Opinion

Las elecciones intermedias en Estados Unidos

.

Sixto Duarte

martes, 22 noviembre 2022 | 05:00

En días recientes se llevó a cabo la elección intermedia en Estados Unidos. Los republicanos anunciaron que los comicios serían una “ola roja” por los pronósticos que estimaban que se alzarían con un triunfo arrasador. La famosa “ola roja” no pasó de ser un vientecillo efímero, pues no obtuvieron los resultados que esperaban recibir.

Según los números, esta es la mejor elección intermedia que ha tenido un presidente desde los últimos veinte años. Es decir, desde la elección intermedia de George W. Bush (en el contexto de la Guerra en Irak y Afganistán a partir del atentado terrorista del 11 de septiembre de 2001) no había un presidente que hubiera obtenido números tan favorables para su partido político. Este es un fenómeno extraño en virtud que la popularidad del presidente Joe Biden se encuentra en el rango del 41%.

A pesar de ello, los números no le fueron tan adversos al Partido Demócrata. Nuevamente, el espectro político de Estados Unidos se convierte en un escenario dicotómico, en donde las fuerzas políticas están equilibradas. Una de las razones por las cuales se estima que fracasó el Partido Republicano en sus pretensiones es precisamente el tema del aborto. 

Roe v. Wade fue una decisión de una Suprema Corte de Estados Unidos preponderantemente republicana. Sin embargo, a pesar de ello, la decisión fue progresista y vanguardista para la época. Resulta un tanto incongruente que en pleno siglo XXI, el Partido Republicano (y los ministros de la Corte Americana que postuló) sean incluso más regresivos que sus pares de la década de los 70.

Con la resolución emitida recientemente por la Suprema Corte norteamericana, el electorado de Estados Unidos decidió que el Partido Republicano se había radicalizado demasiado, por lo que optaron por no votarlos como lo hicieron en procesos anteriores.

En el Congreso los papeles se invirtieron y ahora los republicanos controlan la Cámara Baja, y los demócratas el Senado. El Senado particularmente tiene 50 senadores demócratas y 49 republicanos. Queda una elección extraordinaria a celebrarse en Georgia en diciembre próximo. Aun en el supuesto que los republicanos ganaran dicho escaño, al haber un empate, la vicepresidenta de Estados Unidos (exofficio, presidenta del Senado) tendría el voto de calidad para dirimir cualquier empate. 

Si bien el Congreso de Estados Unidos es un sistema bicameral, y, por tanto, ambas cámaras son igualmente relevantes, lo cierto es que para efectos de gobernabilidad, Biden está en una posición un poco más favorable que Barack Obama. 

Por disposición constitucional, el Senado debe ratificar los nombramientos de diversos funcionarios que haga el Ejecutivo, incluidos los integrantes de la Suprema Corte. Todos recordamos cuando el entonces presidente Barack Obama nombró al hoy procurador Merrick Garland a la Suprema Corte. El Senado de entonces (compuesto principalmente por republicanos) decidió que Obama no debía nominar a nadie a la Corte porque le quedaba menos de un año de poder. Con ello, se provocó una crisis constitucional que posteriormente derivó en integrar una Corte mayoritariamente conservadora. Ese parecería que no es el escenario que le tocará enfrentar al presidente Joe Biden con la composición actual del Senado.

Sin embargo, al perder el control de la Cámara de Representantes, lo cierto es que Biden puede enfrentar una crisis presupuestal como la que en su momento enfrentó Obama, que lo obligó a cerrar determinadas dependencias de forma temporal porque los congresistas no se ponían de acuerdo en nada. 

Ahora bien, el resultado electoral viene también a desmitificar la figura del expresidente Donald Trump. Parecería que todos los candidatos que promovió Trump no lograron ganar sus respectivas elecciones. De ahí que se vea que Trump no es un activo tan indispensable para el Partido Republicano como se creía.

Dentro del Partido Republicano, parecería que la figura ascendente en dicho instituto es el recién reelecto gobernador de Florida, Ron DeSantis. DeSantis ganó la elección con un margen cercano al 20 por ciento, justamente en la semana en que Trump manifestó su intención de contender por la Presidencia de Estados Unidos. Es claro que la apuesta republicana se decantará por uno de esos dos actores. 

Por otro lado, la elección en California resultó confirmar que el Estado sigue siendo demócrata al reelegir a Gavin Newsom como gobernador del Estado. Este es un cuadro del Partido Demócrata que debe tenerse en cuenta para el futuro. En Arizona, en una contienda cerrada, el Partido Demócrata también se alzó con el triunfo en la persona de Katie Hobbs, después de algunos periodos en que gobernaran los Republicanos.

El caso de Texas no dio sorpresas. Greg Abbott, el gobernador republicano de Texas ganó nuevamente la reelección frente a un candidato demócrata popular como lo es Beto O’Rourke. Beto es una figura nacional dentro del Partido Demócrata, sin embargo, Texas sigue siendo un Estado rojo. El voto rural se impone siempre al voto citadino en Texas. Por ello, a pesar de que el Partido Demócrata postuló un candidato sólido, nuevamente perdió por un margen amplio de casi once puntos porcentuales.

Es una pena que teniendo un candidato tan sólido y reconocido a nivel nacional, el Partido Demócrata no hubiera podido ganar Texas, Estado que no es gobernado por los demócratas desde Ann Richards. Estoy seguro que si el sistema norteamericano tuviera representación proporcional, Beto sería una figura de primer nivel en Washington.

Parecería que el discurso político de ambos partidos se ha moderado a partir que Trump no es presidente. Desafortunadamente, Trump encontró en el discurso de odio una veta inagotable de simpatías electorales que le permiten a muchos “salir del clóset” de los odios y expresar las posturas racistas y discriminatorias que enarbola el presidente Trump. 

En relación con México, parecería que una elección intermedia no cambia el juego en la relación bilateral. Al ser el presidente de Estados Unidos quien conduce la política exterior del país, no hay variaciones sustanciales en la misma. México y Estados Unidos mantienen una relación que tiende a enfriarse por las posturas aislacionistas de Estados Unidos y la torpe política exterior que conduce actualmente el gobierno de la Cuarta Transformación. 

La intentona de reformas regresivas que la 4T ha intentado en México han puesto una enorme distancia con su principal socio comercial. Conforme se va acercando el 2024 estas tensiones serán más evidentes, por lo que esperemos que se imponga la cordura en ambos países. 

Para la frontera las cosas no cambian mucho. La política migratoria dictada desde Washington no viene a aliviar la enorme crisis migratoria y humanitaria que se advierte en ciudades fronterizas como la nuestra. Sigue habiendo una enorme cantidad de migrantes sudamericanos que intentan llegar a Estados Unidos por nuestra ciudad. Esperemos que la cordura, la mesura y la sensibilidad sean los elementos que los funcionarios encargados tomen en cuenta al momento de dictar los lineamientos migratorios correspondientes.