Opinion
Hablando y escribiendo

Las computadoras y el rendimiento gubernamental

.

Armando Sepúlveda Sáenz

sábado, 05 septiembre 2020 | 05:00

Todas las revoluciones tecnológicas han tenido impacto en la forma en que se desarrollan los procesos productivos, y finalmente en el bienestar de la población. Dados estos cambios, su diseminación, reproducción, arraigo, modificación está estrechamente articulada con los medios de comunicación. Del lenguaje oral al escrito, los medios de escritura o de su transporte. 

En general, se puede entender como proceso productivo a las operaciones concatenadas para transformar, mediante la aplicación de tecnología, de elementos materiales o inmateriales en un producto o resultado. Aquí la tecnología se refiere a las combinaciones de mano de obra, elementos básicos, equipos, herramientas o maquinaria. Un proceso productivo siempre es deliberado, sigue una trayectoria trazada de antemano.

Como se puede inferir, las aplicaciones tecnológicas y técnicas en forma de innovaciones y plasmadas en instrumentos y/o procedimientos permiten mejorar el uso de recursos materiales y humanos, homogenizar la producción mejorando la resistencia, acabados, calidad. Imagine por ejemplo la evolución de los punzones o de los martillos especializados, o las técnicas de vaciado y moldeo de materiales; motores de vapor y luego de combustibles fósiles, que independizaron la maquinaria de las corrientes fluviales y de los ciclos de lluvia o de veneros hidráulicos y aumentar la velocidad y la potencia. Las innovaciones en los procesos, posibilitaron dar saltos en la escala, la calidad y la reducción de costos. Considérese la fabricación de clavos y alfileres. Y más tarde, el aprovechamiento de los componentes del petróleo y la evolución del motor de combustión interna en la comunicación y el transporte de personas, materiales y mercancías.

Un proceso con que todos estamos familiarizados pues es un medio al que todos recurrimos para transmitir nuestras ideas, deseos o necesidades: el lenguaje o idioma. Este típico producto social es consustancial a la sobrevivencia y reproducción de los colectivos primitivos. De un medio para concertar la cooperación de forma oral en las tareas comunes, a su especificación como idioma escrito, que impulsó el cambio a sociedades más numerosas y complejas, con múltiples agrupamientos demográficos con una cultura que les identificaba principalmente por el idioma y rasgos culturales comunes. 

Entre ellos lo que se identifica como marcos normativos comunes que se heredaban a las siguientes generaciones por vía oral. La complejidad social hizo preciso sustraer a la comunicación del mecanismo oral, de persona a persona y de persona a colectivos, y de los azares del tiempo, entre diversidad de asentamientos humanos. El proceso de comunicación se formalizó en los lenguajes escritos. Los significados de los vocablos sólo se garantizaron recurriendo a los registros en diversos medios y fue posible conservarlos independientes de la percepción y reproducción personal para darle perdurabilidad a los contenidos: normas, fórmulas, procedimientos. 

De qué otro modo podía garantizar Hammurabi que su Código fuera el mismo en todos los confines de su reino y hacer factible la comunicación con las autoridades y personas (comerciantes o constructores) de otros dominios políticos. La acumulación de conocimientos técnicos y normativa ganó portabilidad y conservación con nuevos instrumentos para plasmarlos, tales como pieles y más tarde en formas más baratas y fáciles de producir (papiros y análogos). 

En la actualidad los procesos productivos que implican transformación de materiales se hacen con máquinas multitareas y que merced a su conexión a computadores puede cambiar de insumo y de producto, en fracciones de segundo. Los operadores (“mano de obra”) deben tener la formación académica necesaria para manejar los softwares que atienden los procesadores electrónicos y controlan las máquinas. La aplicación de las “tecnologías de la información y la comunicación”, han permitido la descentralización de procesos productivos a escala internacional, controlando las salidas de un proceso con las entradas de otro, para prácticamente eliminar el almacenamiento. 

Los procesos administrativos que organizan y transforman los datos que les proporcionan los “clientes” o sujetos de derechos en información, se capturan, procesan y almacenan con computadoras y en sus archivos (discos duros o en la “nube”). Piense usted en los billones de billones de terabytes que se recaban y procesan de los contribuyentes fiscales e imagine a la Unidad de Inteligencia Financiera de la Secretaría de Hacienda con operadores sin computadoras o sin desarrollos específicos de programas (software).

Bueno, en este contexto, el presidente Andrés Manuel López Obrador, considera que en congruencia con las medidas de austeridad y política anticorrupción, es necesario reducir la compra de computadoras: “Los que lucharon en otros tiempos por la libertad, por la justicia, por la democracia, por la soberanía… ¿qué?, ¿estaban esperando que tuvieran sus computadoras para luchar, para transformar?”.

Ya instalados en el plano de la ficción tecnológica, de lo que podemos estar seguros es que los insurgentes, de contar con las TIC, y los realistas no, se hubieran alzado con la victoria y no hubieran encontrado la muerte en el paredón.