Opinion

‘Las garrapatas tienen la culpa’

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Iván González Ibarra

jueves, 29 julio 2021 | 05:00

Ciudad Juárez.- Atribulado yo en mis adentros porque una amiga me dijo que no era yo periodista, aunque hubiese estudiado un posgrado en dicha área, recordé la tarde en que otro buen amigo me dijo que no era yo historiador aunque contase con un título y una cédula profesional para ejercer como tal.

Así es que puesto en mi lógica les respondí con una analogía: un médico que no consulta, pero que cuenta con un título universitario y una cédula que avala su ejercicio profesional, es decir, documentos que comprueban que cumplió con sus materias, su servicio social y con sus consabidas prácticas profesionales ¿deja de ser médico por no estar consultando? Ser historiador es una profesión que se aprende y un oficio que se ejerce como cualquier otro.

Puesto en materia y con la tribulación porque mucha gente, incluido mi propio padre, ignoran ¿qué hacemos los historiadores? Me di a la tarea de purgar esos malos pensamientos buscando y revisando el texto más antiguo que tengo en mi escasa, pero muy valorada biblioteca: “Eslabonazos por Proteo” edición de 1910, regalada por el mismísimo Ing. Abelardo Escobar cuando era yo un joven e ingenuo estudiante de Historia. Ya no soy tan joven, pero aún soy ingenuo —y es que a pesar de portar cubrebocas y guantes para revisar el texto— mientras escribo estas líneas sufro de una grave comezón en mis brazos provocada por los polvos que soltó tan antiguo ejemplar.

“Eslabonazos por Proteo” es la recopilación de una serie de columnas escritas de manera mensual en la revista “El Agricultor Mexicano”, publicación editada e impresa en Ciudad Juárez desde septiembre de 1896 y hasta mediados de 1945, un año antes de la muerte de su fundador y editor principal, el célebre Ing. Rómulo Escobar Zerman.

Rómulo, un joven juarense de tan solo 23 años decidió emprender —a finales del siglo antepasado— una publicación dirigida a un público particular: las familias de agricultores mexicanos. “El Agricultor Mexicano” sería el precedente de un modesto, pero determinado proyecto que emprendería en 1906 de la mano de su hermano menor Numa: la fundación de la Escuela Particular de Agricultura de Ciudad Juárez. Testigo enmudecida de estos hechos es la vieja edificación que hoy se encuentra en ruinas en los terrenos del fraccionamiento La Playa en esta misma ciudad.

En “Eslabonazos” el Ing. Rómulo Escobar Zerman hace uso de la sátira y otros recursos literarios, para imprimir su punto de vista sobre los hechos ocurridos en su entorno local, nacional e internacional. Los relatos causan la risa involuntaria y por lo regular terminan con una lección o moraleja que nos llama a la reflexión. La vigencia de sus señalamientos es palpable y bien pueden utilizarse para explicar nuestra realidad actual, y de paso evidenciar cómo es que ciertas cuestiones en la historia parecen perpetuarse o por lo menos moverse de manera muy lenta.

En “Las garrapatas tienen la culpa”, Escobar Zerman analiza el hecho de que se acuse a las reses mexicanas de provocar la llamada “Fiebre de Texas”, que para 1895 obligó el establecimiento de un cerco sanitario entre ambos países, prohibiendo la exportación de reses mexicanas hacia ese país. Rómulo señala la forma unilateral y pendenciera con la que los norteamericanos utilizan la ciencia para bloquear el tránsito a los productos mexicanos. “¡Estas malditas ciencias van a acabar por volvernos locos!... y lo malo es que como nosotros, los mexicanos, no tenemos mucha ciencia, no podemos hacer descubrimientos para colgarle al vecino el milagro o aunque fuera para quitarnos los que nos cuelgan… apareció por ahí un señor Picudo, y los señores entomonlogistas de Yankía le dieron carta de naturalización Mexicana”.

Durante más de un siglo el gobierno norteamericano le ha cerrado el paso a los productos mexicanos bajo la excusa de la propagación de plagas y otros riesgos sanitarios. Todos sabemos que en el fondo se esconden cuestiones raciales, pero sobre todo económicas y de protección de mercado. Lo mismo ocurre hoy en día con el cierre de la frontera solo para nosotros. Si las razones del cierre fuesen verdaderamente sanitarias, la frontera de las californias ya hubiese abierto desde hace algunas semanas. Nada menos el estado de Baja California Norte tiene el 100% de su población vacunada contra la Covid-19, mientras que el vecino estado de California cuenta apenas con el 52% de su población vacunada.

La frontera no está cerrada solo para los mexicanos por cuestiones sanitarias, sino más bien raciales, económicas y de protección del mercado laboral. Temen nuestros vecinos que ante la crisis económica, nos vayamos a vivir y a trabajar allá, les da pavor que seamos una carga más para su sistema de “Welfare State”. Ah, eso hacemos los historiadores: analizamos el pasado para explicar y comprender nuestro presente. Gracias por leerme.