Opinion
Crónicas de mis Recuerdos

Las famosas diligencias, medio de transporte en el estado de Chihuahua (segunda parte)

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/ Las diligencias, fueron el medio de transporte obligado más recurrido para el traslado de pasajeros, mercancías y correo en Chihuahua.
/ La Capilla de la Inmaculada Concepción, estaba a espaldas a la central de carretas “La Despedida” cerca de la alameda Santa Rita (Paseo Bolívar) en Chihuahua en la calle 10ª .
/ Una de las rutas de las diligencias era hacia la sierra y “la puerta” de salida era hacia el oeste. Al fondo se observa los cerros Coronel y Santa Rosa (parte izquierda) y una fracción del acueducto. Era la salida por “Los Arquitos” en 1900.

Oscar A. Viramontes Olivas

viernes, 11 septiembre 2020 | 05:00

Continuando con la segunda parte de esta interesante historia, un lugar muy importante en esta crónica, era sin duda “La Despedida” o llamada central de carretas o diligencias, donde llegaban esos medios de transporte tirados por bestias de lugares distantes y peligrosos. 

Su construcción sin duda fue de adobe con un enorme patio y un frente interior a base de arcos. Su propietario, don José Félix Maceyra, eminente ganadero chihuahuense que tenía otras propiedades en la ciudad como el conocido Hotel Maceyra a espaldas del ahora Alsuper Grande entre Doblado y Ocampo que hoy en día, sólo está su “cascaron”. “La Despedida” se encontraba en frente de la alameda Santa Rita por el Paseo Bolívar en donde aparte de recibir a los vehículos a caballo, la central de carretas contaba con otras secciones en sus instalaciones como refresquería, que la verdad era necesaria para todos los pobres pasajeros que venían sedientos después de atravesar los inhóspitos desiertos chihuahuenses.

Así mismo, había una cantina con billares pues aparte de los parroquianos locales, los hombres venían tan deshidratados que no les caía mal tomarse un barril de cerveza como tributo a las largas horas de brincos y golpes a riñones y cintura. Era como una delicia llegar ahí y salir embriagado para irse a descansar y esperar al día siguiente la nueva salida hacia el norte o al sur.

Además, para la gente menos pecaminosa, principalmente para mujeres y niños, estaba la capilla dedicada a la Inmaculada Concepción, que era destinada para la celebración de la misa y la oración, pues los viajeros tenían que rezar mucho porque en aquellos tiempos había tribus de indios hostiles, principalmente apaches, que eran un verdadero peligro para los viajantes. También el número de asaltos por los caminos era la comidilla de todos los días, por eso tenían que ir muy bien armados de “fe” para que no pasara nada de eso.    

Los servicios que prestaba la terminal de carretas eran las rutas de Chihuahua a San Antonio, Texas, Estados Unidos, un trayecto bastante largo y donde los peligros y acontecimientos lamentables se daban seguido. Esta ruta que tuvo un impacto importante no sólo en el transporte de pasajeros, sino en la evolución del comercio hacia esa zona, fue concesionada en 1866 por el mismo Félix Maceyra por parte del Supremo Gobierno, encabezado por el entonces presidente Porfirio Díaz Mori. 

Así mismo, con el establecimiento de “La Despedida” en el sector de la alameda Santa Rita, la plusvalía fue en aumento, pues el movimiento de personas y mercancías empezaba a tener un verdadero desarrollo ya que la conexión de Chihuahua con otros destinos, ofrecían una oportunidad para enlazar ciudades con ciudades y pueblos. Pero mucho de ese avance y desarrollo también tenía sus puntos débiles, pues se decía entre la gente que quería viajar en este singular medio de transporte, que se consideraba como un acto de fe y mucha valentía y, eso porque  los peligros estaban a la orden del día. Además que los que se arriesgaban a la gran travesía de viajar, tenían que tener sus “esfínteres” bien controlados para evitar accidentes fisiológicos en caso de un ataque de indios o malhechores.

Basado en lo anterior, los directivos de la central decidieron advertir a las poblaciones viajeras que sí tomaban un medio de transporte como las diligencias, tendrían que ir bien preparadas por lo que habían colocado el siguiente anuncio: “Se recomienda a los pasajeros que vayan bien armados y lo mejor posible”. Así era de grande el peligro que advertir a los viajeros que no dejaran de llevar su pistolita o rifle con bastantes cartuchos en la bolsa. No había otra opción, o se viajaba en caballo, burro, a pie o carreta, pues el ferrocarril todavía no daba brillo en la escena chihuahuense. 

Los ricos por supuesto tenían diligencias particulares, mucho más cómodas y custodiadas por guardias que con sus rifles escoltaban el vehículo hasta su destino. En cambio, para los individuos de bajos recursos, se tenía que tomar el colectivo con las advertencias que ya habíamos comentado. El viaje comenzaba desde Chihuahua y tras una serie de peripecias recorrían las llanuras de toda la porción meridional del Estado. Otra ruta era a ciudad Durango, que estaba también expuesta al continuo ataque de los bárbaros y las repetidas emboscadas de los bandoleros o revoltosos que estaban en contra del gobierno y que pululaban como virus en todos los caminos agrestes de la fisonomía natural.

Don Filemón Pérez, prominente vecino de la ciudad de Chihuahua y un personaje muy respetado por la comunidad y empleado de una empresa dedicada a la ropa, fue convocado en su trabajo para que viajara a la ciudad de Torreón para realizar algunos enlaces comerciales con comercios de aquellos lugares. Este distinguido personaje le gustaba leer novelas de la época y para ese gran viaje que tenía que hacer y que duraría tal vez semanas, tuvo que alistarse para no aburrirse en el trayecto, por lo que se hizo de un veliz con literatura y unas libretas para anotar todos los posibles acontecimientos que sucedieran en el camino.“Desde que salí pensé en el anuncio que estaba en la sala de espera, ese que advertía que teníamos que ir armados en el viaje, fue que discretamente guardé una pistola en medio de mi chaqueta, con ella me sentía más tranquilo y seguro, pero de todos modos siempre estaba en mi mente que podía morir en el trayecto atravesado por una flecha o perforado por una bala. 

Estaba sentado en una de las bancas en la estación, esperando que se llegara la hora de partir. Junto a mí, estaba Eugenio Sánchez, político y amigo que iría también a esa odisea. Don Eugenio llevaba un encargo elemental del gobierno del estado en asuntos estrictamente políticos y comerciales, pues él sería un enlace entre el estado y el Supremo Gobierno de la Unión para desarrollar en Chihuahua proyectos productivos. Tal vez con mi experiencia en cosas de comercio y economía, el acompañarlo sería de mucha utilidad para intercambiar puntos de vista al respecto.

“El calendario para nuestra salida marcaba el día 7 de abril y la hora de mi reloj anunciaban las dos de la mañana, pues la noche era una buena estrategia para evitar los calcinantes rayos del sol y los demás peligros que se daban en los caminos. Sí el “gritón” anunciaba que todos debían abordar la diligencia y verificar que las armas estuvieran en buenas condiciones. Esa madrugada estaba completamente cerrado el cielo con la amenaza de que lloviera. En ese momento me despedía de mi esposa e hijos que habían hecho el sacrificio de acompañarme a tan altas horas de la noche y más aún, que parte del sector se veía completamente en tinieblas, salvo en el interior de la central donde había algunas lámparas a base de cebo de bovino que nos ayudaban a poder vernos las caras. 

Los relámpagos se observaban en el firmamento y las gotas de lluvia se dejaban caer al momento en que abordábamos la diligencia. Me persignaba y mi esposa e hijo me lanzaban miles de bendiciones para que mi viaje fuera seguro y exitoso”. De esta manera concluía don Filemón Pérez con su reflexión con respecto a su largo, pero largo viaje… Esta crónica continuará. 

Las famosas diligencias, medio de transporte en el estado de Chihuahua, forma parte de los archivos perdidos de las  Crónicas de mis Recuerdos. Si usted desea adquirir la colección de Archivos Perdidos de las Crónicas Urbanas de Chihuahua: tomos I, II, III, IV, V, VI, VII, VIII y IX, llame al cel. 614 148 85 03 y con gusto lo orientamos o bien, adquiéralos en Librería Kosmos (Josué Neri Santos No. 111); La Luz del Día (Blas Cano De Los Ríos 401, San Felipe) y Bodega de Libros.

Fuentes:

Fotos: Fototeca INAH-Chihuahua

Francisco R. Almada Guía Histórica de la Ciudad de Chihuahua, 1986.

José María Ponce de León, Revista Chihuahuense, 1909.