Opinion
Crónicas de mis Recuerdos

Las famosas diligencias, medio de transporte en el estado de Chihuahua (Tercera parte)

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/ “La Despedida” Central de Diligencias.
/ Travesía por el desierto chihuahuense.
/ La Iglesia de la Inmaculada Concepción, contigua a la “Central de Diligencias” estuvo a un lado de donde hoy está Al Super Lerdo.

Oscar A. Viramontes Olivas

viernes, 09 octubre 2020 | 05:00

“El calendario para nuestra salida marcaba el día 7 de abril y la hora de mi reloj anunciaba las dos de la mañana, pues la noche era una buena estrategia para evitar los calcinantes rayos del sol y los demás peligros que se daban en los caminos. Sí el “gritón” anunciaba que todos debían abordar la diligencia y verificar que las armas estuvieran en buenas condiciones. 

Esa madrugada estaba completamente cerrado el cielo con la amenaza de que lloviera. En ese momento me despedía de mi esposa e hijos que habían hecho el sacrificio de acompañarme a tan altas horas de la noche y más aún, que parte del sector se veía completamente en tinieblas, salvo en el interior de la central donde había algunas lámparas a base de cebo de bovino que nos ayudaban a poder vernos las caras. Los relámpagos se observaban en el firmamento y las gotas de lluvia se dejaban caer al momento en que abordábamos la diligencia. Me persignaba y mi esposa e hijo me lanzaban miles de bendiciones para que mi viaje fuera seguro y exitoso. 

“Salimos como estaba planeado y parecía que el camino se encontraba en buenas condiciones, pero lo malo es que la diligencia no estaba tan cómoda, pues los asientos eran duros y los respaldos sólo tenían algo de forro para no estar en contacto con la madera. Esto me hacía pensar que el viaje iba a ser todo un viacrucis y el pronóstico podría ser muy negativo para mí cuerpo. Así parecía, pero no había de otra… Pasaron las horas y los nubarrones de la noche se empezaron a despejar para dar paso a la aurora que anunciaba la salida del sol. Por fin nos amaneció muy cerca de la comunidad del “Ojito” (San Diego de Alcalá), en donde se encontraba la primera parada del viaje con el fin de que todos los pasajeros nos bajáramos para ir al baño y además para que los conductores cambiaran de tiro de mulas. El Ojito no había cambiado absolutamente nada y uno de los atractivos eran las agua termales, las que disfrute uno de esos días de juventud cuando por primera vez hice mi viaje en diligencia, pero de esto ya habían pasado algunos años cuando me tocó que la situación estaba muy “peliaguda”, porque los apaches rondaban todos esos caminos y gracias a Dios, en la actualidad ya no atraviesan los valles del Ojito desde hace 12 años atrás (1860). 

“Por las montañas que protegían a esta comunidad, se veían y se sentía el horror a causa de tantas muertes que en sus faldas hicieron los indios por espacio de muchos años. Hoy habitan los apaches (1872) a más de cien legua de distancia del Ojito y sus incursiones llegan a ser tardías y de poco importancia; las hacen en las haciendas que estuvieron despobladas desde 1832 en que comenzó la guerra hasta estos últimos tiempos, en que esta llegó a su fin, por lo que disminuyeron sus ataques pues ya les habían dado una escarmentadita. Salimos del Ojito y me quedé observando por la ventana los lomeríos y cerros para estar atento que no salieran por ahí indios o rateros a caballo, pero no pasó nada y a eso de las nueve de la mañana del día 8 de abril, pudimos llegar a la siguiente estación que era un rancho llamado “La Rinconada”, donde don Eugenio Sánchez (político) y yo salimos de la diligencia con una serie de dolencias que traíamos por las condiciones tan severas de los asientos. 

“Pero lo bueno de este paradero, era que servían el desayuno a los pasajeros, el cual consistía de huevos estrellados, frijoles y una buena taza de café con leche o bien si lo preferían negro. El servicio era magnífico pues siempre se decía que los alimentos los servían con prontitud y buena cara. Fue una delicia llegar a este paradero para agarrar fuerzas y “restirar” el esqueleto. Por fin, nos llamaron para abordar la diligencia y proseguir con el viaje. Quedaba un tramo largo desde  “La Rinconada” hasta Santa Cruz de Rosales, cabecera del Cantón con ese mismo nombre, lugar de una historia muy importante para nuestro estado y el país, pues ahí se había disparado el último cañonazo de la guerra contra los americanos del norte en el año de 1848. El movimiento del vehículo y el almuerzo me hicieron que me quedara dormido, fue bueno porque no sentí nada hasta poco tiempo después que don Eugenio me despertó avisándome que habíamos llegado a la estación de Rosales, ubicado al sur de la ciudad de Chihuahua.

“En esta estación, se iba recoger y entregar correspondencia y mi asombro fue que el lugar era un paraje paupérrimo y desolado que a cualquiera le daría miedo y más a altas horas de la noche, sin embargo, un pueblo cercano a este y en donde sería la próxima parada, era el pueblo de San Pablo que con el tiempo le llamarían Meoquí. Este tenía un progreso notable a diferencia del atrasado pueblo de Rosales donde parecía que las maldiciones y las malas vibras eran la comidilla del día. ¿Qué pecado habrían cometido los habitantes de ese lugar? Algunas de esas diferencias que se comentaban respecto al progreso de ambas poblaciones, podría tener su principal causa en que en Meoquí la propiedad territorial estaba repartida entre muchas personas, mientras que en Rosales, los propietarios  eran pocos y las propiedades muy extensas. 

“Posterior a esta, se podría llegar a “Las Delicias”, hacienda de los señores Cordero que hacía unos pocos años se había asentado; hermosa propiedad situada a la margen derecha del río San Pedro que vierte sus aguas al imponente río Conchos, el cual, se encarga de regar grandes extensiones de tierras donde se siembran hortalizas, frijol y maíz. Ahí está una parada para que llegue la diligencia y la anterior era en Saucillo, punto muy peligroso para los viajeros, pues por ahí andan merodeando y lo habían hostilizado los apaches a grado de hacerlo despoblado a lo largo de muchos años. Pero la población había crecido notablemente y mis pronósticos era que seguirá en aumento, porque las caudalosas aguas del Conchos hacían que las propiedades contiguas tuvieran la oportunidad de convertirlas en importantes áreas de vergel.

“Seguimos el camino y para que esto no fuera tan “tedioso”, me puse a contar liebres, coyotes, aves y un sin número de animales y plantas que abundaban a ciertas horas en el desierto y que en otras hacen “pisa y corre” cuando empieza a calentar los rayos del ardiente sol. El día estaba muy ventoso y las polvaredas eran muy molestas, soportando las altas temperaturas que de nueva cuenta hacían terrible el viaje. Las horas pasaron y se llegaron las seis de la tarde cuando se divisaba a lo lejos el pueblo de “La Cruz”, la tierra del buen amigo Chava Alcántar “El Matalote”, un “pelao” muy bronco y grandote que siempre le había gustado andar de peleonero con todos los vaqueros, incluso le habían puesto el mote de “Manos de piedra”. Este paradero era el último del día ya que la Diligencia era guardada para su mantenimiento y sobre todo que los animales descansaran de la terrible travesía de aproximadamente unas 35 leguas (210 km) de la ciudad de Chihuahua hasta “La Cruz”. 

“Las malas condiciones del coche hacían más agudos los efectos hacía la anatomía de los pasajeros, ya que al terminar el día quedábamos maltratados, molidos y quebrados como si el viaje habría sido en carretas. Pero fuera de esto, la empresa ofrecía una oportunidad para que los pasajeros llegáramos a la casa del señor don Ramón Morín, en donde se tenía la fama de pasar la noche en una cama “sabrosa” que volvía a reanimar las fuerzas perdidas en el viaje”... Esta crónica continuará. 

Las famosas diligencias, medio de transporte en el estado de Chihuahua, forma parte de los archivos perdidos de las  Crónicas de mis Recuerdos. Si usted desea adquirir la colección de Archivos Perdidos de las Crónicas Urbanas de Chihuahua: tomos I, II, III, IV, V, VI, VII, VIII y IX, llame al cel. 614 148 85 03 y con gusto lo orientamos o bien, adquiéralos en Librería Kosmos (Josué Neri Santos No. 111); La Luz del Día (Blas Cano De Los Ríos 401, San Felipe) y Bodega de Libros.

Fuentes:

Fotos: Fototeca INAH-Chihuahua

Francisco R. Almada Guía Histórica de la Ciudad de Chihuahua, 1986.

José María Ponce de León, Revista Chihuahuense, 1909.

Lic. María Jaurrieta, 1950.