la disculpa que se pretendió, como tampoco lo hubo de España o Austria, a los que también se les exigió disculpas y regreso de piezas prehispánicas.

Más grave es el tema de la relación con Estados Unidos. La cancelación de Blinken no se puede deslindar del momento que viven las relaciones bilaterales. ¿Por qué llegaría a las celebraciones después de todo lo sucedido en torno al 15 de septiembre? 

Se trata de los discursos presidenciales en estos días, en los que en medio de las alabanzas al régimen cubano, se ha exigido que se termine “con la política de dominación de Estados Unidos sobre América latina”. Se trata de que se invitará al mandatario chino Xi Jinping a ser el único orador externo, a distancia, de la cumbre de la Celac. Se trata de la propuesta de acabar con la OEA. Se trata de haber invitado antes, a la misma ceremonia del bicentenario a Putin, o de agradecerle a Cuba, Rusia y China por el casi inexistente apoyo ante la pandemia por encima del que brindó la Unión Americana.

La crisis migratoria juega un papel central en todo esto. Para las autoridades estadunidenses, México no está jugando plenamente su papel. Y el tema va más allá de los migrantes haitianos y centroamericanos. Este año casi 500 mil de los migrantes detenidos en las fronteras de Estados Unidos no eran haitianos, ni cubanos ni provenían de Centroamérica, eran mexicanos. Después de esos hechos qué podíamos esperar. Las respuestas ahí están: Blinken cancela el viaje; se le reclama México en el informe sobre el narcotráfico internacional que intensifique la lucha contra el narcotráfico, destruya redes, capture y juzgue a capos; se triplica la recompensa por información sobre “El Mayo” Zambada; se incorporara a la lista Kingpin a sus principales operadores en Sonora. Esa es parte de una respuesta que comienza a visualizarse en términos mucho más amplios y costosos. Y falta ver todavía las repercusiones económicas, comerciales, en energía, e incluso en la demanda sobre las armas que presentó la cancillería y contra la cual ya se anunció que las once empresas demandadas fueron autorizadas a ir juntas, en bloque, contra esa demanda en el tribunal de Massachusets donde fue presentada.

Los devaneos ideológicos suelen tener siempre un freno, una pared contra la cual se termina topando, que es la realidad.